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‘Hoax’, bulos en Internet

Lo último que se debe hacer con un aviso de virus es reenviarlo sin investigar

Las bromas electrónicas no siempre hacen gracia y se deben tomar muy en serio. La creciente amenaza de los virus ha contribuido a la expansión de su variante fraudulenta: falsos avisos que sólo generan pérdida de tiempo, congestión de las comunicaciones y, en ocasiones, perjuicios al ordenador. Tanto las alertas de terribles virus como las cadenas de solidaridad o fortuna conviene “cogerlas con pinzas”, pues son una patraña en la inmensa mayoría de las ocasiones. Lo último que se debe hacer con un aviso de virus que se recibe por
correo electrónico es reenviarlo sin investigar.

Mentiras inocentes y no tanto

Un correo electrónico no deseado supone de por sí una pérdida de tiempo. Pero los hoax pueden ir un paso más allá y a través del engaño llegar a perjudicar seriamente al receptor.

El hoax por excelencia es el mensaje que advierte de los peligros de un virus informático. Puede simplemente crear una falsa alarma que se extiende sin freno entre la lista de contactos de los receptores e incluso recomendar acciones preventivas que ocasionen daños sobre la computadora.

Los virus son una amenaza real que padecen los usuarios de ordenadores, en especial aquellos que utilizan con frecuencia el correo electrónico. Ahí es donde los bromistas encuentran su caldo de cultivo: las alertas de nuevos virus son una práctica diaria, por lo que el usuario se siente incapaz de discernir entre los avisos reales de los bulos.

Los creadores de hoax utilizan mensajes que emulan las alarmas reales, recurriendo a un lenguaje difícil de comprender y citando alguna fuente conocida, por lo general fabricantes de antivirus para hacer el texto más creíble. El usuario debe sospechar del tono alarmista, que a veces llega a extremos. Este es un ejemplo: “el virus borrará para siempre todo su disco duro” o “fundirá su monitor”.

La variante más perniciosa de los falsos virus es aquella que además de advertir del peligro, recomienda al usuario tomar medidas de las que luego se arrepentirá. Lo normal es convencer al usuario incauto de que un archivo alojado en su equipo es un parásito y debe eliminarlo. Eligen un archivo presente de manera habitual en el sistema y apremian a borrarlo, por lo que el destrozo que pueden ocasionar es mayúsculo si el archivo elegido es imprescindible para el funcionamiento de la computadora.

Además de los hoax que alertan sobre amenazas virales, existen otros tipos de mensajes que comparten con éstos ciertas características. Estas son algunas:

  • Catastrofistas. Son bulos que advierten de los desastres inminentes, desde la posibilidad de que el teléfono móvil explote en las manos, hasta de un Apocalipsis cercano provocado por un escape radiactivo. Suelen citarse fuentes oficiales para dotarlos de credibilidad, pero es improbable enterarse de una amenaza real mediante un correo electrónico de procedencia dudosa antes que a través de las propias fuentes oficiales o mediante cualquier otro canal de comunicación.

  • Mensajes en cadena. Constituyen una auténtica perversión del correo electrónico, pues contribuyen a la extensión de informaciones falsas que crean alarma y saturan buzones, redes y servidores. Lo peor es que inutilizan el correo electrónico como medio eficaz para difundir comunicaciones de verdadero interés. Su contenido suele apelar a la conciencia del receptor -peticiones de ayuda para un enfermo terminal o para la localización de una persona desaparecida- o a su superstición -auguran toda suerte de parabienes a quien reenvíe el texto a una serie de personas-


  • Ofertas y trucos. Con el nombre de alguna compañía conocida en la cabecera, se informa de extraordinarias ofertas o de artimañas para, por ejemplo, recargar el teléfono móvil de forma gratuita. Aunque incluyan datos reales (email, página web) de alguna empresa, ésta no es la emisora, sino la víctima del engaño.


  • Leyendas urbanas
    . Alardes imaginativos, en ocasiones muy elaborados, que cuentan historias fantásticas, terroríficas o simplemente increíbles. Internet contribuye a que bulos clásicos del tipo ‘Elvis vive’ se diseminen rápidamente, y ha generado otros nuevos.

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