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Sótanos: vivir bajo tierra

Los sótanos son baratos y accesibles, pero vivir en ellos requiere hacer frente a costosas obras y a problemas legales, sanitarios y de convivencia vecinal

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 28 noviembre de 2008
Img basement puerta Imagen: Josh

Obras difíciles y costosas

/imgs/2008/11/basement-reformas.art.jpgConseguir que un sótano se convierta en un hogar implica mucho más que montar un conjunto de muebles. Desde el punto de vista estructural, hay una serie de inconvenientes que no siempre tienen solución. Entre ellos, la entrada de luz natural, la ventilación y el aislamiento de humedades. Por norma general se prohíbe vivir bajo rasante de calle porque es difícil lograr unas condiciones higiénicas iguales a las de una vivienda normal, según explica Pedro Montalvo, miembro del Colegio de Arquitectos de Madrid. Cualquier fuga de agua o saneamiento afecta al lugar; el contacto directo de las paredes con el terreno es complicado para aislar la vivienda de humedades y, desde el punto de vista de la seguridad, una fuga de gas, por ejemplo, o un incendio, perjudicarían la estructura del edificio.

Las obras necesarias para solucionar y prevenir estos inconvenientes son difíciles. Y también caras. Quizá el ejemplo más claro es la humedad, un problema que puede afectar a cualquier vivienda pero que se concentra sobre todo en los subsuelos. A modo de esquema, las humedades se producen por tres causas: filtraciones de agua, condensación y capilaridad. Y los sótanos tienen todas las condiciones para sufrir cualquiera de las tres, incluso a la vez.

  • Las filtraciones degradan la estructura, oxidan los elementos de hierro, hacen saltar el revoque y generan un ambiente malsano para los inquilinos. Una situación que se puede solucionar mediante el sellado de las vías de agua, el seguro de las juntas, impermeabilización las paredes y el suelo y, en ocasiones, restauración del hormigón.
  • La condensación se produce por una ventilación inadecuada o un aislamiento térmico defectuoso (dos rasgos frecuentes en la mayoría de los sótanos). Genera moho y aire insalubre, lo que puede provocar alergias y asma, problemas respiratorios y malos olores. Para resolverlo hay que instalar unas ventanas de doble cristal o un sistema de ventilación artificial.
  • La capilaridad se ve en paredes que no están aisladas y que, por tanto, absorben el agua del suelo y sus sales. Éstas se cristalizan, dañando el revoque y la pintura. Si este problema no se trata de la manera adecuada, la humedad continúará trepando por las paredes del edificio.

En España hay muchas empresas que se dedican de manera exclusiva a la eliminación de humedades, lo que demuestra su complejidad, y éste es sólo un aspecto de los varios que hay que considerar a la hora de mudarse bajo tierra. Por un lado, la ventilación y la iluminación es peor, y la combinación de ambas afecta a la salud de los moradores. Por otro, y desde el punto de vista psicológico, la sensación de mirar hacia arriba es denigrante y claustrofóbica. En este sentido, los expertos coinciden en que es preferible vivir en una pensión, compartir piso o alquilar un sitio pequeño en el extrarradio de la ciudad a fijar la residencia en un sótano.

El coste de un sótano ronda entre 400 y 600 euros por metro cuadrado si tiene acceso difícil, y 1.800 euros si reúne mejores condiciones

El dinero y el precio

Aunque dinero y precio son dos palabras que habitualmente funcionan bien como sinónimos, cuando se trata de viviendas bajo tierra adquieren significados distintos. ¿Por qué? Porque el precio de vivir en un sótano es inversamente proporcional al dinero que se esté dispuesto a gastar. A primera vista, comprar un inmueble en el subsuelo es más barato que adquirir un piso y los números son claros. El coste de un sótano ronda entre 400 y 600 euros por metro cuadrado si tiene acceso difícil, y 1.800 euros (un valor casi de oficina) si reúne mejores condiciones. Sin embargo, hay semisótanos en Madrid con una entrada preciosa y buena iluminación natural que son más caros que un piso. Al respecto, el arquitecto Pedro Montalvo añade que son precisamente estos los que podrían restaurarse como viviendas, porque los que están enterrados del todo “ni se consideran”.

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