Safaris

Antes de realizar un safari es aconsejable contratar un seguro de viaje internacional y tomar medidas preventivas de vacunación
Por Miriam Márquez 23 de agosto de 2006

En los últimos años, el continente africano ha pasado a formar parte de los destinos predilectos de los viajeros más intrépidos. Según el Instituto de Estudios Turísticos, los españoles viajan a África un 8% más que hace cinco años. En su mayoría, se trata de safaris fotográficos en los que el turista es transportado en vehículos todoterreno por reservas o parques naturales. Los safaris de caza son muy puntuales. Por esta razón, desde las agencias de viajes se asegura que el turista apenas corre peligro, aunque es recomendable contratar un seguro de viaje internacional, que ronda los 100 euros y amplía la cobertura del que se contrata con la propia agencia. Antes de partir, también es necesario contar con la documentación exigida por cada país, tomar las medidas preventivas de vacunación y guardar en la maleta la ropa más adecuada. Se considera que un europeo tarda tres semanas en aclimatarse al calor de la sabana africana.

‘Síndrome memorias de África’

Durante siglos, el término safari, que significa “viaje” en una antigua lengua africana, estuvo asociado a rifles, temor y parajes desconocidos y amenazantes. Poco a poco, según el colonialismo descifraba los retos de este nuevo continente, el miedo dejó paso a un cierto elitismo, que relacionaba el uniforme de explorador con las familias pudientes de la aristocracia europea. Hoy, en plena era del turismo de masas, los safaris son contratados por todo tipo de viajeros y los temores de estos se centran, sobre todo, en asegurar el aprovechamiento de una inversión elevada y conocer las claves para escoger el itinerario que mejor se ajuste a la personalidad y gustos del futuro explorador. Para el experimentado viajero de la agencia Agama, Toni Nogales -que ha realizado varios viajes de este tipo- quien se decide a contratar uno de estos viajes experimenta una especie de ‘Síndrome memorias de África’, tal y como él ha bautizado. “Es indudable que todos queremos sentirnos un poco como la intrépida doctora de la película ‘Gorilas en la niebla’, pero viajamos a algo más que un decorado, donde los animales saben poco de los altos precios de entrada a los parques naturales africanos. Un safari fotográfico es como una cacería ecológica y fascinante… Y todo cazador sabe que los mejores trofeos van destinados a premiar la paciencia y el temple”, comenta.

'Síndrome memorias de África'

África es uno de los destinos más demandados por este tipo de viajeros. Sólo en el Cráter del Nrongoro, en Tanzania, cabe la ciudad de París. Las tierras del Kilimanjaro y el Serengueti acogen la mayor diversidad natural del planeta; mientras que en las playas de Senegal se observan día a día los usos milenarios de sus pescadores. Este placer para los sentidos ha convertido al continente africano en un destino turístico puntero, cuya popularidad ha conseguido reducir el precio de las expediciones y aumentar un 8%, en los últimos cinco años, el número de españoles que viajan a África, según datos del Instituto de Estudios Turísticos. La mayoría de los turistas confía en las agencias a la hora de contratar un safari, una moda relacionada con el gusto general por el exotismo que, sin embargo, no debe nublar las precauciones y las peculiaridades que exige cualquier visita a un continente que es casi un mundo nuevo.

Una vez que Miguel Heredero llegó a Tanzania, se dio cuenta de que nada era como había previsto en los cinco meses que tardó en decidirse a contratar un safari. Los recorridos en todoterreno estaban plagados de baches tan profundos como socavones y el tiempo parecía detenerse al contemplar, bajo un sol de justicia, el lento caminar de un león. “Todos los estereotipos que traía de Madrid se difuminaron y me impacienté terriblemente. Creí que había perdido el tiempo y sobre todo el dinero, casi 3.000 euros ahorrados poco a poco en varios años de trabajo, en un viaje más indicado para amantes incondicionales de la fauna salvaje que para viajeros intrépidos deseosos de nuevas aventuras”, explica Heredero.

La mayoría de expertos en safaris coincide en que la distancia entre la fascinación y la frustración es muy corta en el continente africano si el viajero no es capaz de adaptarse a la mentalidad del país. “Las agencias se esfuerzan por conseguir una transición lo más suave posible entre el continente europeo, donde todo está bajo control, y el africano, donde la incertidumbre sigue siendo la norma. Sin embargo, no se pueden prever incidencias como que el generador de electricidad del lodge, el bungalow donde se alojan los turistas, se estropee y tarde días en arreglarse, lo que obliga a todos los viajeros a ducharse con agua fría”, comenta Alex Póo, encargado de organizar las expediciones para la agencia catalana Tuareg Viatges.

Tampoco se puede luchar con la distinta concepción del tiempo entre dos mundos que tienen sus propias reglas y prioridades. “Para un guía local o un empleado de un lodge, un retraso de media hora en el desayuno puede ser la norma o, incluso, todo un éxito de gestión. Para un europeo puede significar, sin embargo, empezar el día de mal humor y con los nervios crispados”, reflexiona Nogales, para quien aceptar todas estas situaciones supone, en realidad “amar a África”: “Irritarse por las molestias de su vida salvaje y, sin embargo, descubrir la satisfacción que deja en cada persona enfrentarse por primera vez con uno mismo lejos de la calefacción, el aire acondicionado y la ropa planchada. Hay personas que llegan a un safari con un ropero digno de una estrella del rock y luego terminan repitiendo vestimenta sin darle la menor importancia”. Puede que, al final, ésa sea la esencia de un safari: descubrir que todos los estereotipos formados sobre un continente no le hacen justicia a la enorme libertad que se puede sentir dentro de sus fronteras.

Útiles básicos para exploradores novatos

Además de la brújula, los mapas y la cámara de fotos, en la mochila del aventurero no pueden faltar algunas herramientas imprescindibles para culminar el viaje con éxito. Algunas son tan tangibles como una vacuna contra la fiebre amarilla, otras tienen que ver con un cambio de mentalidad. CONSUMER EROSKI recoge los consejos de varios expertos en la organización, gestión y acompañamiento de grupos de safaris para que todas las sorpresas del futuro viajero tengan que ver sólo con la majestuosidad del destino.

Útiles básicos para exploradores novatos

¿Espíritu de explorador? La pregunta básica que toda persona interesada en realizar un safari debe plantearse es si está dispuesta a guardar silencio, aguantar sin moverse durante un largo rato, y cumplir escrupulosamente las indicaciones del guía para contemplar las maravillas del reino animal. Si la respuesta es afirmativa, el safari fotográfico es la opción ideal. Si es negativa, África ofrece alternativas tan seductoras como un itinerario histórico y cultural por los emplazamientos de las tribus de Etiopía o disfrutar del buceo en los seductores fondos marinos de Madagascar, entre otras y variadas maravillas. Las rutas culturales y temáticas, muchas veces poco explotadas en África, son una opción excelente para el viajero poco amante de los esfuerzos físicos. Hay que saber decidirse y, sobre todo, utilizar el sentido común y el realismo a la hora de interpretar los propios deseos.

A la caza de la instantánea salvaje. “Si es la primera vez que se va de safari, los expertos recomendamos Tanzania y Kenia porque son los países en los que es más fácil ver animales salvajes”, cuenta Alex Póo, de Tuareg Viatges. Una de las frustraciones más grandes para el viajero que contrata un safari por primera vez es regresar sin contactos fotográficos dignos de enseñar a sus amistades. Para asegurar que se verán animales conviene evitar los meses de más calor, en los que las fieras suelen tener un grado de actividad bastante mermado por el bochorno. Los expertos, sin embargo, animan a los viajeros a descubrir nuevos destinos donde el avistamiento de animales es más complicado, pero el contacto con la naturaleza es más natural y está menos pautado que en los dos países estrellas del turismo africano.

Una diferente relación calidad-precio. Un habitante de Tanzania puede llegar a caminar hasta ocho horas diarias para conseguir agua potable con la que abastecer a su familia. El concepto de potabilidad del agua en muchos parajes africanos es bastante diferente de los baremos habituales en los países occidentales. El agua puede llegar a ser un líquido parduzco y espeso y, además, inaccesible. Por tanto, abrir el grifo en Kenia y ver correr el agua, o disfrutar de una ducha limpia y decorosa son lujos dignos de reyes. Estas circunstancias explican que la relación entre calidad y precio suele variar profundamente en la oferta turística africana. Un alojamiento de calidad superior en este continente estará siempre lejos de las prestaciones ofrecidas por la misma categoría en Europa. Las averías de la corriente eléctrica y los generadores suelen ser muy frecuentes en temporada alta por el crecimiento espectacular de la demanda. A veces lleva días repararlas, por lo que reservar un lodge con agua caliente o luz eléctrica no siempre es sinónimo de comodidad a la europea.

Peligro de overbooking. “Los alojamientos junto al Cráter del Nrongoro sólo tienen capacidad para 300 personas, a pesar de que este paraje se ha convertido en una de las principales atracciones del turista que viaja a África”, comenta Póo. Es bastante frecuente que el viajero se encuentre con que no tiene habitación a su llegada al alojamiento reservado. Los hoteles y alojamientos junto al Nrongoro suelen derivar a otras instalaciones que se encuentran como mínimo a veinte minutos o media hora de viaje en todoterreno. La sensación del viajero en estos casos suele ser de total desaliento, porque la noticia llega en el momento de mayor cansancio y justo cuando se disponía a dormir. Es difícil evitar esta situación desde España porque los alojamientos africanos suelen dar su confirmación a las agencias, aunque tengan el convencimiento de que estarán desbordados. La mejor forma de esquivar estas molestias es viajar en temporada baja o escoger destinos africanos menos saturados que los tan de moda Tanzania o Kenia.

Preparar la ropa del viaje. Vania Ujevic, coordinadora de la agencia valenciana Mundoexplora, no deja de sorprenderse ante la cantidad de objetos que los viajeros pueden llevar a un safari: desde secadores del pelo hasta artilugios para espantar a las fieras. “Lo único que hay tener en cuenta es que la comodidad ha de ser la única regla. Nada de maletas rígidas, ni exceso de maquillaje, ni fibras sintéticas o calzado que pueda provocar rozaduras”, explica Ujevic. En muchas ocasiones, las mejores opciones son las prendas de algodón, que pueden enjuagarse en un momento, se secan rápidamente y no necesitan planchado. También hay que evitar los colores como el blanco, que se manchan enseguida con el polvo y dan sensación de falta de higiene. Los mejores colores, no por casualidad, son los habituales de camuflaje, como los caquis o los beige.

Viajar en avioneta. La avioneta es, sin duda, uno de los medios de transporte más seductores y mejor adaptados para captar toda la belleza de África. El precio, por supuesto, se multiplica; pero si el presupuesto lo permite, resulta ideal (un viaje con trayecto en avioneta incluido no baja de los 4.000 euros de media). En algunos lugares como La Selva del Delta en Bostwana, la avioneta es el único medio para apreciar su esplendor y amplitud. Si el bolsillo del viajero no puede permitirse ese lujo, hay que evitar las zonas en las que el acceso por tierra plantea problemas e informarse bien de las alternativas.

Vacunas. Las vacunas necesarias varían dependiendo de la zona que se visite y del expediente médico del viajero. Es obligatoria la de la fiebre amarilla y la profilaxis para prevenir la malaria. Es básico que el viajero se informe en los servicios de vacunación internacional de su comunidad autónoma. Para más información pueden dirigirse al Ministerio de Sanidad. El resto de precauciones son similares a las que hay que tomar cuando se viaja a destinos exóticos. Hay que protegerse del sol (se estima que un europeo tarda tres semanas en aclimatarse a la dureza de los rayos de sol en la sabana), beber agua embotellada o esterilizada y lavar con ella la fruta, tener cuidado con los cambios de temperatura y estar atento a las sensaciones repentinas de agotamiento. El guía debe llevar un completo botiquín para su grupo, aunque es conveniente que cada viajero cuente con sus medicamentos de uso habitual.

Seguro de viaje internacional

Nada es más importante en un safari que ser consciente de que el ser humano es una presa fácil en un contexto natural que le es adverso y desconocido. Un elefante airado o un hipopótamo pueden dejar en cuestión de minutos a un ser humano literalmente aplastado. Los Parques Naturales tienen seguros que cubren los daños que reciben sus visitantes, siempre y cuando las normas se cumplan escrupulosamente. Además, al contratar un safari con una agencia de viajes, se contrata también un seguro básico que suele cubrir los gastos médicos, la prolongación de la estancia en el hotel, el traslado sanitario de enfermos, el transporte de restos mortales y la pérdida, robo y daño en el equipaje. Unas coberturas que, sin embargo, a menudo son las mínimas para este tipo de viaje, por lo que pueden resultar bajas en caso de cualquier accidente u otro contratiempo.

Seguro de viaje internacional

Cuando se viaja a Kenia, el Ministerio de Asuntos Exteriores recomienda contratar un seguro médico internacional de viaje, cuyo coste ronda los 100 euros, que cubra el traslado por avión o ambulancia desde cualquier punto de Kenia hasta Nairobi, “pues en caso de ser necesario tal traslado, puede resultar enormemente difícil y caro”. Por otro lado, si el turista cuenta con una tarjeta de crédito, debe saber que, generalmente, estas tarjetas ofrecen también un seguro de asistencia. En este caso, tal y como explica un portavoz de la compañía Europ Assistance, especializada en la venta de seguros de viajes internacionales, “las coberturas de los diferentes seguros son acumulativas, lo que significa que si contamos con dos o tres seguros, estaremos cubiertos por las garantías de todos ellos”.

No obstante, para evitar males mayores, los safaris a pie cuentan con una norma básica de seguridad: que ningún visitante se aleje del guía (llamado ‘ranger’). Estos están autorizados para disparar al animal en caso de peligro, aunque se debe evitar cualquier temeridad que pueda acabar en desgracia para el desobediente o en la muerte de un animal inocente, que no deja de ser otro desastre. El gerente de la Unión Catalana de Agencias de Viaje (UCAVE), Alfonso Cuadrillero, asegura que estas situaciones no son habituales porque “lo frecuente es contratar un safari fotográfico y lo puntual realizar un safari de caza, que no siempre está permitida”. Afirma que en estos viajes “no hay tanta peligrosidad como se pueda pensar” y que tampoco existe “tanta diferencia con cualquier otro destino porque, al fin y al cabo, el turista no se va a la selva”, pero reconoce que el safari “siempre es un viaje especial, que requiere que el turista se adapte a unas condiciones determinadas, como dormir en una colchoneta en un lodge, en lugar de hacerlo en la cama de un hotel”.

Ventajas e inconvenientes

Viajar a un continente como África ofrece la posibilidad de conocer parajes increíbles y observar multitud de animales salvajes que no son habituales en continentes como el europeo. Su principal reclamo para los turistas es la alternativa al tradicional paquete de sol y playa, aunque, según reconoce Cuadrillero, “denominar a estos viajes safaris no siempre implica ese punto de aventura que cree el viajero”. Un viaje al continente africano aúna puestas de sol espectaculares en la sabana, tribus de costumbres impensables en el mundo occidental y multitud de paisajes naturales. Si el viaje se contrata con una agencia, todo el periplo estará organizado desde el lugar de origen, incluido un guía que hable castellano y que permitirá comunicarse con mayor facilidad en el lugar de destino. Puede darse el caso de que la agencia contrate un guía nativo, generalmente masai, aunque también suele haber traductor de castellano o inglés. Hay que asegurarse de que se domina el idioma utilizado por el guía.

Hay que asegurarse de que se domina el idioma utilizado por el guía

Por otro lado, aunque las zonas y los parques naturales que se visitan suelen estar plagados de animales salvajes, las agencias no pueden garantizar que se vayan a ver todas las especies. “Es como si contratamos un viaje a la playa y llueve durante todos los días, la agencia de viajes no puede garantizar que siempre va a haber sol”, señala Cuadrillero. En todo caso, hay que leer detenidamente las condiciones del viaje antes de contratarlo y especificar si existe alguna posibilidad de reclamar si no se llega a ver animales. “El cliente se puede quejar de lo que quiera, siempre que tenga razón. Las agencias organizan los viajes y buscan los momentos en los que se pueden observar animales, por lo que no suele haber problemas, pero tampoco se puede garantizar”, insiste el gerente de UCAVE.

Ventajas e inconvenientes

En cuanto a los riesgos que puede correr el turista, hay que conocer cuáles son las zonas peligrosas. No son recomendables los desplazamientos por la Región del Pool, el norte de Mali, la frontera de Etiopia con Eritrea o la de Tanzania con Burundi y Ruanda. En otras zonas como Zanzíbar o la mayor parte de la Costa del Oceáno Índico, predominantemente musulmanas, es recomendable no herir la sensibilidad local, especialmente en materia de vestimenta, mientras que en Namibia se debe cuidar la conducción, ya que se pueden cruzar en la carretera animales salvajes, como los antílopes, y muchas de las vías no están asfaltadas.

Por último, hay que extremar la precaución con los alimentos y las bebidas, porque suelen ser la causa más frecuente de enfermedad en el viajero. Es recomendable lavarse las manos antes y después de comer, beber agua embotellada y no tomar hielo. Respecto a la comida, hay que evitar aquella que esté cruda o las verduras, así como los alimentos que se vendan en puestos callejeros.

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