Danza y correcta alimentación, un dueto posible

Los hábitos alimentarios de los bailarines están influenciados por las exigencias sobre la figura corporal que requiere su actividad
Por Elena Piñeiro 8 de enero de 2009
Img bailarines
Imagen: dalbera

Los profesionales de la danza sienten una inmensa presión para mantenerse delgados. Uno de sus mayores temores es el de ganar peso y tener que luchar contra una imagen ante el espejo y el público, al que se deben en su vida profesional y artística. En la búsqueda de unas curvas perfectas se practican hábitos alimentarios erróneos, que suelen llevar, en muchos casos, a situaciones de mala alimentación e, incluso, a trastornos de anorexia y bulimia.

Imagen: dalbera

Buscando el cuerpo perfecto, los bailarines, con más frecuencia que otro tipo de profesionales, llegan, a sufrir los temidos trastornos de conducta alimentaria como la anorexia y la bulimia nerviosas. Así lo han constatado diversos centros de investigación. Una educación nutricional adecuada y adaptada para los profesionales de la danza sería una herramienta muy válida, sobre todo para las personas que comienzan este camino en el mundo del arte.

Es conveniente que se conozcan a fondo no sólo los grupos de alimentos, sino los nutrientes, los suplementos y las raciones recomendadas en caso de algunos deportes o profesiones como ésta, en los que se necesita un límite de peso corporal que capacite a la persona para su realización.

La alimentación de los bailarines

La imagen típica de la bailarina etérea, sin redondeces ni lastres de grasa es relativamente reciente. Según Josep Toro, profesor titular de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona y consultor senior del Servicio de Psiquiatría y Psicología Juvenil del Hospital Clínico de Barcelona, «el fenómeno de la delgadez extrema de los bailarines se popularizó a mediados del siglo XIX, donde la danza contempla a sus profesionales como seres fantásticos, duendes, ninfas y sílfides, regidos físicamente por una dictadura estética que exige una extraordinaria figura corporal».

Los estereotipos creados en el mundo de la danza han llegado a exigir pesos extremadamente bajos a los bailarines, incluso a los que están en pleno proceso de maduración puberal, lo que dificulta su crecimiento y desarrollo. Un índice de masa corporal (IMC) inferior a 18 ya corresponde a bajo peso, es decir, a un peso que no permite mantener al organismo en condiciones normales de salud.

Una alimentación baja en calorías para mantener la línea no tiene por qué estar reñida con el equilibrio dietético

Sobre la ingesta alimentaria de los bailarines influyen, además de los cánones preestablecidos referidos a la figura corporal, el tipo y los horarios de un trabajo que se reparte entre las giras, las funciones y los ensayos. En un importante trabajo de investigación, de referencia para muchos autores, publicado ya hace unos años en el «Clinics in Sports Medicine», se registraron los hábitos alimentarios de bailarinas miembros de una importante compañía de ballet profesional. En él se constató como el 75% del grupo consumía menos del 85% de las calorías necesarias; el 40% ingería menos del 66% y el 20% menos del 50%. Además, los déficits de todos los nutrientes eran muy elevados.

Durante los períodos de ensayo o de creación en sede, el horario de trabajo se puede desarrollar desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde. Suele ser una práctica extendida entre los bailarines el omitir el desayuno o la comida o sustituir alguna de estas ingestas por barritas energéticas o algún snack, con el riesgo que esto comporta, ya que de esta manera afrontan las horas de mayor actividad física sin reservas energéticas suficientes.

En épocas de gira, donde los ensayos y las funciones se programan durante la tarde-noche, se dedica más tiempo al desayuno, se hace una comida ligera y la cena es más completa y se convierte en el aporte de nutrientes principal de la jornada tras la actuación. De esta forma se llegan a cumplir de forma algo mejor las tres ingestas diarias mínimas recomendadas para cualquier persona adulta sana.

Nutrición y delgadez: un delicado equilibrio

La práctica del arte de la danza, que utiliza el cuerpo como su principal medio de expresión, necesita de unos conocimientos mínimos sobre fisiología, nutrición y dietética. Cómo gestiona el organismo sus reservas, cómo se da la producción de energía a partir de los nutrientes que se ingieren con los alimentos y, en definitiva, cuándo y qué comer para rendir y disfrutar de la actividad son conocimientos muy valiosos para cualquier profesional que pretenda cuidarse.

La flexibilidad, la fuerza muscular, la potencia, la resistencia y el rendimiento cardiovascular no se pueden trabajar y mantener en el tiempo sin una alimentación adecuada. Según Francisco Manzanera, conocedor de la dietética aplicada a la danza, que ha formado parte de la Compañía Nacional de Danza dirigida por Nacho Duato y que ha trabajado con el Lyon Opera Ballet (LOB) y el Conservatoire National Supérieur de Musique et Dance de Lyon (CNSMD), «los objetivos nutricionales de los bailarines deberían de ser cuatro: la normalización de las ingestas nutricionales, la hidratación y la reposición electrolítica, una ingesta normalizada de macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas) y la suplementación con micronutrientes (vitaminas y minerales)».

La energía para el movimiento se obtiene de tres fuentes principales: los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas. El consumo de estos nutrientes de forma equilibrada puede aumentar las reservas energéticas que el organismo alberga en los músculos, el tejido adiposo y el hígado. La práctica errónea de ahorrarse ingestas durante el día puede llevar a la pérdida incluso de proteínas provenientes del músculo, lo que empeora el rendimiento, limita la flexibilidad y empobrece la actividad.

Una alimentación baja en calorías para mantener la línea no tiene por qué estar reñida con el equilibrio dietético. Se necesita un buen consejo profesional para poder construir una buena arquitectura nutricional que se amolde a cada caso en particular y que asegure al bailarín la compenetración entre su baile y su salud. Está demostrado que no hay fórmulas mágicas para perder peso.

DESÓRDENES ALIMENTARIOS

Las actitudes erróneas frente a la comida y la conducta alimentaria insana suelen darse con más facilidad entre personas que practican la danza (sobre todo clásica, ballet) que entre otros individuos de la misma edad que no la practiquen. En este sentido, desde el Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Sidney, en Australia, se han publicado algunos trabajos que documentan lo que otros muchos centros de investigación ya han constatado, y que ya es evidente en la calle.

Los expertos relatan cómo las bailarinas estudiadas presentan menos peso corporal y menos grasa que sus compañeras de estudios que no practican ballet. Están más preocupadas por su peso, por sus pensamientos sobre la comida, no comen entre horas y utilizan los laxantes como método de adelgazamiento. Los investigadores afirman que la presión que ejerce el hecho de tener que estar por debajo de lo que se considera el peso normal afecta no sólo al control de la comida y el peso, sino a toda su forma de vida.

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