Pianistas: salidas alternativas a la carrera tradicional

Pianistas profesionales y estudiantes se ganan la vida con trabajos temporales en restaurantes, actuaciones en eventos o componiendo para publicidad y videojuegos
Por Mayra Bosada 13 de abril de 2008
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Imagen: Dale Chumbley

Inestabilidad laboral

El sueño de todo pianista es tener un trabajo estable, ya sea dedicándose a componer o bien dando recitales y conciertos como solista o acompañado de otros músicos. Sin embargo, mientras llega tan ansiado día, muchos músicos profesionales y estudiantes de este instrumento tienen que ganarse la vida con trabajos temporales relacionados con la música, como tocar en restaurantes y hoteles, actuar en eventos o componer melodías publicitarias, para el cine o videojuegos.

Ser pianista y ganarse la vida como concertista no es una meta fácil de alcanzar, ya que generalmente no hay continuidad ni estabilidad laboral, según asegura el pianista Tomás Guerra Julià. Muchos de estos profesionales, que invierten una media de 14 años en estudiar la carrera de Solfeo y Piano, terminan como profesores en alguna escuela o conservatorio, porque es un trabajo más estable y, sobre todo, porque ser concertista exclusivamente es muy difícil. Algunos, para dar salida a sus dotes interpretativas, combinan su labor docente con trabajos como tocar en restaurantes o ceremonias, como explica Marina Alcolea, integrante de “Eufonía”, un dúo de violín y piano creado para actuar en eventos, quien asegura que poder vivir tan sólo de tocar es lo ideal, “aunque sea de pianista de hotel o restaurante”. Pero se trata de una profesión más arriesgada que la de profesor, porque “es casi imposible lograr que a un pianista de hotel lo hagan fijo”.

En lugares como Barcelona o Madrid, un pianista puede llegar a cobrar 200 euros por un par de horas de actuación

Los precios de sus actuaciones son sugeridos siempre por el propio artista, aunque están sujetos a lo que dicta el mercado y varían en función de la ciudad donde se ofrezca el trabajo. En lugares como Barcelona o Madrid, un pianista puede llegar a cobrar 200 euros por un par de horas de actuación, pero en otras zonas los honorarios oscilan entre 90 y 150 euros. Cuando el músico desea tener continuidad en un restaurante u hotel, suele pedir menos dinero por su trabajo, pero si le interesa tocar puntualmente puede solicitar más dinero y arriesgarse a que lo acepten o no, como asegura Guerra Julià. Respecto a sus deberes para con el fisco, los pianistas pagan sus impuestos bajo el régimen de artistas, lo que les permite no verse obligados a cotizar Seguridad Social. A veces -según indica el músico- se encuentran contratos por “obra o servicio”, pero son raras las ocasiones en las que se les ofrece un trabajo estable.

Las bodas, lo más rentable

La mayoría de músicos realiza varios trabajos a la vez, como tocar en bares musicales, actuar en bodas… e incluso, si no se llega a fin de mes, tienen que dedicarse a otro tipo de actividades no relacionadas con la música. De entre todas ellas, sin duda, tocar en bodas o ceremonias especiales, y acompañados por otros músicos, es el trabajo temporal con el que estudiantes y pianistas ganan más dinero extra. En esta clase de trabajos se puede llegar a cobrar, individualmente, entre 150 y 350 euros por una hora de concierto, además de tener todos los gastos cubiertos. Para conseguir trabajar en este tipo de ceremonias es una buena opción crear una página web para ofrecer sus servicios. Así, un grupo de tres músicos y una soprano, por ejemplo, cobra entre 600 y 800 euros por hora, de tal modo que pueden llegar a obtener hasta 2.400 euros si tocan tres horas, que es el promedio de tiempo para el que suelen ser contratados.

Formar parte de una agrupación también es una oportunidad para tener mayor proyección y poder participar en eventos culturales, festivales y conciertos organizados por ayuntamientos o productoras de espectáculos. Se trata de una situación mucho más rentable que ser un pianista que sólo toca en un restaurante u hotel, según asegura Guerra Julià, y para conseguir trabajo en este tipo de espectáculos lo más recomendable es apuntarse en alguna empresa de representación artística o productoras de eventos, que llamarán al pianista cuando tengan un trabajo adecuado para él, o si alguna empresa para la que ya ha trabajado precisa sus servicios.

Formar parte de una agrupación es una buena oportunidad para tener más proyección y poder participar en eventos culturales, festivales y conciertos

También hay escuelas de música que se dedican a ofrecer servicios musicales para bodas y conciertos públicos, que siempre incluyen a pianistas. En la Escuela de Música de Córdoba, por ejemplo, la pianista Tatiana Karjina cobra como solista 600 euros más impuestos y gastos de desplazamiento por un concierto público de una hora, dividido en dos partes.

Otras salidas profesionales

Otras salidas profesionales para los pianistas, más allá de tocar en restaurantes, bares o eventos, es hacer carrera componiendo y musicalizando anuncios publicitarios, películas, videojuegos o programas de televisión. Es el camino seguido, por ejemplo, por Mariano Marín, pianista y compositor de películas como Tesis y Abre los Ojos, de Alejandro Amenábar. Sin embargo, para trabajar en estos ámbitos es necesario tener una preparación más especializada, y contar con algunos contactos.

Dar clases particulares es una de las salidas más socorridas, pero también una de las peor remuneradas, ya que se cobra entre 18 y 25 euros por hora. Dar clases a otro nivel, como en conservatorios o escuelas de música, permite cobrar más y tener estabilidad laboral.

Los pianistas dedicados de lleno a dar recitales son un caso aparte, y en realidad son muy pocos. Se trata de personas que participan en concursos profesionales en los que reciben premios que les ayudan a continuar su carrera. Pueden tocar en solitario o con orquestas, y suelen tener representantes artísticos que les facilitan más recitales, e incluso la posibilidad de grabar discos. Pero “sólo los que son increíblemente buenos”, como señala Marina Alcolea, consiguen vivir en exclusiva de una carrera como concertista y compositor.