Niños y móvil: un problema de padres e hijos

Controlar en qué se gasta la paga el menor y no regarle un móvil hasta los 16 años son algunas de las pautas que los psicólogos recomiendan seguir a los progenitores
Por Azucena García 8 de junio de 2005

¿Se ha parado a reflexionar sobre la conveniencia o no de regalar un móvil a su hijo? ¿A partir de qué edad pueden tener móvil niños y adolescentes? ¿Compensa a padres y madres la tranquilidad que les da el saber dónde se encuentra en cada momento su hijo, con el riesgo de que pueda sufrir problemas de concentración o dificultades para escribir correctamente como consecuencia del envío de SMS? Psicólogos infantiles y educadores han dado la voz de alarma tras analizar los datos del estudio elaborado por la organización Protégeles para el Defensor del Menor de Madrid sobre “Seguridad infantil y costumbres de los menores en el empleo de la telefonía móvil”. En él se destaca la “intranquilidad e incluso ansiedad” que llegan a sentir muchos jóvenes de 11 a 17 años cuando no pueden utilizar su teléfono móvil debido a una avería o a un castigo. En este caso, frente al 62% de los encuestados que afirma no sentir nada especial, un 28% asegura haberse encontrado “agobiado” sin su móvil y un 10% haberlo “pasado fatal”. En definitiva, los beneficios o los perjuicios de los avances tecnológicos dependen del uso que se haga de ellos.

¿Responsabilidad de los padres?

Los menores, al igual que muchos adultos, confirman abiertamente su dependencia a los móviles. La novedad es que la ansiedad que sufren por no poder utilizarlos ya no es ajena a sus progenitores, aunque no siempre sepan cómo afrontarla. Su dependencia llega a ser tal que un 7% gasta más de 40 euros mensuales en móvil, aunque para ello deba engañar o mentir a sus padres (11%) o sustraer dinero, normalmente en casa, para poder recargar el saldo.

Su dependencia llega a ser tal que un 7% gasta más de 40 euros mensuales en móvil, aunque para ello deba engañar o mentir a sus padres (11%)

Así lo indica el último estudio elaborado por la organización Protégeles para el Defensor del Menor de Madrid titulado “Seguridad infantil y costumbres de los menores en el empleo de la telefonía móvil”.

En este nuevo hábito educadores y psicólogos revelan que el papel de padres y madres resulta determinante, no sólo por convertir el teléfono móvil en el regalo estrella de la Navidad, comuniones y cumpleaños, sino por haber “animado” a sus hijos a llevar consigo estos aparatos para tenerles siempre localizados. El interés por saber dónde están y con quién (aunque siempre queda la opción de no decir la verdad) ha puesto en manos de los menores unos artilugios que, si bien les pueden ayudar en momentos de necesidad, también les causan problemas de concentración en los colegios y de ansiedad.

¿Responsabilidad de los padres?

Por su parte, desde la Federación vizcaína de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, Ramiro Pascual reprocha a los padres que “con la excusa de regalar el móvil como medida de control de sus hijos no entiendan que en realidad el niño ahora tiene un exceso de oferta y esto le lleva al hastío y el aburrimiento prematuro”.

En este sentido, desde la Confederación Católica de Padres de Alumnos (Concapa), su portavoz, José María Ruiz, asegura que “se está creando en el niño una dependencia inmensa, hasta el punto de que en los recreos siempre está con el móvil en la mano y en clase tampoco lo apaga. Por no hablar de la pérdida del lenguaje y la grafía al concentrar en unos 160 caracteres, los que soporta un SMS, todo lo que quieren comunicar a los padres o al amigo”, añade.

Muchos colegios han prohibido ya el uso del móvil durante el horario escolar, aunque en ocasiones de poco sirve ya que los menores reconocen recurrir al modo “silencio” o “vibrador” para evitar que, cuando reciben una llamada o un mensaje, los profesores se enteren de ello. La psicóloga del Barrio lo confirma: “al final, el despiste es el mismo y las prohibiciones acaban sirviendo de poco”.

Confiar más en los hijos

Los expertos consideran que son los padres quienes más pueden colaborar en esta situación y apuestan por que sean ellos, precisamente, quienes “dejen de dotar a los niños de instrumentos excesivos para la edad que tienen”. Los padres aseguran que están más tranquilos si el niño lleva móvil -explica Del Barrio-, pero no se percatan de que su hijo tiene en la mano un juguete que utiliza en una dimensión más allá de lo que está a su alcance. “Estamos llenando a los niños de vida adulta cuando tendrían que vivir la niñez. Antes no se podía regalar a los hijos todo lo que pedían porque no había dinero, mientras que ahora sí se hace y muchos niños no tienen edad para digerir este tipo de cosas -continúa-. Los padres actuales tienen suficiente dinero pero no suficiente criterio. Suelen decir a todo que sí para no crear un litigio con sus hijos, pero los niños tienen que tener unas normas”.

Confiar más en los hijos

Por esta razón, los psicólogos infantiles consideran que los progenitores no deben dar a sus hijos todo lo que quieren por mala conciencia, porque no pueden dedicarles el tiempo que necesitan, porque esto puede traer “consecuencias muy negativas”. Facilita que el niño que no tenga un móvil se pueda sentir inseguro sin él y no esté atento en el colegio. Además hay que contar con que los niños discriminan muy fácilmente a otros por ser ‘diferentes’, una razón de peso para los padres que no quieren que su hijo sufra ningún tipo de acoso ni presión por ser el único que no tiene móvil.

Se cuestiona además la ‘seguridad’ de un padre por saber donde está su hijo, porque a los mensajes amenazantes que pueden recibir los menores en su móvil se unen también los anuncios publicitarios que llegan a los terminales, algunos de ellos incitando a los menores a participar en concursos y juegos de azar tipo casino (72%) e, incluso, imágenes pornográficas (9%). “Todas las cosas -reconoce la doctora Del Barrio- tienen su cara y su cruz”.

Entonces, ¿qué edad es la adecuada para que un menor tenga su propio móvil? No es fácil detectar el mejor momento o la mejor edad para regalar el primer móvil a un menor

No es fácil detectar el mejor momento o la mejor edad para regalar el primer móvil a un menor

. Para José María Ruiz resulta muy difícil contestar a esta pregunta porque-según indica- requiere de un equilibrio para no intentar agradar siempre a los hijos, porque hay una edad para todo. “Al niño se le enseña con el ejemplo y si el padre utiliza el último modelo en móviles para demostrar su status ante sus amigos es muy probable que el niño quiera imitarle”, apunta. En esta línea, como portavoz de Padres de Alumnos, Ramiro Pascual lamenta que se estén creando a los menores “problemas no propios de niños”, por lo que insiste en la necesidad de que los padres aprendan a decir ‘NO’ y recuerda que los castigos no conducen a ninguna parte. “Hay que ser coherentes en la educación y tener confianza mutua, en lugar de recurrir al móvil para saber dónde se encuentra el hijo”, subraya.

¿Qué pautas deben seguir los padres?

Las opiniones son diversas, pero las conclusiones muy similares. Para la psicóloga Araceli Medrano, está claro que las principales pautas a seguir por los progenitores pasan en, primer lugar, por controlar en mayor medida el dinero del que disponen sus hijos. Así, es muy importante acordar con el niño una paga semanal que le sirva para cubrir sus gastos, pero no exclusivamente los que genere el móvil: “Hay que enseñarle a autogestionarse y no dar o regalarle todo lo que pide, a no ser que tenga la madurez o responsabilidad suficiente como para hacer un buen uso de ello”.

Además, durante los primeros años, es preferible que el menor disponga de un terminal de prepago

Durante los primeros años es preferible que el menor disponga de un terminal de prepago

, ya que los teléfonos con contrato, cuya factura por lo general es abonada por los padres, les predisponen a utilizar el aparato sin límites y hacer un gasto mayor. En este sentido, Medrano recuerda que hay que enseñar a los niños a hacer un “uso responsable” del teléfono y aconseja no regalar un móvil hasta los 16 años, puesto que “entre los 11 y los 15 años, los niños no tienen por qué disponer de un teléfono propio. En todo caso, los padres pueden prestarle el suyo para una ocasión puntual y enseñarle que el gasto no tiene por qué ser tan desmesurado”.

Sobre el “chantaje moral” que puede suponer para los padres el conocer que algunos niños se ríen de sus hijos por no tener móvil, los psicólogos recomiendan hablar con los pequeños para hacerles entender el verdadero valor de la amistad y de las relaciones con los demás, de manera que “si un niño rechaza a otro por esta circunstancia, habría que enseñar al menor a buscar otros amigos en lugar de ceder, porque entonces más adelante pedirá otra cosa”. “Lo más importante es inculcar en los jóvenes el uso responsable del teléfono móvil, que no se consigue hasta los 17 ó 18 años, y que los padres aprendan a decir un NO a tiempo -resume Medrano-. De lo contrario, se puede comenzar una cadena de elementos con efectos muy perniciosos”.

Llamadas y mensajes, a diario

Esta llamada de atención de psicólogos infantiles y representantes de padres y alumnos está provocando que se debata esta situación a partir de los datos alarmantes que revela el estudio elaborado por la organización Protégeles para el Defensor del Menor de Madrid. El informe destaca la “intranquilidad e incluso ansiedad” que llegan a sentir muchos jóvenes de 11 a 17 años cuando no pueden utilizar su teléfono móvil, por lo general, debido a una avería de éste o a un castigo. En este caso, frente al 62% de los encuestados que afirma no sentir nada especial, un 28% asegura haberse encontrado “agobiado” sin su móvil y un 10% haberlo “pasado fatal”. Se trata de reacciones de dependencia creadas por las nuevas tecnologías, que incluso en algunas ocasiones han requerido una atención personalizada. “De momento, son casos aislados, pero todos ellos pronto serán motivo de una investigación”, mantiene la psicóloga infantil Victoria del Barrio.

Pese a que los teléfonos móviles comenzaron a popularizarse con la excusa de realizar o recibir llamadas en circunstancia de apuro o necesidad, en la actualidad se han convertido en auténticos ordenadores de bolsillo con multitud de funcionalidades. De hecho, aunque el 24% de los menores que posee un celular realiza llamadas telefónicas casi a diario, la cifra se duplica (50%) en el caso de quienes envían mensajes o SMS, mientras que el 14% también ha chateado con él, incluso con desconocidos (7%)

Aunque el 24% de los menores que posee un celular realiza llamadas telefónicas casi a diario, la cifra se duplica (50%) en el caso de quienes envían mensajes o SMS, mientras que el 14% también ha chateado con él, incluso con desconocidos (7%)

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Desde hace algún tiempo, las principales compañías de telefonía móvil han puesto en marcha un servicio de localización de personas que permite a un individuo conocer el lugar exacto en el que se encuentra otro. Así, bajo el explícito nombre de ‘Localízame’, Movistar ha lanzado esta práctica fórmula que permite saber la ubicación de una persona “a todas aquellas a las que haya dado autorización previa para que lo conozcan”.

El sistema es sencillo: para darse de alta sólo es necesario llamar al 424 e indicar el número de teléfono de las personas que el cliente quiere que conozcan el lugar en el que se encuentra. Posteriormente, bastará con que alguno de estos usuarios llame al 424 o envíe la palabra ‘buscar’ al 609 123 456 para que reciba una llamada o un mensaje de texto, respectivamente, en el que se le indique la ubicación solicitada.

Resulta muy útil para localizar a personas mayores o con alguna discapacidad, aunque también puede ser de gran ayuda para los padres preocupados por que sus hijos se retrasan en la hora de llegada a casa por la noche, ya que a través de un mensaje de texto o de voz, el cliente conoce en tiempo real la posición aproximada del usuario del móvil -calle, población y código postal-, “con un margen de error de 200 metros en ciudad y de 5 a 20 kilómetros en zonas rurales”, aseguran desde la compañía.

El servicio no supone el pago de cuotas mensuales o de conexión, aunque la recepción de los mensajes es de 0,45 céntimos si la localización tiene éxito, y gratuita si la localización no tiene éxito. En el caso de los mensajes de voz, el coste asciende a 0,12 céntimos de establecimiento de llamada y 0,25 céntimos por minuto.

También existe la posibilidad de conocer la ubicación a través de la página web del servicio, donde se muestra además un mapa de la zona en que se encuentra el hijo o la persona que se desea localizar. El coste es de 0,45 céntimos si la localización tiene éxito y gratuita si la localización no tiene éxito.

Por su parte, Amena ha puesto en marcha un servicio similar, denominado ‘¿Dónde estás?…’ y con el que el cliente “puede consultar las coordenadas geográficas correspondientes a la posición aproximada en que se encuentra”. Es decir, si se encuentra perdido y desea conocer su posición, tan sólo debe enviar un mensaje de texto o llamar al 222, elegir la opción adecuada -‘Servicios Localización’ y ‘Dónde’-, y recibirá al final de cada petición mensajes de texto gratuitos con la información requerida.

En el caso de Vodafone, el servicio no se comercializa para clientes, pero la compañía cuenta con un programa de teleasistencia a personas mayores y mujeres maltratadas, entre otras, que, impulsado por la Fundación Vodafone y gestionado por Cruz Roja Española, permite conocer también dónde se encuentran los usuarios.

Independientemente de este servicio concreto, ocho de cada diez menores han sido ya dueños de más de un modelo de teléfono diferente: el 24% posee su tercer móvil y otro 24%, el cuarto. Alegan los adolescentes que los terminales móviles les han permitido ampliar su círculo de amistades y ser más sociables, aunque el 19% no oculta tampoco que ha enviado mensajes amenazantes o insultantes a otras personas (al margen de bromas) y un 18% se ha sentido “acosado” a través del móvil.

“El niño tiene ahora dos preocupaciones: si no lleva el móvil se inquieta porque cree que va a perder la gran oportunidad de su vida al no coger esa llamada o leer ese mensaje, y a la vez puede recibir comunicaciones amenazantes”, alerta la psicóloga.

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