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Lucha solidaria contra el sida

Las ONG reclaman un mayor esfuerzo económico para atender a los 39,5 millones de personas afectadas y dar, por fin, con la vacuna que acabe con la enfermedad

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  • Fecha de publicación: viernes 1 diciembre de 2006
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El 1 de diciembre se celebra el Día Mundial de la Lucha contra el Sida. Una fecha para recordar a los casi 39,5 millones de personas en todo el mundo que están infectadas con el virus del VIH. En España se estima que hay entre 120.000 y 150.000 personas seropositivas, aunque la cuarta parte de ellas aún no lo sabe, según advierte la Fundación Antisida. Para todas, el apoyo es básico en un intento de superar, no sólo el problema de salud, sino la discriminación social y laboral a la que se ven sometidas. Las ONG realizan en este campo una importante labor, aunque corean una reivindicación unánime: es necesario un mayor esfuerzo económico para lograr que los medicamentos lleguen a todos y dar, por fin, con la vacuna que ponga fin a esta enfermedad.

Apoyo solidario

La red de asociaciones y ONG que atiende a personas seropositivas es muy extensa. Desde Cruz Roja Española, su portavoz, Miguel Ángel Rodríguez, explica que el objetivo es “combatir el estigma y la marginación” a la que se ven sometidas las personas infectadas y fomentar la prevención. “La prevención pasa mucho por la información y la sensibilización, que debe llegar a las comunidades más expuestas y afectadas”, detalla. Por su parte, la responsable del programa nacional de VIH de Cruz Roja Española, Almudena Echevarría, señala que los programas de prevención están dirigidos a la población en general, como el teléfono gratuito de información sobre el sida (900 111 000), una iniciativa de ámbito nacional que desde diciembre de 2005 ha recibido cerca de 19.000 llamadas. Además, esta entidad también realiza programas de prevención dirigidos a la juventud, a la que se enseña pautas sobre ‘sexo saludable’ y talleres sobre ‘Consumo de menor riesgo’ y ‘Sexo más seguro’, orientados hacia las personas drogodependientes y las mujeres que se prostituyen, respectivamente. “Otro de los grupos que preocupa cada vez más es el de las personas inmigrantes, a las que se ofrece un programa de prevención para solventar cualquier problema o duda que puedan tener. Se les ayuda, de esta manera, a superar la dificultad de acceso a todo tipo de recursos, porque llega a una sociedad que no conoce y no sabe dónde acudir en el caso de tener que hacer una consulta. Esto no significa que las personas inmigrantes traigan la enfermedad, sino que las campañas y la asistencia se adaptan a sus condiciones culturales, a su idioma, etc.”, aclara.

Desde la Asociación Actua, de ayuda a personas que viven con el VIH/sida, su responsable, Javier Tamayo, destaca los servicios de asistencia y apoyo psicosocial como otros de los más importantes, “puesto que el apoyo es un elemento básico”. Según explica, “además del problema de salud que implica el sida hay una problemática social que hace que la persona se sienta sola,“Además del problema de salud que implica el sida hay una problemática social que hace que la persona se sienta sola” por lo que es muy importante disminuir esa sensación de aislamiento y ayudar a la persona a que puede afrontar las problemáticas que le surjan y a tomar el control de su vida”. Las labores principales se centran en información, apoyo y asesoramiento, para que los afectados se sientan más fuertes y consigan ‘recomponer’ su proyecto de vida, “que suele romperse o venirse a bajo cuando conocen que son seropositivos”. “Afortunadamente, la infección por VIH en estos momentos no es igual que hace diez años, donde casi era una condena a muerte, pero es cierto que quien se infecta va a tener unas dificultades con las que bregar y va a tener que fortalecerse para que pueda seguir o readaptar ese proyecto de vida a su realidad y a la de su entorno”, expone Tamayo.

En estas tareas de apoyo psicosocial, se incluyen las casas de acogida para personas infectadas de VIH o que han desarrollado la enfermedad, en las que se reserva un número determinado de plazas para reclusos que carecen de familiares u otras personas que se hagan cargo de ellos. Asimismo, se realizan programas de acompañamiento, tanto en las visitas al médico como en el tiempo de ocio, y se da apoyo a las familias para que no se sienta solas. “Un servicio más de gran ayuda es el de atención telefónica, porque permite atender a personas de cualquier parte de España que no quieren o no pueden desplazarse y necesitan una intervención urgente y ajena”, indica el responsable de Actua (93 418 50 00). La principal característica de todos estos servicios es el anonimato de quienes recurren a ellos, que no tienen por qué dar su nombre y apellidos, en un intento de garantizar su privacidad y no quedar señalados por el resto de ciudadanos. “Hay algunos aspectos como los de salud que han mejorado mucho, pero esto no es suficiente porque hay otros, como la discriminación social y laboral, que ni de lejos se están atendiendo”,“Algunos aspectos como los de salud han mejorado mucho, pero esto no es suficiente porque hay otros, como la discriminación social y laboral, que no se están atendiendo” denuncia.

“El sida es una enfermedad que tiene una parte muy social, no sólo una parte médica”, continúa la coordinadora general de la asociación Apoyo Positivo, Libertad Martínez, quien lamenta que “se sigan produciendo infecciones, sobre todo, desde el punto de vista sexual”. A su entender, tradicionalmente se ha relacionado al colectivo homosexual con esta enfermedad y eso ha provocado que el resto se haya relajado y tenga prácticas de riesgo, una situación que ha derivado en que los casos nuevos de transmisión se produzcan, en mayor medida, entre mujeres heterosexuales de 20 a 30 años. “Tenemos estereotipos creados que luego no se ajustan a la realidad, con lo que la enfermedad hoy sigue descontrolada”, reflexiona. En esta línea, uno de los responsables de la Campaña para el Acceso a Medicamentos Esenciales (CAME) de Médicos Sin Fronteras (MSF), Javier Sancho, recuerda que el tratamiento es un elemento “crucial” para superar esta situación, pese a que en los países desarrollados el sida es una enfermedad que no necesariamente implica la muerte, porque una persona puede tener acceso al tratamiento. “Desgraciadamente -prosigue-, en los países en desarrollo el tratamiento antirretroviral sigue siendo un lujo y sólo lo están recibiendo un millón de personas, de los seis millones en todo el mundo que lo necesitan”.

En este sentido, todos los grupos de apoyo reclaman un incremento de las ayudas económicas y subvenciones, aunque aseguran que “nunca es suficiente”. “Siempre podemos hacer más y siempre podemos atender a mucha más gente. Hay muchas carencias que están por cubrir y que no se pueden hacer por falta de presupuesto. Por otro lado, tenemos la constancia de que a medida que progresa la infección y que el sistema inmunitario va decreciendo, también va disminuyendo la capacidad adquisitiva de la persona afectada. Es muy probable que, en un momento dado, esa persona tenga que dejar su trabajo porque ha tenido una baja muy importante de salud y la pensión que recibe es de unos 300 euros, una cantidad que no permite pagar un alquiler, alimentarse y mantener las necesidades básicas imprescindibles”, advierte Tamayo.

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