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Lengua de signos

Se espera que antes de finales de año entre en vigor la Ley que regula la comunicación entre personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas

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En España hay casi un millón de personas con algún tipo de discapacidad auditiva. De ellas, entre un 8% y un 10% considera a la Lengua de Signos su lengua materna. Sin embargo, hasta que no se apruebe la Ley que la regula, no se considerará un idioma. El Congreso de los Diputados acaba de dar luz verde al Proyecto de Ley que reconoce las lenguas de signos, por lo que se espera que la norma entre en vigor antes de que acabe el año. Las asociaciones de personas afectadas y familiares han acogido esta Ley con los brazos abiertos, aunque todas ellas coinciden en que llega demasiado tarde. Han pasado 30 años desde que se escucharon las primeras reivindicaciones.

Personas sordociegas

En el Proyecto de Ley aprobado también se hace mención a las personas sordociegas, a las que se reconoce una “situación de especial dificultad”. Las personas afectadas por esta discapacidad presentan dos deficiencias sensoriales: visual y auditiva. Una situación muy complicada en la que la información, la comunicación y la movilidad resultan más difíciles aún si cabe. Se estima que en España hay alrededor de 6.000 personas sordociegas, según cálculos de la Asociación de Sordociegos de España (ASOCIDE), aunque la cifra podría ser mucho mayor. Para el presidente de la Asociación, Daniel Álvarez Reyes, hasta antes de la Ley estas personas han pasado desapercibidas para muchos ciudadanos y ciudadanas, “y todavía los habrá”, pero cree que ha sido muy importante que se contara con ellos para elaborar la norma y que les escucharan. “Con esta Ley vamos a dejar de ser, poco a poco, invisibles”, confía.

El 29 de noviembre de 2005 el Congreso de los Diputados aprobó una proposición no de Ley que reconoce la sordoceguera como una discapacidad única, que crea dificultades específicas, por lo que para Álvarez Reyes está muy claro que, sin ambos logros, seguirían siendo “los eternos desconocidos”. Con la nueva norma, se les reconocerán servicios especializados, métodos especiales de comunicación y personal debidamente formado. Además, se insta al Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales a realizar un estudio en el que se determine el número de personas con sordo ceguera, sus condiciones de vida y su ubicación geográfica, con el fin de determinar la creación de centros de referencia y recursos “más acordes” con sus necesidades.

“Con la nueva norma, se les reconocerán servicios especializados, métodos especiales de comunicación y personal debidamente formado”

Que se reconozca la situación de especial dificultad del colectivo de personas sordociegas refleja la necesidad específica de esta discapacidad. Si una persona ciega ya se enfrenta a multitud de dificultades, es difícil imaginar las que tiene que afrontar alguien que, además, no oye. “Una persona ciega puede recurrir al sentido de la audición para superar muchos problemas y una persona sorda aprende a usar la visión. Ahora bien, yo soy totalmente sordo y totalmente ciego ¿qué hago, cómo me comunico cuando voy por la calle, cómo puedo saber qué está pasando más allá del alcance de mis manos, de mi sentido del tacto?”, se pregunta.

Todas estas cuestiones hacen que la valoración del texto sea muy positiva, aunque, afirma Álvarez Reyes, “no hemos conseguido que incluyeran algunas enmiendas que presentamos en comparecencia ante la comisión correspondiente en el Congreso de los Diputados”. Por lo menos, aseguran que se ha conseguido una definición “más clara y general” de qué es la sordoceguera y la denominación del guía intérprete, “que es fundamental para conseguir nuestra independencia y superar las barreras de comunicación con los demás ciudadanos”. A pesar de todo, recalca que esta ley tendría que haber salido hace muchos años, porque la comunidad sorda lleva “mucho tiempo” luchando por este reconocimiento. “Para nosotros es muy oportuna, pero también es demasiado tardía”, reitera, justo antes de recordar que “ha habido personas sordociegas que durante años han vivido una vida que ni yo mismo sería capaz de imaginar en la amplitud de su sufrimiento, de su inutilidad, de su desolación… Sólo muy pocos, poquísimos, han logrado llevar una vida aceptablemente significativa, con motivación, por ser inteligentes, fuertes y decididos a seguir adelante, aunque fuera solos”.

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