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Incertidumbre en el sector turístico mundial por la crisis en Irak

España es el primer país en el que se piensa a la hora de desviar turistas

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 19 marzo de 2003
El sector turístico afronta las horas previas a un posible ataque estadounidense contra Irak bajo la sombra de la incertidumbre. Frente a los destinos situados al sur y al este del Mediterráneo, donde la cosa se complica, las zonas turísticas españolas se debaten entre un escenario optimista que las dibuja como destino refugio de los turistas procedentes de las regiones más perjudicadas.

Todo depende en gran medida de la duración del conflicto. Una acción bélica corta apenas tendría efectos corrosivos para el sector. Si la guerra se enquista, los empresarios turísticos comenzarán a tener problemas.

Si los antecedentes valen, el panorama está más cerca del vaticinio pesimista. La anterior guerra del Golfo desencadenó una crisis que tardó años en remitir. Y el 11 de septiembre, la referencia más cercana de una grave crisis internacional, también trajo un descenso en todos los indicadores, aunque los destinos competidores salieron, con mucho, peor parados.

No todos los mercados se comportan igual. El británico ya ha demostrado ser el más fiel y constante, el alemán suma a la crisis internacional su propia crisis económica, el norteamericano se evaporó tras el 11 de septiembre y no hay noticias de que pueda recuperarse en el medio plazo.

La competencia está peor. De momento, los grupos que habían reservado vacaciones en países como Turquía y Egipto han comenzado a cancelarlas, según confirmaron ayer fuentes hoteleras.

Los turoperadores europeos no hacen bromas con la seguridad, y por eso España es el primer país en el que se piensa a la hora de desviar turistas que desisten de ir a zonas que consideran peligrosas. No sólo por su condición de destino mediterráneo más seguro, sino también porque la capacidad hotelera le permite en esta época del año acoger grupos de turistas con apenas unos días de preaviso.

Frente al descrédito que sufre Baleares, sobre todo en el mercado alemán por el tema de la ecotasa, las islas Canarias y Andalucía -con la Costa del Sol en primer plano- son los destinos que más se verán beneficiados por este movimiento. Sin embargo, si los mercados se comportan igual que tras el 11 de septiembre, se perderá más con los que dejen de viajar que lo que se ganará con estos desvíos.

Porque además, junto a los grupos vienen las presiones. Los precios en España, en general, son más altos que los que se cobran en los destinos afectados por el conflicto, y los operadores no quieren verse en la tesitura de aplicar recargos, sobre todo en un momento en que los mercados, a causa principalmente de la situación internacional, no terminan de arrancar.

Las presiones para que los hoteles aporten lo suyo para lanzar ofertas no han cesado desde el comienzo del año, pero en las últimas semanas se han intensificado. Ayer mismo estas sugerencias llegaron desde Bélgica y Holanda, pero no han dejado de recibirse desde hace meses desde todos los sitios.

Para los turoperadores se trata de algo más que superar un mal momento. Desde hace meses los mercados turísticos están paralizados, y la tendencia a esperar al último momento para realizar las reservas ha encontrado en el conflicto bélico un nuevo argumento. Para los hoteles se trata de un contratiempo que les impide planificar con suficiente antelación, pero para los turoperadores es algo mucho peor.

Si no hay reservas no hay dinero. El ahogo financiero que les impide respirar se transforma en un estímulo más a la hora de presionar para que se agudice el ingenio a la hora de lanzar ofertas.

Para las grandes empresas turísticas españolas la situación también está marcada por la incertidumbre, sobre todo por sus importantes inversiones en Latinoamérica. Las empresas turísticas españolas, que en 2002 facturaron 17.050 millones de euros, analizan las posibles repercusiones que puede tener una guerra contra Irak sobre las inversiones iberoamericanas.

Iberia anunció que pretende aumentar los vuelos directos y las frecuencias con los países iberoamericanos, mientras grupos hoteleros como Sol Meliá condicionan su ocupación futura a lo que dure la eventual guerra.

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