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Freud y la vigencia del psicoanálisis

En el 150 aniversario del nacimiento de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, algunas voces cuestionan la eficacia de esta teoría mientras otras le auguran un próspero futuro

 
Sigmund Freud visto por el fotógrafo Max Halberstadt (1882-1940)
Imagen: Mary Evans Picture Library

¿Continúa el psicoanálisis vigente? ¿Es una teoría válida para el futuro? Con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Sigmund Freud, considerado padre del psicoanálisis, son muchas las incógnitas que se plantean respecto a una corriente que vivió su momento de esplendor a finales del sigo XIX, pero que en la actualidad ha sido puesta en tela de juicio por algunos autores. De un lado, se acusa al psicoanálisis de carecer de base científica y de recurrir a un tratamiento excesivamente largo -puede durar hasta seis años. Del otro, los defensores de las teorías freudianas aseguran que se encuentra en plena vigencia, y que mientras haya quien quiera comprender el origen de un trastorno en lugar de recurrir a psicofármacos para calmar la ansiedad o hallar solución a su problema, el psicoanálisis no desaparecerá.

Origen y evolución

A finales del siglo XIX, Josef Breuer, médico internista vienés, y su colega, el neurólogo Sigmund Freud, descubrieron que un número nada despreciable de sus pacientes histéricos lo eran como consecuencia de las vivencias traumáticas vividas en el pasado. La idea surgió de una conversación entre ambos a raíz de Bertha Pappenheim, conocida defensora de los derechos de la mujer y los niños que pasaría a la historia con el nombre de Anna O. Breuer la trataba desde años atrás a causa de un cuadro de histeria y había descubierto el alivio que suponía para la mujer conversar sobre su enfermedad, lo que ella denominaba «cura por la palabra». Breuer decidió entonces someterla a hipnosis y constató que, durante el trance, la mujer recordaba cosas que no era capaz cuando estaba consciente, y que eran precisamente estos episodios los que la estaban ayudando a superar su problema. Los resultados suscitaron el interés de Breuer y Freud, que comenzaron a reflexionar sobre un nuevo método de tratamiento. Había nacido el psicoanálisis.

En los años posteriores, Freud se dedicó a profundizar en esta nueva corriente, hasta tal punto que hoy se le reconoce mundialmente como el padre del psicoanálisis. Por ello, cuando se cumplen 150 años de su nacimiento (6 de mayo de 1856) el clima de celebración es unánime en muchos países del mundo. Grandes ciudades como Viena, París, Roma, Londres o Nueva York conmemoran este aniversario con múltiples exposiciones, conferencias y debates.

Que la cultura occidental preste tanta atención a Freud y a su teoría podría considerarse algo así como «una buena señal» sobre la importancia de su legado, dice Eduardo Chamorro, profesor en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, director de un Máster en Teoría Psicoanalítica y coordinador de un Programa de Doctorado en Psicoanálisis. «Pero conviene ser críticos», advierte. «Hoy, en un momento de escasez de creatividad, de desconcierto, en el que la cultura se pregunta qué papel le corresponde, es explicable que se vuelva hacia su propio pasado e intente reconocerlo como propio y así reconocerse», continúa.

La plena vigencia del psicoanálisis se mantiene hasta la llegada de la psicobiología, mediada la década de los 70

A modo de síntesis, se puede considerar que el psicoanálisis nació en 1895, con las investigaciones sobre Anna O. En los años posteriores, se asentó como tratamiento de cura de pacientes histéricos o con angustias y triunfó entre un buen número de sectores que estudiaban la salud mental. Aurelio Argaya, director de la Asociación Española de Psicoanálisis Freudiano y del centro Oskar Pfister, recuerda que el psicoanálisis tuvo hacia 1920 una «época dorada» en Europa y en Norteamérica. «Fueron momentos extraordinarios en los que [el psicoanálisis] se extendió por muchos países», explica. El auge siguió, y aunque a partir de 1934 experimentó un pequeño declive, después de que Freud se viera obligado a emigrar tras la anexión de Austria por la Alemania nazi, el psicoanálisis recuperó su influencia. En buena parte, como consecuencia de la obligada diáspora de intelectuales de origen judío, como era el caso del propio Freud. En esta época, muchos psicoanalistas que ya se habían formado se marcharon a Estados Unidos, Inglaterra, Francia y diversos países de Sudamérica. Fue entonces cuando llegó el esplendor del psicoanálisis, con algunas vertientes y corrientes que empezaban a marcar diferencias con las freudianas originarias.

Pese a la muerte de Freud en 1939, el psicoanálisis mantuvo su vigencia hasta 1970, con la introducción de elementos nuevos y cambios. A partir de los años 40, las corrientes de Jacques Lacan y otros autores cobraron fuerza en países como Francia y desplazaron en parte a las teorías freudianas, que, sin embargo, no llegaron a extinguirse. En esta época, destacaron también los trabajos de discípulos de Freud, como Carl G. Jung, Alfred Adler u Otto Rank, y los de psicoanalistas como Karen Horney o Melanie Klein, que introdujo importantes novedades en el psicoanálisis infantil. Posteriormente, desde mediados de los 70, en las facultades de psicología y en los estudios de psiquiatría se va tomando una orientación biológica con la aparición de nuevos fármacos y se empieza a dejar en segundo plano la psicoterapia, «a favor de las corrientes cognitivo-conductuales que, de alguna manera, cuestionan al psicoanálisis», señala Argaya.

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