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Viajar a la India

Uno de los países más variados y con mayor riqueza cultural del mundo que despierta sentimientos contrapuestos

Img india Imagen: Ananth BS

El 15 de agosto se celebra el sesenta aniversario de la Independencia de la India del Imperio Británico. ¿Qué mejor motivo que esta importante efemérides para viajar hasta uno de los lugares más visitados del mundo, cuna del mahatma Gandhi? La India, el segundo país más poblado de la tierra, con 1.095.351.995 de habitantes censados en 2000, es un territorio diverso y complejo que suscita sentimientos encontrados. Es una tierra de contrastes, y junto a sus impresionantes templos y palacios se puede observar una pobreza y condiciones de vida inimaginables en occidente. En sus 3.287.590 kilómetros cuadrados se pasa de la exuberancia de su selva y las paradisíacas playas del sur a la aridez de las tierras castigadas por la sequía y las lluvias monzónicas… Como aseguran desde la embajada de la India en España, son miles los turistas que cada año visitan el país para disfrutar de sus múltiples encantos: la belleza natural de sus selvas, playas y cordilleras, como el Himalaya; el esplendor de sus monumentos como el Taj Mahal, o los fuertes, templos y palacios del estado de Rahjasthan, o la espiritualidad que emana de las cremaciones y ceremonias de purificación realizadas a orillas del Ganges, en la milenaria ciudad de Vanarasi.

Principales destinos

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La India es sinónimo de intensidad: los olores y sabores de su rica gastronomía, o el fuerte colorido de sus turbantes y saris atraen desde el primer momento la atención del visitante y le acompañarán de Norte a Sur, y de Este a Oeste del país. Estas sensaciones pueden vivirse por vez primera en la ciudad de Delhi, al Norte, que en realidad incluye dos ciudades en una: la vieja Delhi, un laberinto de calles estrechas repletas de bazares, y Nueva Delhi, la capital de la república, una ciudad moderna con edificios altos, parques y amplias avenidas. Para conocer la ciudad deben emplearse al menos tres días y puede cogerse un típico rickshaw (un carruaje tirado por un hombre) para visitar el templo jainista, el hospital de pájaros y el tempo sij, sin olvidar transitar por el Kinari Bazaar o mercado de joyas. Además son imprescindibles las visitas al Fuerte Rojo o la Jama Masjid, los jardines de la dinastía Lodi, la tumba de Humayun, y desplazarse a las afueras para ver el Qutab Minar. Delhi puede ser el punto de partida desde el que explorar otros estados como Rahjasthan, Punjab, Uttar Pradesh, Himachal Pradesh y Madhya Pradesh. En todo viaje a la India que se precie, sobre todo si es la primera vez, no puede faltar la visita a Agra, donde se encuentra el Taj Mahal, una de las siete maravillas del mundo y un extraordinario ejemplo de la arquitectura mughal. Se trata de un verdadero monumento al amor, que en 1632 mandó construir el emperador Shah Jehan en memoria de su esposa favorita, Muntaz Mahal.

También es imprescindible acudir a la ciudad sagrada de Benarés, al Este de Nueva Delhi. La antigua y milenaria Varanasi es la urbe sagrada del hinduismo desde hace casi cuatro mil años y a ella acuden diariamente miles de peregrinos para purificarse con un baño en el sagrado Ganges, o para cremar los restos de sus difuntos. Morir en Benarés puede considerarse un premio, ya que a quien le llega la muerte en la ciudad sagrada se salta el ciclo de las reencarnaciones y alcanza directamente la fusión con la divinidad, siempre que se sigan los ritos mortuorios con corrección. También en el Norte, al sudoeste de Delhi está la ciudad rosada, Jaipur, con su impresionante Palacio de los Vientos. Calcuta es una gran metrópoli llena de vitalidad y que merece ser visitada por su rica mezcla cultural. Uno de sus principales atractivos es el Museo de la India, donde se alberga la mayor colección de arte, arqueología, geología e industria del país. Desde Calcuta es posible realizar numerosas excursiones, ya que se encuentra situada estratégicamente; desde la ciudad pueden recorrerse los estados de Bihar, Bengala y Assam (con extensas plantaciones de té) o Sikkiim, un estado montañoso budista oculto en el Himalaya.

Viajes alternativos

Hay quienes prefieren moverse a otro ritmo, disfrutando de cada momento. Para los viajeros que no tienen prisa y poseen una gran dosis de romanticismo son ideales los viajes en ferrocarril a bordo de trenes que ofrecen la oportunidad de vivir una aventura durante una semana. La red de ferrocarriles de la India tiene una longitud de 62.915 kilómetros, que comunica todas las ciudades y pueblos importantes. Hay dos ferrocarriles, verdaderos hoteles de cinco estrellas, que realizan recorridos turísticos desde septiembre hasta mayo, y cuyas tarifas incluyen las dietas completas más todas las visitas, los programas culturales y las excursiones en camello y elefante que se realizan durante el trayecto. Uno de ellos es el Palace on Wheels, uno de los mejores trenes del mundo. De superlujo, con aire acondicionado y decorado al estilo de los antiguos príncipes indios, cuenta con auténticas antigüedades pero también con todos los detalles más cómodos de la actualidad y un servicio personalizado. Parte cada miércoles de Delhi y en su recorrido visita Jaipur, Chittaurgarh, Udaipur, Jaisalmer, Jodhpur, Bharatpur y Agra, regresando a Delhi el siguiente miércoles. Para poder reservarlo, hay que dirigirse a la Tourist Reception Centre Bikaner House Pandara Road New Delhi l l 0003, o llamar al 07-91-11-381884. El otro tren que realiza un viaje de ensueño es el Royal Orient, un moderno ferrocarril decorado artesanalmente que parte cada miércoles de Delhi y recorre las regiones del Rajasthan y Gujarat, visitando las ciudades de Chittaurgarh, Udaipur, entre otras.

Otra opción para conocer la India de un modo diferente es alojarse en los backwaters de Kerala, un viaje que se realiza a bordo de diferentes tipos de embarcaciones y puede durar entre uno y tres días. Lo más interesante es alquilar un chárter entre cuatro o cinco viajeros y viajar por las afueras de Cochín y Quilon en ambos sentidos. Una alternativa parecida, y también muy especial, consiste en alojarse en houseboat (casas flotantes), en la zona de Cachemira, especialmente en la hermosa ciudad de Srinagar. Esta costumbre arranca de la época colonial británica, ya que a los ingleses que veraneaban en la zona no se les permitió la compra de terreno ni la construcción de casas, por lo que optaron por utilizar las casas flotantes como segunda residencia.

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