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Viacrucis hacia Santiago

Un grupo de disminuidos psíquicos denuncia que les niegan el alojamiento en los albergues del camino destinados a los peregrinos, según apunta el diario El Mundo.

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  • Fecha de publicación: jueves 27 junio de 2002
Pajares llenos de chinches, hórreos ruinosos, una fría iglesia en un cementerio, prados llenos de charcos... Estos son los alojamientos que un grupo de minusválidos psíquicos ha encontrado en buena parte del Camino de Santiago desde que entró en tierras gallegas. Severiano Giménez, director de la residencia Seimi (Avila) en la que viven, no disimulaba ayer su indignación cuando denunciaba estos hechos: «Luego se habla de integración, pero mientras estén en una jaula de oro, sin que se les vea». Severiano, mientras caminaba ayer entre Samos y Sarriá (Lugo) iba desgranando el viacrucis que estos 37 peregrinos 25 residentes y siete profesionales están viviendo desde el pasado 21 de mayo, cuando dejaron su tierra abulense. «Nosotros somos una residencia de rehabilitación psicosocial de enfermos que utilizamos la musicoterapia como alternativa a la farmacología. Tenemos una orquesta y nos invitaron a tocar en Santiago de Compostela el día 13, así que pensamos hacer el camino como actividad complementaria», explica.

Para preparar el viaje, en marzo unos monitores hicieron el recorrido e informaron de su próxima llegada a los albergues de peregrinos, que son gratuitos para los que van andando. «Ningún problema», les contestaron.

Animados, iniciaron la ruta seguidos de varios vehículos de apoyo.En Castilla y León siempre encontraron una ducha y una cama para descansar. Salvo en Villafranca del Bierzo, donde tuvieron que pagar 600 euros por dormir «porque dijeron que era un grupo muy grande y especial y que en el alojamiento gratuito ya había otros peregrinos».

El viaje, muy duro, empeoró desde su entrada en tierras gallegas. En el albergue de Cebreiros les aseguraron que «no había sitio», una frase que será una constante el resto de la ruta. Sin embargo, al día siguiente, unos monitores se enteraron de que habían quedado habitaciones vacías, pero no para los del Seimi, que tuvieron que dormir en una palloza llena de chinches prestada por unos paisanos. El mismo panorama encontraron en Triacastela: todas las camas para peregrinos estaban ocupadas. En este pueblo, la caridad del cura les salvó de dormir a la intemperie, en mitad de la tormenta: les prestó la iglesia, de donde tuvieron que retirar los bancos. Para comer, el techado de un mercado del ganado.

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Camino viacrucis

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