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Robots buenos

Lejos de resultar amenazantes para la existencia humana, los robots realizan numerosas tareas importantes en los más variados campos

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 5 abril de 2006
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Los ludditas (movimiento del siglo XIX de oposición a toda clase de tecnología) perdieron la guerra contra los robots, pero la suspicacia hacia ellos sobrevivió entre muchos occidentales. La máquina no come, no duerme, no protesta, no cobra. No experimenta sentimientos de culpa, ni para bien ni para mal. En el mundo occidental, tanta infalibilidad despierta sospecha. En Asia, sin embargo, a las personas les gustan más las máquinas que la gente. Porque cuidan de los enfermos, acompañan a los ancianos, recogen la basura, cuidan de la casa y hasta indican a los turistas perdidos el camino de vuelta al hotel sin equivocarse ni perder la paciencia. Los robots no tienen por qué ser malos.

Enfermeras cibernéticas

En otro hospital de Inglaterra, el St. Mary’s de Londres, combinan al doctor Da Vinci con una enfermera excepcional; la hermana María. María no es tan intuitiva como sus colegas de carne y hueso, pero lo compensa con paciencia, energía y muy buena memoria. Se acuerda de todos los detalles relativos a cada paciente y se asegura de que todos toman sus medicinas a la hora, asisten a los programas de reconocimiento que les toca y se ocupa de otras muchas pequeñas y grandes cosas imprescindibles.

La presencia de este robot en el hospital subsana errores humanos y permite al equipo de enfermeras convencionales pasar más tiempo con cada paciente. En el asilo de Longwood, Palo Alto (California), han ‘contratado’ a Perla, que además bromea con los pacientes y hasta flirtea con ellos cuando la ocasión lo permite.

Perla es una de las primeras robots occidentales dedicadas al cuidado de ancianos. Es hija del ‘proyecto enfermera’, un programa del fabricante de procesadores Intel en colaboración con las Universidades de Michigan, Pittsburgh, Carnegie Mellon y Stanford.

Primo Puel y Paro, robots de compañía

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En Japón, donde la natalidad se ha estancado y un tercio de la población tendrá más de 65 años en 2050, la enfermera robot es un hecho consumado desde hace años. Pero los japoneses aspiran a más: quieren asegurarse de que sus mayores contarán con la mejor compañía, incluso para los delicados asuntos del corazón. Para eso se crearon a Primo Puel y a Paro, la foca bebé.

Ambos cuentan con un sistema que vigila el estado de salud de su dueño y aprende sus patrones de conducta para dar la alarma rápidamente si detectan un comportamiento extraño, pero no son médicos, son robots de compañía.

Popularmente se dice que, si se quiere mejorar y alargar la vida de una persona, lo mejor es regalarle un gato. Las mascotas son excepcionalmente efectivas a la hora de prevenir enfermedades y ahuyentar la depresión por el simple hecho de proporcionar cariño y atenciones a las personas que viven solas. Primo Puel y Paro no son gatos, pero tampoco producen alergia ni necesitan más atenciones que una recarga de baterías de vez en cuando.


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Reconocen y agradecen las caricias, gracias a un conjunto de sensores colocados a lo largo de su pelo, y desarrollan su propia personalidad de acuerdo con las necesidades de su nuevo dueño. Hay siete millones de unidades de Primo Puel en las casas japonesas y un número similar se han adquirido en el mercado coreano en los últimos años. Por su parte, el último modelo de Paro puede reconocer hasta siete idiomas.

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