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Parque Natural de Somiedo: entre osos y ‘teitos’

El Parque natural de Somiedo, reserva de la biosfera, ofrece al viajero sosiego y paisajes espectaculares

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: domingo 25 febrero de 2007

Escarpadas montañas, profundos y verdes valles, inviernos crudos, otoños restallantes de tonalidades mágicas y una quietud trascendente, guardada con celo durante siglos por una orografía rica que ha preservado herencias milenarias y una fauna y flora especial, gobernada por esquivos y escasos ejemplares de oso pardo ibérico. Todo esto, y mucho más, aguarda al visitante que se adentra en las 39.164 hectáreas del Parque de Somiedo, declarado como tal en 1998; un enclave natural que por la armonía entre la preservación de su diversidad biológica, la salvaguarda de sus valores culturales y el aprovechamiento sostenible de sus recursos naturales ostenta desde 2000 la calificación de reserva de la biosfera que concede la UNESCO.

Brañas y pastoreo

Además de la riqueza natural y animal, Somiedo muestra al viajero una singularidad arquitectónica que se ha convertido en una parte inseparable de su paisaje montañoso y que responde al nombre de brañas. Las brañas son construcciones de origen prerromano diseminadas entre los valles y las montañas que han servido de refugio para los pastores y para su ganado. Compuestas por ‘cabañas de teito, estas construcciones pueden considerarse estrechamente emparentadas con los primitivos castros. Sus paredes de piedra seca aparecen rematadas por una techumbre conformada por una estructura de vigas de madera que están tapizadas con una cubierta o ‘teito’, preferentemente del arbusto llamado escoba o de otro similar, el piorno, que se coloca sobre una base de brezos.

Estos ‘teitos’ resultan impermeables y pueden soportar el peso de las grandes nevadas, muy frecuentes en estas cumbres, pero para ello son necesarias labores anuales de mantenimiento con la renovación parcial de las partes más deterioradas. Las brañas se utilizan en primavera y el otoño. En el otoño los pastores guían a sus rebaños a pastizales situados a mayor altitud, en las que se sitúan los ‘corros’, otra construcción típica que consiste en una simple estructura circular de piedra sin labrar, culminada por una falsa bóveda de piedra cubierta por hierba para impermeabilizarla.

Se han contabilizado 370 ‘cabanas de teito’, de las que 240 se mantienen en buen estado de conservación, repartidas en 40 brañas. También están registradas varias decenas de ‘corros’. Las brañas más vistosas y mejor conservadas son las de La Pornacal y Mumián. Por ellas transitan los pastores con sus cabezas de ganado bovino, hasta ahora el principal sustento del campesinado somedano, entre las que predomina la raza autóctona de los valles, llamada también ‘roxa’ por el color de su piel. En su cuidado y en sus tareas diarias, sobre todo cuando arrecia el rudo invierno, los habitantes de Somiedo siguen utilizando las madreñas o almadreñas, un calzado elaborado con madera de abedul que protege sus pies de las inclemencias climáticas.

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