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Comedores sociales

Su buen funcionamiento depende del voluntariado

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 14 enero de 2003

Voluntad y ganas de trabajar. Estos son los únicos requisitos que las diversas asociaciones y organizaciones sociales exigen para formar parte de su equipo de voluntarios. En España el número de necesitados sigue creciendo, por esta razón desde las asociaciones benéficas y diversos organismos sociales, se trabaja duro para habilitar los llamados comedores sociales. A ellos acuden personas con pocos recursos para comer caliente al mediodía o a la noche. Gracias a los cientos de voluntarios que trabajan desinteresadamente, en la actualidad, muchos de estos centros proporcionan una asistencia más global. Las comidas se complementan con servicios de lavandería, aseos y duchas, apoyo, seguimiento y reinserción. Una labor imposible de llevar a cabo sin el esfuerzo del voluntariado.

Diversidad de centros y usuarios

La mayor parte de estos centros son subvencionados por instituciones públicas, aunque también dependen de colectas parroquiales, campañas de recogida de alimentos, donativos y el apoyo de fundaciones.

Según la Ley de Régimen Local, los ayuntamientos de municipios de más 20.000 habitantes deberían hacerse cargo de los transeúntes, pero esto no siempre se cumple. Aquí entra en juego la sociedad civil, siempre más ágil que las instituciones.

Los centros de día dependientes de Cáritas suelen ubicarse sólo en las capitales de provincia, que es donde además se sitúan las bolsas de pobreza más significativas. Para beneficiarse de los servicios ofrecidos suele ser indispensable formar parte de programas integrales de atención. Es necesario realizar entrevistas previas con trabajadores sociales que valoran la situación de los demandantes, sus recursos y necesidades. Hacen un seguimiento básico de su situación y sus posibilidades de salir de la marginalidad y de “reengancharse al carro”.

También acuden a estos comedores-centros integrales toxicómanos en fase de rehabilitación, que aunque reciben la Renta Básica, unos 430 euros mensuales, no suelen trabajar ni estar en circunstancias de hacerlo. También jubilados que han visto reducida su paga de manera drástica suelen acudir a estos centros a comer , principalmente. Otros habituales son los inmigrantes, que se encuentran con trabas legales dificultando su inserción laboral. De ahí la heterogeneidad de estos centros, en los que coinciden extranjeros y gente de paso, mendigos y drogadictos con un objetivo común: intentar salir adelante en un entorno que en numerosas ocasiones les margina.

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