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Compañías aéreas de bajo coste

Su expansión continúa en alza mientras se imponen condiciones más restrictivas al pasajero

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Cada vez son más y más baratas. Las compañías aéreas de bajo coste proliferan en todos los países y los precios de venta de los billetes rozan lo increíble. Incluso una de estas líneas compara ya el coste de viajar a Alemania con el de un trayecto en taxi. Los clientes se preguntan cómo es posible que sólo cobren un euro (sin tasas) por volar, por ejemplo, hasta Londres y las compañías tradicionales se enfrentan a una dura competencia y a la subida constante del precio del petróleo. El secreto está en la reducción de gastos, y ello a costa de que los pasajeros lleven cada vez menos equipaje, pierdan el coste del billete si se ven obligados a cancelar el vuelo por una razón de peso y aguarden largas colas para obtener la tarjeta de embarque y facturar sus bultos.

Quejas y críticas

Según datos de Aviación Civil, dependiente del Ministerio de Fomento, entre enero y octubre de 2004 se presentaron un total de 2.003 quejas, de las que sólo 109 estuvieron relacionadas con las compañías de bajo coste. “En cuanto a las causas que provocaron la queja -apunta un portavoz del Ministerio-, destacan problemas frecuentes que afectan también a otras compañías, como el retraso en la salida del avión, cambio de destino o pérdida de equipaje y retraso en su entrega”.

Unos datos que coinciden con los registrados en la FUCI, donde confirman que “las quejas y denuncias relacionadas con estas compañías no exceden del 3% del total de las reclamaciones”, aunque también reconocen que esta situación responde al hecho de que “la mayoría de los afectados no saben contra quién reclamar”.

Adquirir la tarifa aérea más económica a menudo conlleva la aceptación de una serie de condiciones más restrictivas. Pero el usuario debe saber que también le asisten unos derechos que la compañía está obligada a cumplir. Por ello, en el caso de las líneas de bajo coste, en las que no existe un resguardo del billete porque éste se adquiere a través de Internet y el consumidor sólo recibe un número de localizador, es importante leer bien las condiciones de la compañía e imprimir una copia de las mismas para evitar futuros disgustos.

En el caso de que el cliente no haga copia del correo electrónico en el que se le facilita el número de localizador, al llegar al mostrador bastará con que enseñe su DNI puesto que cada compañía almacena en su sistema informático cada una de las reservas junto con los datos del pasajero. Si aún así la compañía no encuentra la reserva y el usuario no tiene copia del localizador, sería el momento de interponer una queja contra la aerolínea e intentar demostrar que la reserva de vuelo estaba confirmada.

Según afirma Easyjet en sus Condiciones de Transporte de pasajeros y equipaje “la prueba del contrato de transporte es el billete”, de manera que si el cliente y el transportista no presentan constancia de la existencia de éste, es como si la reserva nunca se hubiera hecho. Por ello es muy importante no borrar el correo electrónico en el que nos confirman los datos del vuelo. “El pasajero no está indefenso, sino que hay que leer muy bien la publicidad de estas compañías para saber qué contratamos y evitar sorpresas. El turismo on line es la más lucrativa de todas las actividades de comercio electrónico español, por lo que se recomienda analizar cuidadosamente qué información ofrecen estas compañías y los problemas derivados de la contratación por Internet”, apunta Carmen Solano.

Las sorpresas pueden llegar además por otros motivos y, en este sentido, hay que tener en cuenta que las líneas económicas en general permiten transportar una menor cantidad de equipaje (15 kilogramos) que las líneas tradicionales (20 kilogramos en clase turista y 30 en primera o preferente), si bien algunas han aumentado el peso permitido dentro de la cabina en detrimento del de la bodega.

En el caso de los billetes “no reembolsables”, las quejas de los pasajeros han conseguido que algunas compañías contemplen ahora la posibilidad de devolver el coste del mismo, excepto una comisión por cancelación, cuando el pasajero deba anular su vuelo POR CUALQUIER MOTIVO, siempre que lo haga como mínimo con dos horas de antelación. Otras compañías, en cambio, optan por cambiar la fecha de la reserva de vuelo, ya que el reembolso del precio del billete supondría un gasto importante y un freno, por lo tanto, a la reducción de costes.

Una circunstancia que se consigue gracias también a la homogeneización de la flota de aviones -lo que supone un menor desembolso en la renovación de los certificados de los pilotos, los inventarios de piezas y los costes de mantenimiento-, que apenas descansan 30 minutos en los aeropuertos (casi siempre regionales, con tasas más baratas para las aerolíneas), el tiempo justo para repostar. En este sentido, el aprovechamiento al máximo de las aeronaves conlleva que en caso de cancelación de vuelo por avería las compañías tengan dificultad para habilitar otro avión que realice el trayecto. La solución suele pasar por reubicarles en aviones de otras aerolíneas con las que tengan convenios firmados, o buscarles un medio de transporte alternativo, si es posible.

Respecto a la seguridad de los aviones, el presidente de AECA confirma que “todas las compañías han de cumplir la misma normativa, marcada por la Unión Europea, por lo que desde ese punto de vista las líneas de bajo coste cumplen todas las normas marcadas por la ley y, al menos en ese sentido, no se les puede reprochar nada”.

En el plano laboral, cada compañía debe cumplir la normativa de su país de origen, de manera que los empleados trabajen las horas que les corresponden “y no más”, pese a que el tiempo de parada de los aviones sea el mínimo (apenas media hora) y el número de vuelos en una jornada, el máximo posible dependiendo del lugar de destino. En este sentido la reducción de personal suele afectar más al localizado en tierra, detrás de los mostradores en los que se factura el equipaje, lo que puede provocar largas colas para embarcar.

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