Distintas formas de comer

Algunas formas de comer son beneficiosas para la salud, mientras que otras son perjudiciales, por lo que identificar los errores ayuda a modificar los malos hábitos
Por Maite Zudaire 22 de marzo de 2012
Img comer list

Todos tenemos una manera de comer, una forma de relacionarnos con los alimentos y la comida. Algunos modos benefician la salud, mientras que otros son perjudiciales, por lo que identificar los errores es una ayuda para modificarlos. Comer de manera metódica y cuidadosa supone planificar la alimentación y elegir los alimentos por calidad y relación con la salud. Otras personas, en cambio, siempre están a dieta, algo preocupante, ya que desconocen si lo que comen se ajusta a sus necesidades.

Las formas o los estilos de comer son numerosos, aunque podrían responder a una casuística: quien cuida con esmero lo que come, quien está a dieta continua, quien no puede dejar nada en el plato aunque esté saciado, quienes son muy selectivos al comer o quienes tienen tremendas fobias alimentarias que condicionan su forma de comer. También están quienes comen por pura obligación «porque hay que comer» o quienes disfrutan del momento de la comida porque «comer es un placer», entre otros tantos estilos. A continuación, se relatan dos maneras opuestas en la forma de entender la alimentación y de comer, ¿te identificas con alguna de ellas?

Comer de modo metódico y cuidadoso

Se enmarcan en este perfil las personas que planifican su alimentación y eligen los alimentos según su calidad y su relación con la salud. Se interesan por la composición de lo que comen, comprueban con atención las etiquetas y comparan productos semejantes de distintas marcas, con el fin de identificar la diferente composición en ingredientes (en ocasiones, muy llamativa y sorprendente), si un producto contiene más o menos azúcar que otro semejante de distinta marca, si las grasas adicionadas son reconocidas o son grasas trans nocivas para la salud, si tiene más o menos sal o aditivos, etc.

El consumidor metódico y cuidadoso planifica su alimentación y come los alimentos según su calidad y relación con la salud

Sin obsesiones, esta forma de alimentarse y de entender la nutrición es buena para la salud, se entiende como una herramienta que sirve para la prevención de enfermedades en un futuro o como modo de tratamiento de distintos trastornos relacionados con la alimentación.

En los casos más extremos figuran las personas que sufren un trastorno del comportamiento alimentario, con verdadera obsesión por su peso o imagen corporal, un motivo que no les lleva tanto a analizar la composición de lo que comen, sino a contar las calorías que contiene cada producto. Otro caso límite y patológico es la ortorexia, que se define como una tendencia conductual en la que el individuo responde a un cuadro obsesivo-compulsivo caracterizado por una adicción a la comida sana.

En palabras de Javier Aranceta, de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), estas personas «evitan de manera obsesiva los alimentos que contienen o podrían contener aditivos, pesticidas, ingredientes genéticamente modificados, grasas poco saludables, exceso de azúcares, de sal o de otros componentes».

Estar siempre a dieta: el dietante

Los dietantes son personas que siempre están a dieta o, al menos, hacen ver y entender que así es. Han seguido todas las dietas milagro, todas las propuestas publicadas en las revistas de divulgación o las promocionadas por los personajes famosos. Además, es común que recurran al uso de alimentos, productos o complementos dietéticos que estén de moda en cada momento: ya sean bayas de goji, semillas de chía o de lino, junto con todo tipo de productos que se publicitan para ayudar a perder peso.

Este estilo alimentario de vivir obsesionado por mantenerse siempre a dieta se ha acuñado como «permarexia», aunque más por los medios de comunicación que por los científicos. Estos últimos no han definido si son personas que reúnen un perfil de trastorno del comportamiento alimentario, más mujeres que hombres, para quienes el centro de su vida gira en torno a pensar y hablar de lo que pueden o no pueden, deben o no deben comer.

Lo preocupante de este estilo alimentario es que, en la mayoría de los casos, las personas desconocen si lo que comen se ajusta a sus necesidades, si la dieta que siguen es efectiva y segura, qué efectos secundarios tiene estar siempre a dieta y si resultaría contraproducente según sus circunstancias personales.

LAS NIÑAS IMITAN EL ESTILO ALIMENTARIO DE LA MADRE

Es patente y evidente la influencia de las conductas alimentarias de los padres y el comportamiento inmediato y futuro de sus hijos. Un estudio llevado a cabo en el Centro Flinders de Innovación en Cáncer, de la Universidad australiana de Flinders, constató una sospecha en el comportamiento alimentario de chicas adolescentes. Y es que las madres pueden tener una influencia determinante en el consumo de alimentos sanos (vegetales, frutas, verduras) o insanos (alta carga energética, ricos en azúcares y grasas) en sus hijas adolescentes. Esta influencia estaba más marcada en función de la cercanía, de la proximidad entre madre e hija. Lo alarmante del asunto es si las madres están pendientes y obsesionadas con la alimentación y con el peso y, por ello, de modo continuo siguen dietas, lo que puede predisponer a sus hijas a una conducta alimentaria y a una relación insana con la alimentación.

Otro dato curioso que insta a mantener los estudios de los cambios sociales en el comportamiento alimentario es que se desprende de un estudio sobre los estilos de las familias cuando comen fuera de casa. En este se constató una fuerte y especial asociación entre los hábitos de la figura paterna y los de sus respectivos hijos. Los autores del estudio, de la Universidad A&M de Texas, descubrieron una mayor influencia del padre frente a la madre en el hecho de que los hijos pasen mayor o menor tiempo en restaurantes y sobre el tipo de estos restaurantes. Una explicación a este hecho radica, según se informa en el estudio, en que los niños, cuando comen fuera de casa, lo hacen con mayor frecuencia en compañía del padre que de la madre.

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