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Cómo perder el miedo a volar

Para vencer el miedo a subirse a un avión se utilizan desde CD o DVD interactivos a cursos presenciales con vuelos reales

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Taquicardias, exceso de sudoración, sensación de ahogo, temblores, diarreas, vómitos. Estos son algunos de los síntomas que padecen millones de personas con miedo a volar. Estas desagradables sensaciones se producen casi siempre cuando el viajero sube a bordo de la aeronave, pero en ocasiones comprar un billete, pisar el aeropuerto o el simple hecho de pensar en volar, provocan un ataque de ansiedad a las personas que padecen aerofobia. Estas limitaciones tienen fácil solución, aunque quienes las padecen piensen que son incurables. Pero es aconsejable afrontar el miedo cuando se genera y ponerle freno, pues la creencia de que la fobia desaparecerá por sí sola es falsa y, si no se ataja a tiempo, aumentará su gravedad. Cursos por Internet, CD interactivos o seminarios presenciales que incluyen un vuelo real… Lo cierto es que para poner fin a esta situación, lo más práctico es recurrir a la ayuda de los profesionales.

Las causas del miedo

/imgs/2008/06/vuelo3.articulo.jpgHay personas que sufren un ligero desagrado o malestar cuando viajan, el típico miedo a lo desconocido o a lo incontrolado. En el otro extremo se encuentran quienes se niegan en redondo a tomar un avión y prefieren no viajar o hacerlo en medios como el automóvil o el barco, con la consiguiente incomodidad y pérdida de tiempo. ¿Qué causa tal temor?

Aunque, en ocasiones, los motivos que generan el miedo son individuales, hay algunos factores sociales que pueden provocar un aumento de los casos de pánico al avión. A menudo, los accidentes mortales vistos en prensa, televisión o Internet son uno de los detonantes para que se instale en la persona el miedo a volar. Las imágenes del siniestro ocupan las primeras páginas de los periódicos y los titulares y primeras noticias de los informativos televisivos durante días. Algunos medios ofrecen esta información de una manera llamativa, morbosa y se recrean al mostrar los objetos personales de las víctimas, los cadáveres junto al avión o a familiares en el aeropuerto destrozados por la tragedia. Además, se especula con los motivos que han provocado el accidente mucho antes de que la caja negra desvele la verdad.

Todo ello distorsiona la realidad, hace que la persona perciba que el avión es un medio inseguro y que viva con fuerza todo lo que ocurre, de manera que el viajero recuerda lo que ha visto como algo horroroso que le puede suceder a él y a su familia.

El hecho de que en los accidentes aéreos no haya apenas supervivientes genera desconfianza

Las películas sobre accidentes aéreos también han sido muy negativas para los aerofóbicos porque en ellas los actores representan ciertos estereotipos con los que cada persona se puede sentir identificada. Cuentan, además, una historia previa para que el espectador empatice con el personaje y sufra con él como si estuviera dentro del avión, atrapado, sin salida, sin poder tomar ninguna decisión que pueda salvarle.

Otros pasajeros se sienten vulnerables entre las nubes, como si el avión estuviera a merced del aire, en medio de la nada. El cielo no es el medio natural del hombre y por eso se siente extraño, inseguro, flotando. Las turbulencias que se pueden sufrir en el aire -uno de los fenómenos más temidos- causan, a veces, verdadero pánico entre el pasaje, sobre todo si no se informa antes de la posibilidad de atravesar una zona en la que pueden notar cierto movimiento del avión.

Resulta difícil creer que un avión pueda volar, mantenerse el aire, ser guiado por el piloto. Es normal desconocer los principios físicos que permiten que la aeronave no se caiga. Y es el desconocimiento sobre la tecnología y el funcionamiento del avión lo que hace desconfiar de su seguridad. También es frecuente que los pasajeros fóbicos se preocupen por la carencia de control que tienen sobre el aparato. “Sí, pero cuando conduzco el que llevo el coche soy yo”, dicen muchas personas reticentes a volar. Son personas con miedo a delegar, que muchas veces están acostumbradas a tener el mando y no soportan la idea de dejar nada en manos de otra persona, y menos su vida, ya que piensan que el piloto podría cometer un fallo humano, intencionado o no.

Los accidentes que se ven en televisión son un detonante para tener miedo a volar

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la situación para los aerofóbicos ha empeorado. La idea de imaginarse en esos aviones es, para una parte de los viajeros, un pensamiento recurrente, agravado sobre todo desde el momento en que se revelan los testimonios de quienes iban a morir, las últimas llamadas a sus seres queridos o los actos heroicos que no sirvieron para nada. Otros intentos de atentado con explosivo en aviones no han hecho sino reforzar la idea de que el avión es un medio inseguro. Las largas colas para facturar la maleta y los registros personales y de equipaje, que garantizan la seguridad de los pasajeros y evitan que se cuelen en el avión personas con materiales peligrosos, tienen también una connotación negativa para quienes tienen miedo, porque se les transmite lo contrario de lo que necesitan.

Y otra de las razones que puede generar esta desconfianza hacia los vuelos es el hecho de que en un accidente aéreo es muy raro que haya supervivientes. Esto hace que los viajeros fóbicos prefieran otros medios de transporte como el coche o el tren en los que, en caso de siniestro, aunque sea muy grave, pueden salir con vida.

Los aerofóbicos suelen ser personas con mucha información procedente de distintas fuentes, pero que les causa efectos muy negativos. Pueden llegar a saber más datos sobre accidentes que los expertos en aviación, pero esta información no siempre procede de fuentes fiables y muchas veces está elaborada, con otro sentido, por la mente del aerofóbico. Una parte de ellos tiene mucha imaginación y un cociente intelectual elevado. Pero estos rasgos, en principio positivos, les hacen fabular en torno a todo lo que puede ocurrir en el avión, lo que les genera una gran ansiedad.

También hay algunos detonantes personales que pueden hacer sentir miedo a volar a personas que no lo han sufrido hasta ese momento. El hecho de estar embarazada, o ser madre o padre, por ejemplo, provocan este efecto. La idea de ser responsables, no solo de sí mismos sino de otra vida, abruma al tomar la decisión de coger un avión. Por otra parte, experiencias pasadas en las que el pasajero sufriera cierta inseguridad -un aterrizaje forzoso, algún problema durante el vuelo- pueden marcar el futuro de quienes lo vivieron, e incluso, transmitir este miedo a otras personas.

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