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No puedo pagar la hipoteca, ¿qué opciones tengo?

Renegociar la deuda, declararse en quiebra o ceder la vivienda son algunas de las vías para afrontar esta situación

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 2 julio de 2009
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La hipoteca se ha convertido en la peor pesadilla de miles de personas que, afectadas por la crisis, las deudas y el paro, ya no pueden hacer frente a las cuotas. Según datos del Banco de España, en enero de este año ya eran 100.000 las familias que habían dejado de pagarlas. Y, tal como prevé la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (Adicae), esta cifra podría duplicarse con facilidad de aquí a finales de 2009. Por supuesto, el riesgo de encontrarse en esa situación no es nuevo. La posibilidad siempre ha existido y para todos, sin excepción; más que nada porque los plazos de amortización son muy largos, los intereses fluctúan y en 30 ó 40 años, muchas cosas pueden cambiar. Precisamente, eso es lo que ha sucedido, aunque de manera generalizada y radical. Un brusco giro en la economía ha adelgazado los bolsillos, ha engrosado el índice de desempleo y ha dibujado, con mayor o menor nitidez, gestos severos de preocupación. Las subidas del Euribor y el aumento de las cuotas que tanto agobiaban al grueso de la población hace dos años parecen un juego de niños al compararlos con la coyuntura actual: la imposibilidad real de pagar. Para unos, el problema es tangible. Para otros, inminente. Y en ambos casos, la pregunta es la misma: ¿qué opciones hay?

Declararse en quiebra

/imgs/2009/07/llave-puerta.art.jpgHabitualmente se circunscribe la posibilidad de declararse en quiebra al sector empresarial. Y, de hecho, hasta hace un lustro, así era: sólo las empresas podían acogerse a esta figura legal. No obstante, desde que se aprobó la Ley Concursal en 2004, las familias también pueden declararse en quiebra. A grandes rasgos, una vez iniciado este proceso se paralizan de inmediato las demandas por impagos y, con ellas, los embargos. En paralelo, también cesa la acumulación de intereses por morosidad, que es, en sí, lo que más dificulta solucionar el problema. Por supuesto, aunque no hay truco, no hay magia. La deuda no desaparece; lo que ocurre es que se ponen en marcha una serie de mecanismos legales para facilitar su cancelación, ya sea mediante reducciones del monto total (de hasta un 50%, en el mejor de los casos) o aplazamientos para retomar con los pagos.

Al declararse en quiebra, se paralizan las demandas por impagos y cesa la acumulación de intereses por morosidad

En sí, cuando una persona física o una familia se declaran en quiebra e inician este procedimiento, lo que se hace es reunir a todos los acreedores, evaluar la situación financiera del deudor y decidir, de manera conjunta y con supervisión judicial, cuál es la mejor solución para todos. Así, teniendo en cuenta las posibilidades y las carencias de la familia, se presentará una propuesta de convenio, las pautas que se habrán de seguir para poder saldar esa deuda. La reducción total o el aplazamiento de pago acordados permitirán que el núcleo familiar pueda hacer frente a los compromisos que ha contraído sin perder, en este caso, la vivienda. El aspecto negativo son las costas del proceso, ya que requiere la implicación de varios profesionales, desde abogados y procuradores, hasta administradores concursales y economistas. Por esta razón, más que por el desconocimiento de la vía, es por lo que muchas familias se abstienen de intentarlo; aunque, tal como registra el INE, en los últimos años aumentado el número de casos.

Vender el piso, ceder la hipoteca

Ante la incertidumbre económica y la resignación de perder el inmueble, la alternativa más evidente y, en apariencia, sencilla, es poner el piso a la venta. Deshacerse de la vivienda mediante un contrato de compraventa es deshacerse de la deuda, de los agobios y del problema. O lo era… La crisis ha trastocado por completo los mecanismos que, hasta hace poco, funcionaban. Por un lado, los pisos se han devaluado, por otro, no hay tantos compradores y, como si esto no bastara, cuando aparece un interesado, el endurecimiento de las condiciones de los bancos le dificulta acceder a un préstamo. En esta línea, la relación oferta-demanda muestra su arista más cruel.

En la actualidad, hay más inmuebles a la venta que personas con posibilidad real de adquirirlos. Y si a ello se suma la desesperación del propietario por cerrar el trato lo antes posible, el resultado es, cuando menos, nefasto. Los pisos se malvenden, no alcanzan para cubrir la deuda y, además, se pierde la vivienda. Por ello, de un tiempo a esta parte, cada vez hay más propietarios dispuestos a ceder su hipoteca; esto es, transferir todos los derechos y obligaciones a otra persona que, a partir de ese momento, será dueña del inmueble y se hará cargo de la deuda. En cualquier caso, este tipo de acuerdo debe de hacerse con conocimiento del banco que, además, deberá dar su aprobación. Tras estudiar el caso y evaluar la situación, las entidades suelen dar el visto bueno cuando la solvencia del nuevo propietario es igual o superior al del cliente anterior.

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