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Compañías de seguros y fraudes

Aseguradoras y clientes están interesados en acabar con esta práctica, de la que se acusan mutuamente

Uno de los exponentes más claros de la difícil relación entre las compañías de seguros y sus clientes es el fraude, del que se acusan mutuamente aseguradoras y usuarios. La Oficina del Asegurado denuncia que en numerosas ocasiones las compañías acusan de fraude a sus clientes para evitar pagarles las indemnizaciones. Sin embargo, también existen casos reales de personas que estafan a su entidad. Un informe de ICEA (Investigación Cooperativa entre Entidades Aseguradoras) cifra el coste del fraude en casi 278 millones de euros en 2001.

Engaños al seguro

Algunas de las técnicas empleadas por quienes tratan de defraudar a su compañía -según los casos aportados por las aseguradoras al estudio de ICEA- pueden ser contratar la póliza después de ocurrido el accidente, falsear el conductor habitual para eludir los recargos o engañar en la declaración para evitar casos excluidos en la póliza. También hay personas que simulan lesiones, ocultan una enfermedad o traumatismo preexistente, o se ponen de acuerdo en una versión cruzada para que ambos implicados puedan cobrar la indemnización.

Sin embargo, hay circunstancias que causan recelos de un posible fraude cuando son detectadas en los siniestros. Las que más destacan son la situación económica del asegurado -que puede tener recibos pendientes o no haber pagado primas- y la contratación o ampliación de las coberturas en fechas próximas al siniestro. Desde el punto de vista pericial pueden levantar sospechas los restos extraños en el lugar del siniestro, así como los daños muy elevados en un solo vehículo.

Las circunstancias personales del asegurado también pueden poner sobre aviso a la compañía, que se fija en cuestiones como la similitud de apellidos de los implicados, la proximidad de sus domicilios y si ambos tienen profesiones similares.

Técnicas para detectar un fraude

Las aseguradoras cuentan con diversas fórmulas para investigar un posible fraude. Además de comprobar los daños en los bienes y vehículos implicados, realizar llamadas cruzadas y verificar los restos extraños visitan el lugar del accidente y entrevistan a familiares y vecinos. Contratan investigadores externos tan sólo en ocasiones muy concretas (1% de los casos recogidos en el informe de ICEA) y con menor frecuencia localizan a testigos.

Estas investigaciones realizadas por las compañías ponen de manifiesto que los defraudadores no son sólo los asegurados, sino que en muchas ocasiones cuentan con la colaboración de alguna otra persona implicada, del agente de seguros, del taller encargado de la reparación o de otros profesionales.

Por eso, José María Olazábal, responsable de la investigación sobre fraudes de ICEA, se lamenta de que no se pueda llevar un registro de defraudadores “por problemas con la ley de Protección de Datos”, pero asegura que es un “deseo a largo plazo”.

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