Si acabar con el hambre en el mundo es posible, ¿por qué persiste?

El hambre afecta a 1.000 millones de personas y, aunque hay alimentos para todas, no pueden acceder a ellos por diversos motivos, como el precio o el cambio climático
Por Azucena García 31 de mayo de 2013
Img hambrea3cecocafen1
Imagen: CECOCAFEN

Los alimentos que se despilfarran en Estados Unidos cada año podrían alimentar a los 1.000 millones de personas que pasan hambre en el mundo, un desequilibrio que no puede pasar inadvertido ante lo que sucede a tan solo unos kilómetros: los que separan el Norte desarrollado del Sur en desarrollo. Diversos informes aseguran que en el mundo hay alimentos suficientes para toda la población, pero se idean galletas enriquecidas para combatir la desnutrición infantil o se plantea el uso de insectos como fuente de proteínas. ¿Por qué? Este artículo explica cinco factores que impiden acabar con el hambre en el mundo, las consecuencias de la desnutrición infantil y materna y los usos posibles de los insectos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO) calcula que casi 870 millones de personas en todo el mundo padecen subnutrición crónica, aunque la cifra de afectados por el hambre se eleva a 1.000 millones. Se podría entender que esto se debe a una falta de alimentos, pero UNICEF lo desmiente: «En el mundo hay suficientes alimentos y recursos para satisfacer las necesidades de toda su población». Incluso, en 2008, hasta 1.400 millones de adultos tenían sobrepeso u obesidad. ¿A qué se debe este desequilibrio?

«Hoy producimos un 17% más de calorías diarias por persona que hace 30 años», según Manos Unidas, pero no están bien repartidas

Por su parte, el informe de UNICEF ‘Mejorar la Nutrición Infantil: Imperativo alcanzable para el progreso global‘ destaca una «mejora de las políticas de nutrición, programas y cambios de comportamiento» en 11 países: Etiopía, Haití, India, Nepal, Perú, Ruanda, República Democrática del Congo, Sri Lanka, Kirguistán, República Unida de Tanzania y Vietnam.

A su vez, el informe de Manos Unidas ‘El desafío del hambre’ revela que «hoy producimos un 17% más de calorías diarias por persona que hace 30 años». Sin embargo, por varias razones, estas no están bien repartidas. Manos Unidas subraya cinco.

Cinco factores que impiden acabar con el hambre en el mundo

  • 1. Inaccesibilidad a los alimentos.

Hay alimentos suficientes, pero no al alcance de todos. ¿Los motivos? Falta de medios para cultivarlos, producirlos (ganadería) u obtenerlos (caza, pesca y recolección), o bien carecer de recursos económicos para adquirirlos en los mercados. El derecho a la alimentación no implica solo que se garantice su consumo, sino que debe englobar políticas salariales para contar con ingresos que ayuden a combatir el hambre. Además, es fundamental proveer de alimentos en caso de emergencia, ya que entonces se dificultan aún más las posibilidades de acceso a los alimentos, pese a ser el momento en el que la población está incluso más débil.

  • 2. Cambio climático y degradación medioambiental.

Relacionada con la anterior idea, surge la necesidad de responder ante las consecuencias del cambio climático y los desastres naturales causados o acrecentados por esta circunstancia. «Hambre, sequía y enfermedades» son efectos de estos fenómenos, pero los cambios provocados por el calentamiento global afectan a los ecosistemas y «conllevan impactos directos en la disponibilidad de recursos de agua y alimentos» o «en la fertilidad de las tierras y las posibilidades de pesca». En este contexto, otro alimento y bien común, el agua, también se verá afectado por la subida del nivel del mar y la consecuente salinización de los acuíferos cercanos al mar, que no servirán para beber o regar los cultivos.

  • 3. Producción de biocombustibles.

Los biocombustibles generan dudas sobre su viabilidad e impacto medioambiental. Son combustibles de origen no fósil, es decir, pueden provenir de alimentos o ciertos cultivos, entre otros. De cumplirse las previsiones para la obtención de biocombustible que sustituya al combustible tradicional, será necesario ocupar cada vez más hectáreas dedicadas ahora al cultivo agrícola y, por lo tanto, al consumo humano.

  • 4. Acaparamiento de tierras.

Preocupa sobremanera. Intermón Oxfam (IO) explica de este modo en qué consiste el acaparamiento de tierras: «Es la compra de grandes extensiones de tierra para monocultivos para la exportación o para la producción de biocombustibles». Los suelos se venden a países extranjeros -empresas y gobiernos- y se arrebata a la población local la posibilidad de cultivar en ellos, pero además, advierte IO, «provoca violaciones de los derechos humanos, destrucción de los medios de vida de las comunidades que dependen de la tierra para subsistir y desplazamiento forzoso de personas». Manos Unidas pone de relieve otra preocupación: «Según un informe del Alto Nivel de Expertos del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CFS), de 2011, se estima que entre 50 y 80 millones de hectáreas estarían en negociaciones para ser transferidas a inversionistas, mayoritariamente privados y extranjeros».

  • 5. Volatilidad de los precios de los alimentos y el comercio internacional.

Algunos costes son inaccesibles. El peor momento se vivió entre 2005 y 2008, cuando «los precios mundiales de los alimentos básicos alcanzaron sus máximos valores en 30 años». Pero todavía en 2010 los importes de los cereales aumentaron un 50% y no comenzaron a caer hasta el segundo trimestre de 2011, destaca el informe de Manos Unidas.

Consecuencias de la desnutrición infantil y materna

No comer lo suficiente implica carecer de la energía necesaria para desarrollar una vida activa. Esto significa una limitación muy importante en la vida de las personas afectadas. Señalan Manos Unidas y UNICEF que la desnutrición crónica:

  • Reduce el rendimiento en la escuela y dificulta el estudio, el trabajo o la práctica de cualquier actividad que requiera esfuerzo físico.
  • Ralentiza el crecimiento infantil, tanto físico como mental.
  • Debilita el sistema inmunológico y hace más vulnerable a enfermedades e infecciones, que pueden causar la muerte.
  • Retrasa el desarrollo del cerebro y de la capacidad cognitiva, un daño que puede ser irreversible.
  • A largo plazo, provoca efectos negativos en la productividad y el crecimiento económico de un país.

Junto con lo anterior, la desnutrición tiene también consecuencias sobre las mujeres embarazadas, que «dan a luz a bebés débiles y con falta de peso», además de enfrentarse «a un mayor riesgo de muerte». Por su parte, en general, las personas adultas que no se alimentaron bien de pequeñas, «no tienen condiciones de desplegar su máximo potencial intelectual, físico y, por ende, productivo», señala UNICEF en un informe sobre América Latina y el Caribe.

El informe de UNICEF recalca que uno de cada cuatro niños menores de cinco años, 165 millones, sufre desnutrición crónica. Esto significa que carecen de una alimentación adecuada que satisfaga las necesidades alimentarias de cada persona, en función de su edad, condiciones o estado de salud, entre otros factores. Tierra de Hombres eleva a 200 millones el número de niños en todo el mundo afectados por malnutrición, «en especial los que viven en los países más empobrecidos». Para combatir esta situación, promociona el Día de la Nutrición, una jornada enmarcada en una campaña para erradicar el hambre y la desnutrición en los países más empobrecidos.

Comer insectos: ¿una posible solución?

Los humanos consumen más de 1.900 especies de insectos, por lo que la FAO propone aprovecharlos

En la Conferencia Internacional sobre los Bosques para Seguridad Alimentaria y Nutricional, celebrada del 13 al 15 de mayo en Roma, el director general de la FAO, José Graziano da Silva, afirmó que “los animales silvestres y los insectos son a menudo la principal fuente de proteínas para la población en las zonas forestales”. El dato hubiera sido una anécdota si no fuera porque la directora de la División de Economía, Políticas y Productos Forestales, Eva Muller, añadió, en referencia a los insectos, que son un recurso cuyo potencial como alimento, “y sobre todo, como pienso”, está “prácticamente por explotar”.

El estudio de la FAO ‘Edible insects. Future prospects for food and feed security’ (‘Insectos comestibles: perspectivas de futuro para la seguridad alimentaria y alimentación para el ganado’), dirigido por Muller, afirma que los insectos son “una fuente importante y fácilmente accesible de alimentos nutritivos y ricos en proteínas”. De ellos, se ha comprobado que los humanos consumen más de 1.900 especies, por lo que la FAO propone aprovechar estos recursos.

Se pueden consumir o, incluso, se plantea su cría sostenible, de manera que puedan usarse para la fabricación de piensos, en lugar de emplear harina de pescado, y registrar así “un aumento del suministro de pescado para el consumo humano”. Esta no es todavía una posibilidad real, ya que los insectos se alimentan en su mayoría de residuos, estiércol líquido o desechos alimentarios y buena parte de la legislación de las naciones industrializadas “impide alimentar” con estos materiales a los animales.

Sigue a Consumer en Instagram, X, Threads, Facebook, Linkedin o Youtube