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Jordi Sabaté, periodista especializado en las nuevas tecnologías y novelista

El software libre se viste de largo

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 1 junio de 2006

El autor destaca la
importancia de la reciente certificación del formato
OpenDocument como estándar internacional (ISO 26300) para el
desarrollo de la economía global. También incide en la
incongruencia económica que supone el uso de software
propietario cuando existan alternativas libres de igual calidad. Jordi Sabaté es autor de la novela de ciencia ficción ‘El misterio de las trescientas holandesas’, publicada en España por Minotauro.

A base de fabricar
software, Microsoft se ha convertido en la más grande, la más
rica y la más poderosa empresa de las nuevas tecnologías,
la nueva economía y, probablemente, del mundo. Esto la
convierte en el mejor espejo de la realidad económica actual.
Por lo tanto, preguntarse si seguirá toda la vida imponiendo
su dominio absoluto en todos los apartados del software puede ser un
buen ejercicio de análisis de futuro.

“Microsoft es la última de una estirpe: la de las grandes compañías que basan su negocio en el sentido físico de la propiedad sobre algo que no es tangible”

Tanto tienes, tanto vales

Microsoft forjó
su imperio durante las pasadas décadas sobre una premisa que
probablemente cada vez será menos válida: en el mundo
cada cosa tiene su propietario. Según esta premisa, muy
arraigada en la percepción física de la realidad, los
seres humanos lo poseemos todo, desde los continentes más
grandes hasta los matojos de hierba más insignificantes. Así,
nuestro concepto de la propiedad tiene un fuerte componente espacial
que determina que todo aquello que habita el entorno que ocupamos de
forma permanente nos pertenece.

En cierto modo,
Microsoft es la última de una estirpe: la de las grandes
compañías que basan su negocio en el sentido físico
de la propiedad sobre algo que no es tangible. Microsoft representa hoy el 23% de la facturación
de las 25 empresas más grandes del mundo a base de vender
cajas con discos compactos que contienen sus creaciones, sus
programas.

Y Microsoft es el legítimo propietario de cada uno
de estos programas y cada una de sus copias, por lo que el usuario
debe pagar por utilizar cada uno de ellos, por hacerse con el derecho
de uso de cada uno de ellos. Sin embargo, el mundo está
cambiando; las nuevas tecnologías han propiciado un nuevo
escenario en el que lo que pertenece a cada individuo tiene menos
valor que lo que se comparte, se distribuye y se modifica/mejora de
forma comunitaria, o en red.

En principio, quien
desee instalar un programa de Microsoft en el escritorio de su
ordenador debe pagar por ello y, en el 90% de los casos, también
quien desee que su ordenador funcione. Aunque muchos usuarios no lo
saben, han pagado un suplemento extra en el precio del ordenador por
tener instalado, sin haberlo decidido, el sistema operativo Windows.

“En la inmensa mayoría de los casos, quien no pague a Microsoft no podrá acceder al mundo de las nuevas tecnologías”

Así que si el
mundo de las nuevas tecnologías funciona, es en gran parte
gracias a que Microsoft existe y ‘alquila’ sus programas. O dicho de
otro modo: en la inmensa mayoría de los casos, quien no pague
a Microsoft no podrá acceder al mundo de las nuevas
tecnologías.

Contra la lógica del mercado

En este escenario,
cuando una empresa quiere ganar el contrato de un cliente debe
presentar un presupuesto. Si dicho contrato incluye (como cada vez
ocurre más) tecnología informática, incluye por
necesidad software. Hasta ahora, ahí ha estado Microsoft (y
otros) para prestar sus servicios y cobrar por ellos. Y, claro, lo
que cobra Microsoft y compañía hay que incluirlo en el
presupuesto, con lo que éste se encarece… ¿Hay alguna
posibilidad de evitar los gastos del uso de software propietario?

A veces sí, y no
precisamente pirateándolo; aunque los estudios de la Bussiness
Software Alliance (BSA) digan que en nuestro país el
46% de los programas que se usan tienen procedencia ilegal
.
Basta con usar, cuando se pueda, software libre, distribuido y
mejorado en Internet; software compartido y elaborado que
periódicamente es liberado para que los usuarios lo utilicen.
Software tan bueno actualmente como el propietario y que, al ser
gratuito, abarata los proyectos y permite a las empresas ganar los
contratos.

“Los mecanismos económicos son prácticos y despiadados: contemplan al software como un medio y no como un fin”

Los mecanismos
económicos son prácticos y despiadados: contemplan al
software como una herramienta; como un medio, y no como un fin, para
llegar al pleno desarrollo en la nueva era digital. Es por ello que
los agentes económicos han decidido que no están
dispuestos a pagar más peajes a un ‘señor feudal’
(llámese Microsoft, Adobe o cualquier otro fabricante de
software propietario) si no es estrictamente necesario, y apuestan
por un campo abierto y sin barreras. En otras palabras, la ley de la
máxima rentabilidad dice que si el software libre es tan
válido y más barato que el propietario, usar este
último sería una estupidez que iría contra la
lógica del mercado.

OpenDocument, estándar internacional

Prueba de ello es que
Organización Internacional para la Estandarización [la
que certifica la calidad de las herramientas con las que la mayoría
de las empresas trabajan], concedió hace poco más de un
mes el ISO 26300 a OpenDocument, un formato ofimático
perteneciente a la ‘suite’ [paquete de programas] OpenOffice de
OpenOffice.org:
software libre 100% y alternativa más que viable a la ‘suite’
Office
de Microsoft
.

El formato .DOC del
procesador Microsfot Word, por ejemplo, no tiene ningún tipo
de certificación ISO, ni tampoco el .XLS de Microsoft Excel.
¿Qué usarán y recomendarán las empresas?
¿Algo certificado y gratuito, o algo sin estandarizar y de
pago, por mucho que tenga la garantía de Microsoft?

Si no terminan de
convencerse de que un programa que no haya sido fabricado por
Microsoft puede funcionar bien, deberían saber que esta
columna está escrita en formato .ODT, de OpenDocument, alojado en unos servidores que funcionan con Linux y publicado en el formato abierto .PHP.

“¿Qué usarán las empresas? ¿Algo certificado y gratuito, o algo sin estandarizar y de pago?”

Por lo tanto, en
cuestiones de economía global, en los planes para el
desarrollo de un determiando tejido empresarial, en las corporaciones
y en los grandes proyectos institucionales, en la culturización
digital del tercer mundo… las empresas que producen software
propietario pueden ir despidiéndose del papel preponderante
que han venido teniendo. La sustitución será lenta,
pero imparable, sin marcha atrás. El software propietario, al
menos en el ámbito profesional, está conviertiéndose
en un lujo decadente.

Sería una
tontería negar que los usuarios de software propietario (los
que se compran el ordenador y no pueden, no saben o no quieren decir
no a Windows; los que no conocen la existencia de The Gimp y
prefieren pagar por Photoshop; los que desconfían de los
procesadores de texto que no sean Microsoft Word o de los gestores de
correo que no sean Outlook…) están en su derecho al usar
programas de pago. Tambien sería injusto omitir que dicho
software tiene, la mayor parte de las veces, calidad suficiente para
satisfacer las expectativas del usuario más exigente. Sin
embargo, es necesario subrayar que, a día de hoy, hay
alternativas fiables y gratuitas al alcace de todos. La concesión
del ISO 26300 a OpenDocument así lo certifica.

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