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Acceder a Internet mediante las bombillas

Tres universidades estadounidenses investigan la transmisión de datos a través de lámparas LED

La
idea de conseguir que la luz visible transmita datos es antigua y ya
se aplica en los fluorescentes. Ahora la Universidad de Boston, el
Instituto Politécnico Rensselaer y la Universidad de Nuevo
Mexico confían en hacerla realidad con los diodos LED,
que resultan más eficientes tanto en consumo como en capacidad
de transmisión. Así, pretenden convertir cada lámpara
en un punto de acceso a Internet, una aplicación que podría
tener usos interesantes en aulas de colegios y universidades, e
incluso, en la circulación de automóviles.

Las formas de acceso a Internet son diversas. Se puede conectar a través de cables o de forma inalámbrica por las ondas que provienen de antenas WiFi, WiMax o por satélite. Sin embargo, el campo de la transmisión de datos a través de la luz era un territorio bastante inexplorado.

En una investigación conjunta de la Universidad de Boston, el Instituto Politécnico Rensselaer y la Universidad de Nuevo Mexico, se ha logrado que las luces LED parpadeen para transmitir los datos, aunque de manera imperceptible para el ojo humano y sin que afecte a la iluminación de la estancia. De hecho, sus autores esperan que se pueda comercializar su tecnología en un plazo de cinco años.

Cada luz tendría garantizada la misma velocidad de acceso sin tener que repartir el ancho de banda total, como sucede con las conexiones inalámbricas tradicionales

Con los resultados obtenidos actualmente, cada luz podría ofrecer una velocidad de acceso de entre uno y 10 Megabits por segundo, unas prestaciones bastante inferiores a las que se consiguen por el cable (un mínimo de 100 Megabits por segundo) o vía wifi (hasta 54 Megabits por segundo en la especificación más extendida). De todos modos, el desarrollo del proyecto está en fase inicial.

A pesar de que la velocidad sea más reducida, puede ser una mejor opción cuando se trata de redes de más de cinco ordenadores o dispositivos. La principal razón se encuentra en que cada luz tendría garantizada la misma velocidad de acceso sin tener que repartir el ancho de banda total, como sucede con las conexiones inalámbricas tradicionales, donde una persona puede saturar una red si comienza a usar programas de intercambio de archivos o realiza descargas a gran velocidad.

Más seguridad y ahorro energético

Por otro lado, los promotores de esta idea aseguran que se trata de un método de conexión más seguro que el acceso mediante redes wifi. Argumentan que la zona de cobertura se reduce al área iluminada por la luz, que además no atraviesa las paredes como sucede en el caso de las señales de radio. Por eso, resulta mucho más difícil que alguien intente acceder sin consentimiento, al estilo de lo que ocurre con el sistema wifi, que alcanza con facilidad los 100 metros de cobertura a la redonda.

Por ofrecer menor cobertura, este sistema conseguiría un consumo de energía más reducido, una ventaja que se debe considerar en una época en que el ahorro energético es clave. Ahora bien, esta forma de transmisión de datos obliga a mantener la luz encendida, y esto puede ser un derroche durante las horas diurnas y contribuir a gastar la energía que se pretende ahorrar.

Uno de sus posibles usos sería aplicar la conexión en las pequeñas luces que iluminan los asientos de los aviones, de manera que cada persona tuviera su ancho de banda garantizado

De esta manera, los usos más adecuados se producirán en aquellos lugares donde la luz permanezca encendida de forma constante. Los promotores de esta idea imaginan un futuro en el que con sólo encender la luz de una habitación, cada uno de los aparatos electrónicos (el ordenador, el reproductor de MP3, la televisión, el grabador de vídeo, etc.) tengan automáticamente cobertura de acceso a Internet. Otra de las ideas que estudian consiste en aplicar la conexión en las pequeñas luces que iluminan los asientos de los aviones, de manera que cada persona tuviera su ancho de banda garantizado.

Por otra parte, también contemplan posibles aplicaciones en el campo de los automóviles, segmento en que han comenzado a implantarse como forma de iluminación los diodos LED por su gran duración y su menor consumo energético. Así, una de las ideas que manejan consiste en que los coches puedan detectar el momento del frenado del coche que circule delante y su intensidad, gracias a las luces LED rojas de la parte trasera, de forma que se pueda avisar al conductor del coche de atrás por si se despista.

Con luces fluorescentes

Además de este proyecto, existe una empresa denominada Talking Lights que desde 2001 también trabaja bajo las mismas premisas pero en el campo de la luz. Uno de sus usos principales consiste en complementar la localización por GPS, que no funciona en el interior de los edificios. Así, con este sistema se puede usar el plano del edificio para determinar la posición de las luces por habitación y planta y, por lo tanto, localizar a la persona. Su sistema se compone de tres piezas: un emisor, un receptor y el software que permite transformar la luz en datos. La desventaja de este tipo de iluminación radica en que no puede transportar gran cantidad de información.

Internet por las farolas

La
Universidad Politécnica de Catalunya lidera
un equipo de investigación
que plantea utilizar las
farolas y los semáforos de las ciudades como amplificadores de
emisiones de datos de Internet, concretamente por medio de la
tecnología WiMAX
o de LTE,
la cuarta generación de transmisión de datos vía
teléfonos móviles.

Sin
embargo, este trabajo no hace uso de la luz de estos aparatos, sino
que los utiliza exclusivamente en su función de postes altos
que sirven para instalar repetidores que propaguen las señales.
Intentan diseñar repetidores pequeños y baratos que
abaraten el despliegue de las redes de datos, con velocidades entre
los 100 Megabits por segundo y un Gigabyte por segundo.

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