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Deuda externa

España es acreedora de 10.169 millones de euros, una deuda contraída con 80 países de todo el mundo

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Los países de América Latina y del África subsahariana destacan como los de mayor deuda externa contraída. Muchos de ellos deben importantes cantidades a los poderosos países del Norte, que les prestaron dinero durante la década de los 70 y, cuando en los 80 vivieron una recesión económica, les subieron considerablemente los intereses de devolución de esos créditos. Nuestro país cuenta con 80 países deudores que aún tienen pendiente la devolución de unos 10.169 millones de euros. El pasado año, el Consejo de Ministros aprobó la condonación de la deuda derivada de los Fondos de Ayuda al Desarrollo (FAD) a los Países Pobres Altamente Endeudados y en junio de este año aprobó una proposición de ley reguladora de la gestión de la deuda externa. Una norma que contempla importantes avances pero que no recoge la condonación total de la deuda pese a que, según las ONG, es más una cuestión de voluntad política que económica.

Claves para entender la deuda externa

La deuda externa es la obligación de pago que un país tiene con otro o con organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), como consecuencia de la firma de un contrato de préstamo entre ellos. De hecho, ésta es una de las principales formas de financiar las mejoras de las infraestructuras o la puesta en marcha de proyectos en algunos países. Su origen se sitúa en los años 70, cuando en plena guerra fría Europa superó la crisis de la Segunda Guerra Mundial y los estados del Norte financiaron el desarrollo de los países del Sur. Tanto los gobiernos como los bancos del Norte tenían gran cantidad de dinero que no podían invertir en sus países para no desestabilizar sus economías y prestaron ese dinero a los países del Sur, que lo emplearon con fines productivos o para financiar el mantenimiento de gobiernos, aliados de los países ricos. Sin embargo, en la década de los años 80 los países del Norte entraron en un proceso de recesión económica, subieron las tasas de interés de aquellos préstamos e invirtieron en sus propias economías. Como consecuencia, se recortó la cantidad dedicada a la financiación del desarrollo de los países empobrecidos, cuya situación se agravó, ya que bajaron los precios de las exportaciones de sus materias primas, de donde obtenían las divisas para pagar la deuda.

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Según recoge el Documento base de la campaña ‘Sin duda, sin deuda’, puesta en marcha el pasado mes de octubre por Cáritas, CONFER, Manos Unidas, Justicia y Paz, y REDES, “en Agosto de 1982 la situación se hizo insostenible. México anunció que no podía hacer frente al pago de la deuda que había ido generando en la forma y en el plazo establecido en los contratos de préstamo. Al anuncio de México le siguieron los de otros países deudores, que anunciaron también moratorias en sus pagos. Comenzó así la última crisis de la deuda para acreedores y deudores”. Los países acreedores se unieron entonces y plantearon de forma multilateral renegociaciones de deuda, mientras que los deudores negociaron unilateralmente, “quedando a expensas de lo decidido por los países del Norte”. Estos últimos exigieron la aplicación de Planes de Ajuste Estructural (PAE), que se tradujeron en devaluación de las monedas, liberalización del comercio exterior y privatización de empresas estatales, entre otras medidas, lo que supuso un empeoramiento de las condiciones de vida de la población más pobre.

En los años 90, la crisis se consideró superada en los países acreedores, mientras que en los más pobres, los del Sur, se mantuvo la situación de crisis. Incluso llegaron a contraer nuevas deudas al pedir nuevos préstamos con los que hacer frente a los ya contraídos. En el año 2000, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estimó que los gobiernos de África subsahariana transferían a sus acreedores del Norte cuatro veces más de lo que gastaban en salud de la población y UNICEF cifró en 500.000 los niños muertos al año por carencia de servicios básicos de salud relacionados con el pago de la deuda externa. Unas cifras que hoy en día han variado poco o nada a pesar de que ese mismo año los 189 estados que forman parte de la Asamblea de las Naciones Unidas asumieron los Objetivos del Milenio: un compromiso para que en el año 2015 se cumplan en todos los países unas metas mínimas de educación, salud, equidad de la mujer, sostenibilidad ambiental y asociación mundial para el desarrollo.

Cinco años después de ese compromiso, tras la revisión de los Objetivos del Milenio, “más de 70 países empobrecidos y de renta media continúan sin poder invertir lo preciso en las necesidades básicas de su población,“Más de 70 países empobrecidos y de renta media continúan sin poder invertir lo preciso en las necesidades básicas de su población” porque se ven obligados a destinar entre el 15% y el 40% de su presupuesto anual a pagar la deuda externa. Ésta sigue creciendo y su pago constituye un grave obstáculo que impide alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio”, recuerda el documento de la campaña. Su coordinadora, Mercedes Barbeito, explica que el principal objetivo de esta iniciativa es sensibilizar a la sociedad para que actúe en la solución del problema y subraya que si no se condona la deuda a los países del África subsahariana, “ninguno de ellos podrá conseguir los Objetivos del Milenio”. “Tampoco con la condonación lo lograrían, pero al menos lo tendrían más fácil”, añade.

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