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Cientos de inmigrantes sufren depresión y ansiedad debido al desarraigo

La situación económica, social y emocional en la que viven favorece la aparición de enfermedades severas

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 23 abril de 2002
Los inmigrantes rara vez acuden al medico por voluntad propia o conscientes de que sufren la denominada patología del emigrante o trasplante. "Sus compañeros de piso o sus compatriotas se dan cuenta de que ha cambiado su conducta. Están tristes, lloran o incluso son más agresivos, aunque estos casos son escasos. Pero generalmente se deciden a ir al médico porque se sienten mal físicamente. Somatizan su problema, lo que les provoca dolores. Entonces, los médicos de familia los derivan a nosotros", explica Luis López, psiquiatra y coordinador del centro de salud mental Infante de Cartagena. La depresión y la ansiedad devoran a cientos de extranjeros, de todas las nacionalidades, que pasan por las consultas de psiquiatría de los hospitales de Murcia, una de las regiones de España que recibe más inmigración. La situación económica, social y emocional en la que se ven envueltos es un caldo de cultivo para padecer patologías severas.

Los síntomas físicos de estos pacientes, tal y como apuntan Luis López y María Eulalia Ruiz, jefa del servicio de Psiquiatría del hospital Morales Meseguer, pueden ser vómitos, alteraciones gastrointestinales, insomnio, menorrea, hipertensión, dolores musculares, úlceras... La doctora Ruiz, que también es profesora titular de Psiquiatría en la Universidad de Murcia, detalla que "al hospital llegan los casos más avanzados y los inmigrantes sin papeles que van a urgencias para que los atiendan".

"Dentro del trasplante, existen dos trastornos: los cuadros depresivos por desarraigo, que son los más habituales, y los cuadros delirantes. Es cuando sufren delirios de persecución, de referencia -sienten que los señalan- o de culpabilidad".

La enfermedad afecta de igual manera a inmigrantes que llegan solos como a miembros de una familia extranjera. Y es que los desencadenantes son los mismos: están desorientados, no se comunican con la población autóctona, se aferran a su cultura y sólo se relacionan con otros inmigrantes de su misma nacionalidad por miedo al rechazo social. El desarraigo se agrava cuando el trabajo no es lo que soñaban antes de emigrar, les cuesta encontrar vivienda o malviven en condiciones infrahumanas, sin posibilidad de llevar el ritmo de vida de un ciudadano medio. Los problemas mentales pueden convertirse en patologías severas, según la psiquiatra Ruiz, si el regreso a sus países de origen es imposible.

Un síntoma del desarraigo de los extranjeros es que el bagaje cultural de cualquier ciudadano es un misterio para ellos. "Sienten muchas curiosidad por las cosas tradicionales", recuerda Susana Hernández, trabajadora social en la asociación de inmigrantes Atime en Murcia. "Durante la Semana Santa muchos magrebíes venían hasta aquí a preguntarme qué son las procesiones, los tronos y por qué se hacen. Tampoco entienden las romerías ni quién es la Virgen. Preguntan con mucho interés porque quieren conocerlo para saber más sobre la sociedad murciana".

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