Entrevista

Juan Lerma, presidente de la Sociedad Española de Neurociencias (SENC)

Cuando una persona convulsiona, hay que tumbarla de lado, evitar que se golpee y no meterle objetos en la boca
Por Clara Bassi 12 de junio de 2012
Img juan lerma list
Imagen: CONSUMER EROSKI

La epilepsia es una enfermedad de los circuitos del cerebro que lleva a una parte de los pacientes a sufrir movimientos descontrolados y espasmódicos. Aunque estos no son los únicos síntomas. A menudo, muchos sufren una especie de desconexión, otra manifestación de la enfermedad. El 80% de afectados consigue un buen control de la epilepsia y de sus crisis con fármacos, mientras que en el 20% restante los medicamentos no hacen efecto y los pacientes necesitan una cirugía. Pero, ¿qué hacer ante una crisis convulsiva de un compañero en el trabajo o un niño en la escuela? Con motivo del Día Mundial de la Epilepsia, celebrado recientemente, Juan Lerma, presidente de la Sociedad Española de Neurociencias (SENC) y director del Instituto de Neurociencias de Alicante, del CSIC-UMH, ofrece algunas recomendaciones y aporta información sobre los avances que se han producido en esta enfermedad del cerebro.

¿Es muy frecuente la epilepsia entre la población española?

Se calcula que la incidencia de epilepsia es de 1 caso por cada 150 o 200 personas y, según esta estimación, en España habría entre 350.000 y 400.000 afectados, lo que no es nada despreciable. Sin embargo, es una afección que, entre las enfermedades del cerebro, no entraña un gran riesgo de muerte. La incidencia de muerte es baja.

¿Pero tiene un impacto en la calidad de vida de estos pacientes?

“La epilepsia se puede controlar bien en el 80% de los casos”

La epilepsia se puede controlar bien en el 80% de los casos con la medicación adecuada. Salvo las limitaciones que confieren los propios fármacos, que pueden afectar al cerebro por lo que hay que tener ciertos cuidados, como no conducir, no utilizar máquinas complicadas o peligrosas, los pacientes pueden llevar una vida normal. Además, gran parte de las crisis epilépticas remiten o quedan bien controladas. La incidencia de situaciones que no se controlan bien es baja, del 20%, y corresponden a casos resistentes a los fármacos y que dan problemas más serios. Al no funcionar el tratamiento farmacológico, se deben aplicar tratamientos más invasivos, como la cirugía. Esta solución para la epilepsia es efectiva; el problema que conlleva es que se debe localizar el foco epiléptico.

¿Y es dificultoso localizarlo?

A veces no se consigue. Aunque con las últimas técnicas de imagen cerebral se identifican mucho mejor que hace diez años. Este método ha constituido un avance médico y científico que ha redundado en una mayor fiabilidad y precisión de la cirugía de la epilepsia.

Si los fármacos antiepilépticos actúan sobre el cerebro, ¿pueden, a largo plazo, producir efectos secundarios?

“La ‘dieta antiepiléptica’ debe estar muy bien pautada y vigilada por el médico”

Más que por los fármacos, es debido a la propia enfermedad. Por ejemplo, la epilepsia del lóbulo temporal [parte del cerebro, localizada aproximadamente detrás de cada sien], la forma más común y una de las más refractarias a los fármacos, se asocia a una esclerosis y deficiencias cognitivas. Pero son un extremo, ya que hay una gran cantidad de epilepsias benignas, en las que no hay estados convulsivos. Este tipo de enfermedad se caracteriza por otros síntomas, como los vahídos o ausencias (que serían el ataque de epilepsia) que ocurren cuando el cerebro está funcionando mal. Ahora, con las técnicas de imagen, se pueden observar las zonas esclerotizadas que han sufrido un daño cerebral (muerte de neuronas). Cuando esto sucede, se forman fibras de tejido diferente que se pueden ver a través de la resonancia magnética (RM) o la tomografía por emisión de positrones (PET), con las que también se pueden observar zonas no conectadas. Con la resonancia magnética funcional (RMf) se pueden detectar focos epilépticos, dónde surgen y dónde se conforman a la larga. La epilepsia es una enfermedad de la excitabilidad no controlada.

Con motivo del reciente Día Mundial de la Epilepsia, se han difundido consejos acerca de cómo actuar cuando una persona sufre un ataque.

Lo principal, cuando una persona está convulsionando, es evitar que se dé golpes, ya que, con los movimientos espasmódicos que sufre puede hacerse daño. Es importante que no se caiga y tumbarla, por si pierde la conciencia. Tampoco hay que meterle objetos en la boca -que puede romper y tragar- y se le han de mantener las vías respiratorias abiertas para evitar que se asfixie, procurando que no se amontone gente a su alrededor. Además de estas medidas, hay que llamar a los servicios médicos lo antes posible. Habitualmente, los ataques convulsivos remiten en dos minutos.

Cuando se sabe que una persona sufre epilepsia, ¿hay que tener algún cuidado especial en su ámbito laboral o en el aula del colegio, si es un niño?

Se debe aplicar el sentido común. Si sabemos que una persona puede sufrir convulsiones, es básico que no esté rodeada de objetos duros y que se la pueda tumbar en una cama o sofá blando si sobreviene un ataque. Hay que tener en cuenta que no pueden controlar los movimientos de los músculos. Estos se contraen de forma espasmódica porque el cerebro realiza descargas sincrónicas que afectan a la corteza motora. Esto explica que los músculos se contraigan y se relajen.

Antiguamente, se relacionaba la epilepsia con personas endemoniadas o que padecían algún tipo de locura. ¿Cree que la enfermedad todavía provoca temor y que es tabú?

“Algunas epilepsias tienen su origen en sonidos y luces fuertes”

Hay un estigma respecto a esta enfermedad, pero que ocurre con la epilepsia y con cualquier otra patología del cerebro que afecta a la esencia del ser humano, a su comportamiento, a las facciones de la cara y a la forma de mirar. A la gente le da miedo y, por eso, en la antigüedad se la relacionaba con la locura o los demonios, entre otras cosas. Hoy, no hay razón para que esto siga así. La epilepsia no es una de las enfermedades cerebrales más graves. Uno de los objetivos del Día Mundial de la Epilepsia ha sido difundir información sobre esta enfermedad, que en la mayoría de los casos se debe a un mal funcionamiento cerebral que se puede controlar con medicamentos, aunque hay un porcentaje pueden desarrollarse tras haber sufrido un traumatismo cerebral, un tumor o una lesión cerebral que, a su vez, pueden ser transitorias o crónicas. También se sabe que, en un porcentaje muy pequeño, la epilepsia tiene una base genética; hay genes que hacen más susceptibles a un individuo de desarrollar la enfermedad.

¿Hay alguna medida higiénico-ambiental que las personas epilépticas puedan aplicar para prevenir la aparición de las crisis?

Sí. Algunas epilepsias son audiogénicas, es decir, que las crisis convulsivas tienen su origen en los sonidos fuertes o las luces fuertes, como los flashes repetitivos.

¿Estas personas pueden ir a una discoteca?

No deberían, pero esto no sucede en todos los casos. Hay personas que nunca tendrán ataques epilépticos por luces o sonidos fuertes. También hay determinados tipos de alimentación que pueden favorecer las crisis. De hecho, hay una dieta “antiepiléptica”, o dieta cetogénica, que puede ayudar a controlar las convulsiones y que se basa en no consumir hidratos de carbono y en ser muy rica en grasas: al metabolizar los ácidos grasos se generan cuerpos cetónicos que se caracterizan por inhibir la excitabilidad cerebral. Pero hay que tener en cuenta que la ingesta excesiva de grasa también da problemas: estos cuerpos cetónicos también pueden acumularse en el hígado o el riñón y provocar una malfunción.

Es decir, que hay que someterse a esta dieta bajo estricto control médico.

Sí, ha de estar muy bien pautada y vigilada por el médico. El neurólogo debe indicar el tratamiento y hacer un seguimiento estricto. Precisamente, este es un camino que toma la medicina en los últimos años: la medicina personalizada. Y no solo con la dieta, sino con los fármacos. Las dosis no pueden ser las mismas para todos, ya que no solo varían en función del peso, sino también del efecto más o menos intenso que tenga en cada persona.

El cerebro, ese gran desconocido

La epilepsia es una enfermedad de los circuitos del cerebro (de cómo están organizadas las neuronas en estos circuitos). En el cerebro hay circuitos inhibitorios -con una función inhibitoria- y otros con excitatorios. Y ambos funcionan de forma equilibrada. “Es como si el sistema constara de un freno y un acelerador que, cuando están en equilibrio, funcionan a una velocidad determinada y no sucede nada. Pero si ese balance se rompe, si predomina la inhibición, puede aparecer una depresión y, si predomina la excitación, problemas como la ansiedad o la epilepsia, enfermedad en la que millones de neuronas se sincronizan y disparan a la vez”, explica Juan Lerma.

“Al ser un órgano muy complejo, aún se está lejos de saber cómo funciona el cerebro, incluso a nivel básico, sobre todo, cómo interactúan las neuronas en estos circuitos”, añade Lerma. El estudio del funcionamiento de estos circuitos, cómo se mantienen en equilibrio y cómo se rompe este balance es, en concreto, una de las líneas de investigación actuales en epilepsia, junto a la identificación de nuevas dianas terapéuticas (focos contra los que dirigir los medicamentos) y de mutaciones en determinados genes que expliquen la predisposición a la epilepsia.

Sigue a Consumer en Instagram, X, Threads, Facebook, Linkedin o Youtube