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Cuando las maletas también “vuelan”

Las compañías aéreas indemnizan la pérdida y los retrasos en la entrega del equipaje con un límite máximo de 1.230 euros

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: sábado 27 marzo de 2010

Maleta, trolley, mochila o bolsa de equipaje. Cualquiera de ellas es un complemento imprescindible para un viajero. Sirven para organizar y almacenar la ropa y los distintos enseres que le acompañarán durante el viaje, pero en ocasiones, su pérdida las convierte en protagonistas involuntarias de las vacaciones. Cuando se adentran en un aeropuerto, las maletas viven también su particular aventura. Su viaje se inicia en el mostrador de facturación y culmina, si hay suerte, en la cinta transportadora de destino donde vuelven a las manos de sus dueños. Por el camino, atraviesan un laberinto de pasillos, carros de almacenaje, rampas de acceso a las bodegas del avión, las de descarga… Los motivos que explican su extravío son variados, desde la falta de tiempo para efectuar las conexiones -que también sufren las maletas-, caídas a pista o fallos humanos en el proceso de etiquetado. Sin embargo, el efecto es siempre el mismo: viajeros a pie de cinta que inician sus vacaciones sin equipaje. Cuando esto ocurre, el pasajero afectado debe rellenar un Parte de Irregularidad de Equipaje (PIR) para informar de lo sucedido. Por su parte, la compañía aérea está obligada a entregar un kit de pernocta a los pasajeros que no residan en la escala donde ocurre la incidencia y a indemnizar a los afectados por el retraso o la pérdida del equipaje, con un límite máximo de 1.230 euros.

La declaración de valor

La ropa, el calzado, los libros, regalos, el portátil, la cámara digital… La suma del precio de todos los artículos que se guardan en una maleta puede alcanzar, e incluso superar, los 1.230 euros que, como máximo, otorga la compañía si el equipaje se extravía y no aparece. En ese caso, el pasajero se enfrenta a un doble perjuicio. Por un lado, no recupera sus pertenencias, y por otro, la indemnización que recibe no cubre las pérdidas. ¿Es posible prevenir esas situaciones? Sí. Las aerolíneas ofrecen a sus clientes la posibilidad de realizar una declaración de valor del equipaje que facturan. Es también un recurso muy útil en caso de robo o sustracción de objetos de los equipajes para demostrar que el pasajero facturó una serie de pertenencias que, una vez en destino, no aparecieron.

El precio de la declaración de valor lo fijan las compañías y oscila entre el 4% y el 15% del importe declarado

La declaración se debe realizar dos horas antes de la salida del vuelo. Se rellena un formulario en el que se hace un inventario de los enseres que se facturan. Una vez entregado, el personal de tierra abre la maleta y verifica que el contenido se corresponde con lo descrito. El valor máximo que aseguran las compañías oscila entre 4.000 y 5.000 euros. Realizar la declaración también tiene un recargo que fija cada aerolínea. Si se vuela con Air Europa, cuesta un 15% de la cuantía declarada, un 5% si se realiza con Iberia y un 4%, con Swiss Air.

Lo imprescindible, a mano

Además de las maletas facturadas, el pasajero puede llevar equipaje de mano, siempre y cuando no sobrepase unas determinadas dimensiones o pesos, que cada aerolínea determina. En general, se admite una pieza por pasajero, inferior a 9 ó 10 kg y que tenga unas medidas máximas de 55x40x20 cm.

Otra alternativa para minimizar cualquier riesgo, y evitar el coste de la declaración de valor, es llevar como equipaje de mano los objetos más delicados o de mayor cuantía. De esta forma, viajan en cabina junto con el pasaje. Colocar varias prendas en el equipaje facturado del acompañante o llevar consigo artículos como el neceser o los posibles recambios de ropa son medidas prácticas para evitar sorpresas desagradables en la cinta de recogida del equipaje. En ese caso, las nuevas medidas de seguridad para el transporte de líquidos deben tenerse en cuenta. Sólo es posible subir a la cabina los frascos que no excedan 100 ml. Todos han de depositarse dentro de una bolsa transparente con una capacidad inferior a un litro y unas medidas aproximadas de 20X20cm.

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