Olas de frío

Los meteorólogos aseguran que su formación puede obedecer al cambio climático
Por Azucena García 26 de enero de 2006

El Instituto Nacional de Meteorología advierte de la bajada de temperaturas en nuestro país en los próximos días. Una situación que no sorprende a nadie después de las duras temperaturas que se registraron en toda Europa y en España el pasado invierno con la ola de frío polar y siberiano. ¿Cómo se forma este fenómeno? ¿Qué medidas conviene tomar ante su llegada? Las olas de frío son masas de aire ártico o siberiano que afectan a amplias extensiones geográficas y se caracterizan por presentar unas temperaturas extremadamente bajas, hielo y precipitaciones de nieve. Los meteorólogos aseguran que su formación puede obedecer al cambio climático que parece afectar al planeta en los últimos años y que la ola de frío puede llegar a ser tan fuerte que es capaz de dejar un tiempo helador incluso en aquellas zonas acostumbradas a inviernos cálidos. En estas situaciones conviene tener muy presente una serie de advertencias para no quedar aislado en la carretera, ni helado en la propia vivienda ante la congelación de las tuberías.

Enero y febrero, los meses más proclives

El pasado invierno sorprendió a más de uno por las bajas temperaturas que se registraron en toda Europa y en España, llegando incluso a los 15 grados bajo cero en la meseta central. Entonces, una ola de frío polar y siberiano atravesó todo el territorio y dejó imágenes desconocidas hasta ese momento, con temperaturas que incluso en las zonas más cálidas de la costa española bajaron los termómetros varios grados bajo cero. Este año la situación se repite y el Instituto Nacional de Meteorología (INM) ya ha advertido de que el fin de semana un temporal de lluvias, nieve y viento azotará la península.

Ni siquiera las islas se salvarán de sus efectos y tanto la península como las Baleares se verán afectadas por la interacción de dos perturbaciones. “Por un lado -alerta el Instituo Nacional de Meteorología-, se presentará una profunda borrasca proveniente del continente europeo, que provocará la entrada de aire frío en niveles bajos, y por otro, una borrasca que se va a situar inicialmente en el golfo de Cádiz y que enviará aire húmedo sobre la península”. Como consecuencia de esta situación, las lluvias serán fuertes en el suroeste para desplazarse después hacia el nordeste. Además, la entrada de aire frío desde el norte producirá nevadas en cotas muy bajas, que en la zona del Cantábrico podrán llegar al nivel del mar, y la costa mediterránea registrará precipitaciones fuertes.

Enero y febrero, los meses más proclives

Según el Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, todas estas características definen lo que se conoce como “ola de frío”, caracterizada por el ambiente helador, con registros térmicos exiguos y que puede llegar acompañada, en ocasiones, de nevadas copiosas. En términos científicos, este centro universitario enmarca estos fenómenos dentro de un proceso mediante el cual llegan masas de aire frías, que es el mecanismo meteorológico que las genera. Dentro del hemisferio norte, en Europa y Estados Unidos, especialmente, este fenómeno climático tiene su época principal de riesgo entre los meses de noviembre y marzo, con especial relevancia en enero y febrero. En este sentido, el Laboratorio de Climatología señala que masas polares, siberianas y árticas alcanzan valores térmicos mínimos en sus manantiales. Estos registros se mantienen, en gran medida, en su desplazamiento hacia latitudes templadas.

Con ello, amplios territorios quedan bajo los efectos de las vaguadas instaladas en las capas altas de la troposfera y ocasionan graves daños en la actividad agraria y humana al provocar las bajísimas temperaturas destrozos en cultivos de temporada por congelación. Pero, ¿por qué sucede? Paradójicamente, la virulencia de las últimas olas de frío podría estar relacionada con el proceso de calentamiento en el que parece está inmersa la Tierra. Por lo tanto, la explicación a esta situación habría que buscarla en los cambios que ocurren en el extremo norte del planeta.

Calentamiento global del planeta

Desde el Instituto Nacional de Meteorología se indica que el calentamiento del planeta ha llevado a una situación en la que el hielo del Ártico se funde poco a poco, formando agua dulce muy fría. La misma, en cantidades cada vez más importantes, se vierte en el océano. Esta situación afecta a los patrones del tiempo al trastocar la denominada circulación global oceánica, que no es otra cosa que las corrientes internas que afectan a los mares y, en consecuencia, también a las masas de aire de la zona.

Al parecer, las crecientes temperaturas que vive el hemisferio norte han fundido una enorme cantidad de hielo en el polo. Al respecto, los registros manejados por instituciones académicas como la citada Universidad de Alicante u otras de carácter internacional como la de Harvard, con científicos como Paul Epstein y James McCarthy a la cabeza, indican que desde la década de los años 70 del pasado siglo hasta la actualidad, la capa helada del Ártico se habría reducido casi a la mitad. Además de esto, el océano Atlántico se encontraría en un proceso de recepción de otras fuentes de agua dulce y muy frío procedentes de Groenlandia, donde el hielo continental se funde en altitudes más elevadas cada año, y de la lluvia en latitudes altas.

En este sentido, el calentamiento de los océanos acelera el ciclo del agua e incrementa la evaporación.

El calentamiento de los océanos acelera el ciclo del agua e incrementa la evaporación

La propia atmósfera recalentada puede transportar más vapor de agua desde las latitudes bajas a las altas. El agua que cae sobre la tierra aumenta la descarga de los cinco principales ríos Siberianos en el Ártico, y el agua que cae directamente sobre el océano añade incluso más agua dulce a la superficie del mismo. Las aguas cada vez más frías y dulces del norte del océano Atlántico provocan la aceleración de los vientos transatlánticos y, por ende, de los frentes fríos en los Estados Unidos, Europa y Asia.

Récord de temperaturas mínimas

El mundo científico coincide en afirmar que la temperatura media en la Tierra subirá, aunque aún se discute si el cambio climático se debe a factores humanos -efecto invernadero por las emisiones caseras e industriales de dióxido de carbono a la atmósfera- o naturales. Lo cierto es que la ola de frío que azotó el pasado año nuestro país fue la más extendida y virulenta de los últimos 20 años, incluso en el registro de temperaturas mínimas. Así lo explica Ángel Rivera, jefe del Servicio de Predicción del Instituto Nacional de Meteorología, quien recuerda que incluso llegó a nevar en ciudades como Melilla, mientras otras, como Barcelona, Castellón o Valencia, en pleno Mediterráneo, asistieron impávidas a termómetros por debajo de cero, algo inusual. Otras zonas de Aragón, Castilla y Granada vivieron temperaturas de hasta 18 grados negativos.

Consejos para afrontar las olas de frío

Ante las sucesivas olas de frío que cada año afectan a gran parte de la Península Ibérica y a Europa, desde Protección Civil se aconseja tener en cuenta una serie de parámetros para evitar situaciones desagradables motivadas por el exceso de frío, hielo y nieve. Éstas son alguna de ellas:

  • Mantener en los domicilios y vehículos un botiquín de primeros auxilios. Además, es aconsejable abrigarse y calzarse para la ocasión y, si pasa mucho tiempo en el exterior, es preferible vestirse con varias prendas ligeras y cálidas. También hay que tener en cuenta que las manoplas proporcionan más calor que los guantes, no olvidar el peligro extremo provocado por las ventiscas, ante las que es preferible no salir, y, si se hace, abrigar el rostro y la cabeza para impedir la entrada de aire muy frío en los pulmones.
  • Conservar en buen estado el aislamiento y sistema de cañerías de las viviendas. En el caso de que la calefacción sea de circuito cerrado, es necesario que éste tenga un poco de anticongelante para garantizar su operatividad. Tampoco es aconsejable proveerse de otras fuentes de calefacción, como estufas -con cuidado de no producir incendios ni quemaduras- y, si se utilizan braseros de picón, carbón, leña o gas, hay que recordar que pueden provocar envenenamiento en lugares cerrados.
  • Como en otras situaciones extremas, conviene atender a las informaciones de radio y televisión. Así, se deben guardar pilas suficientes y velas para casos extremos en los que se pueda ver interrumpido el suministro eléctrico, y hay que evitar, en la medida de lo posible, que las personas mayores salgan a la calle. Hay que recordar que el teléfono de emergencias es el 112.
  • El agua de las tuberías puede llegar a congelarse. Para evitarlo, se puede dejar un poco abierto el grifo, lo que contribuye a que evitar que revienten las cañerías.
  • Ante la necesidad de circular por la carretera, es conveniente llenar el depósito de combustible y viajar, siempre que sea posible, acompañado. En el vehículo, es importante llevar una radio con pilas, pala, cuerda, linterna con pilas, ropa de abrigo y una o varias mantas. Antes de salir, hay que observar las previsiones meteorológicas y comprobar que el coche está en perfectas condiciones. Es necesario también dotar a los turismos de cadenas y evitar conducir de noche o por rutas desconocidas. También se recomienda avanzar por nieve virgen y no utilizar las rodadas de los vehículos precedentes.

Por su parte, desde la Dirección General de Tráfico (DGT), se advierte a quienes en los próximos días tengan que coger sus vehículos que pongan en práctica unos sencillos consejos y extremen la prevención y la prudencia, “las dos reglas básicas de la conducción en condiciones meteorológicas adversas”. Así, si se tiene que viajar en lugares afectados por la nieve, el conductor debe encender las luces de cruce para “ver bien y ser visto”, comprobar el funcionamiento del limpiaparabrisas y la luneta térmica, utilizar el sistema de ventilación interior del vehículo para eliminar el vaho sobre los cristales, evitar aceleraciones y deceleraciones bruscas, así como adelantamientos, y anticiparse ante cualquier incidencia para no tener que utilizar los frenos.

Se recomienda además circular a una velocidad reducida, limpiar periódicamente la nieve que se acumula en el guardabarros, colocar las cadenas en las ruedas tan pronto como la carretera se vea blanca o cuando lo demande las Fuerzas de Vigilancia en carretera y extremar la precaución con la nieve pisada en calzada y transformada en hielo. Precisamente, cuando la aparición de hielo sea patente, se debe disminuir lentamente la velocidad y mantenerla muy reducida, evitar frenar o cambiar bruscamente de dirección, evitar las aceleraciones y deceleraciones, y tener presente la dirección y comportamiento del resto de vehículos, que puede ser imprevisible.

Otras condiciones atmosféricas que pueden afectar a la conducción son la lluvia, que obliga a encender las luces de cruce para ser vistos mejor, comprobar el correcto funcionamiento de los limpiaparabrisas y la luneta térmica, orientar la calefacción interior del vehículo hacia los cristales para combatir el vaho y comprobar periódicamente la eficacia de los frenos mediante toques suaves para secar la humedad de las pastillas. Por último, en caso de que la niebla haga acto de presencia, además de recordar las anteriores recomendaciones es importante seguir estos consejos:

  • Encender los intermitentes de emergencia, faros y alumbrado antiniebla, en caso de cualquier incidencia en carretera.
  • Tomar como referencia las marcas viales de la derecha de la calzada cuando la niebla sea muy densa.
  • Circular siempre por el carril derecho en autopista y autovía.
  • Prestar atención a los vehículos de dos ruedas y a peatones por ser menos visibles con niebla.