Antidepresivos y niños

Se usan con cierta frecuencia en pacientes de corta edad aunque no han demostrado ser seguros
Por César Martín 27 de diciembre de 2004

Recientes estudios alertan de la incidencia negativa de los antidepresivos de última generación, los llamados ISRS, en pacientes de escasa edad. En ellos se demuestra que pueden fomentar conductas suicidas. Por ello, las autoridades sanitarias recomiendan que se descarte este tipo de medicamentos pese a que su efectividad parece contrastada y aunque voces de la clase médica acotan tal amenaza. La Agencia Sanitaria de Gran Bretaña ya ha prohibido la venta de estos fármacos al relacionarlos con suicidios y auto lesiones en los más pequeños.

Precaución en tratamientos para niños y adolescentes

Los fármacos antidepresivos de la familia del Prozac, conocidos en el ámbito farmacológico como ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina), pueden perjudicar el desarrollo del cerebro, sobre todo, en edades tempranas. Parece una afirmaciñon alarmista, pero así lo explican las conclusiones de un estudio presentado a finales de octubre de 2004 en la ciudad de San Diego, en el Estado norteamericano de California. Esta investigación, dada a conocer en el congreso de la Sociedad de Neurociencia de los Estados Unidos, basó sus hipótesis en los experimentos realizados sobre ratones. A éstos se les suministró los citados medicamentos entre 4 y 21 días después de nacer, lo que equivaldría, de haberse hecho sobre humanos, a niños con una edad máxima de 8 años. Los resultados de las pruebas realizadas con los roedores determinaron que los sujetos analizados desarrollaron al llegar a adultos un comportamiento propio de animales ansiosos y depresivos. Dado que no se ha investigado aún con profusión si los antidepresivos tienen el mismo efecto en el desarrollo del cerebro humano, los investigadores aconsejan no abusar de estos fármacos en mujeres embarazadas, lactantes y niños.

Al respecto han surgido diferentes voces que piden precaución y otras que acotan el alarmismo. Así, por ejemplo, desde el Instituto catalán de Farmacología se explica, en boca de su director Juan Ramón Laporte, que, hasta ahora, los antidepresivos “se toman con demasiada alegría”. Desde este foro no se descalifica la bondad terapéutica de estos fármacos, ya que los consideran eficaces para tratar, por ejemplo, episodios de depresión en adultos. Lo que ocurre es que, según sus explicaciones, se usan con cierta frecuencia en pacientes en franjas de edad en las que no han demostrado ser seguros y con el fin de intentar paliar problemas para los que aún no se ha avalado su efectividad. Por su parte, José Luis Pedreira, de la Asociación Española de Pediatría, explica que “la utilización de los psicofármacos -como los ISRS- en la infancia se hace de un modo empírico y se prescriben acompañados de psicoterapia”.

La fluoxetina, única permitida

En el Reino Unido las autoridades de Sanidad desaconsejaron en diciembre de 2003 el uso de los antidepresivos de última generación, los ISRS, en niños. Sus llamadas a la precaución alertaron de que la utilización de estos fármacos podía aumentar el riesgo de suicidio entre los más jóvenes. Al parecer, sólo la fluoxetina, uno de los medicamentos de la referida familia, está fuera de esa ‘lista negra’ porque ha sido testado con éxito en tratamientos de episodios de depresión en menores. Precisamente, dicho fármaco es el único autorizado en España por la Agencia del Medicamento para su uso en niños. Esta molécula tiene el plácet o la aprobación por parte del gobierno para su uso en tratamientos con los que remediar trastornos obsesivos. Así lo explica Iñigo Aizpurua, responsable del Centro Vasco de Información de Medicamentos.

Aumentan las ideas suicidas

Según la Agencia Sanitaria británica, los estudios revelan que los ISRS están relacionados con las ideas suicidas y las auto lesiones en niños y adolescentes. Por ello, las autoridades del Reino Unido prohibieron el uso de la paroxetina y de la venlafaxina. A estos dos fármacos se unen la sertralina, el citalopram, el escitalopram y la fluvoxamina. Por su parte, la agencia estadounidense de evaluación de fármacos y alimentos advirtió por aquel entonces a los médicos de aquel país que debían tener precaución al emplear los ISRS en menores.

Desde el equipo de investigadores que sacó a la luz la posible discordancia de los derivados del prozac en tratamientos antidepresivos para niños, añaden consideraciones personales. Así, el director del referido estudio, el doctor Gingrich, de la Universidad de Columbia, realiza su propia reflexión: “como psiquiatra me he encontrado con decisiones difíciles sobre si debo o no usar fármacos para tratar a mujeres embarazadas”. Sus dudas al respecto se basan en que estos medicamentos son útiles para remediar depresiones en adultos. Y no tratar una depresión maternal podría suponer un impacto negativo en los recién nacidos. Por el contrario, los ISRS pueden devenir en riesgos para el feto. Sin embargo, aún no se conoce la magnitud de los mismos, por lo que se recomienda hasta que se conozca su efecto verdadero, prescindir, hasta la medida de lo posible, la receta de este tipo de medicinas durante el embarazo y optar por técnicas de psicoterapia, tal y como sugiere José Ramón Peciña, psicólogo clínico del Hospital de Santiago, en Vitoria.

Efectivos para adultos

Pese a todo ello, el citado investigador norteamericano reconoce que puede no ser aconsejable prohibir los derivados del prozac a las mujeres embarazadas. “Es necesario analizar cada caso por separado”. En este sentido, en casos de enfermedades depresivas de las madres tras dar a luz, Gingrich aconseja elegir un psicofármaco que pase a la leche en pequeña cantidad y, como medida de precaución, extraer la leche segregada en las primeras horas tras tomar la medicación para descartarla.

Los psicofármacos de última generación funcionan potenciando la acción de la serotonina, uno de los neurotransmisores que regula el estado de ánimo. En la investigación realizada en San Diego -ya publicada en la revista ‘Science’- se estudió el comportamiento de ratones adultos tras haberles suministrado prozac cuando eran crías. Según explican en la investigación, las cobayas mostraron temor a explorar el entorno, dificultad de reacción ante estímulos estresantes y comportamientos ansiosos. De este modo, los ratones tratados con ISRS, en lugar de tener menos trastornos emocionales al llegar a adultos, tenían más.

La explicación a este comportamiento puede residir en que, durante el desarrollo fetal y durante la infancia, “la serotonina tiene un papel decisivo en la maduración de sistemas cerebrales que modularán las funciones emocionales en el adulto”, escriben los investigadores en ‘Science’.

Génesis de la polémica

Históricamente las depresiones infantiles han sido tratadas con una fórmula doble, que incluía el uso de fármacos y la terapia psicológica. En un principio se trató estas alteraciones con medicamentos llamados IMAOS y Tricíclicos. Ambos resultaron eficaces, aunque decayeron ante la llegada al mercado, a mediados de la década pasada, de los ISRS, que demostraron tener una efectividad similar a los anteriores, mejor tolerancia y menos efectos secundarios. Por ello, estos psicofármacos de última generación se comenzaron a estudiar en niños y adolescentes, con resultados iniciales más que satisfactorios.

Así, por ejemplo, tal y como explica desde Madrid el psiquiatra Francisco Javier Quintero, en 1996 se presentó el primer estudio que demostraba que la fluoxetina era eficaz en el tratamiento de la depresión en los niños. A su juicio, durante estos años “han sido muchos los trabajos publicados en congresos y revistas científicas avalando el uso de los nuevos tratamientos en menores”. La polémica suscitada deviene de las investigaciones realizadas con otro de los fármacos de la familia de los ISRS, la paroxetina. Como ya ha quedado explicado, desde la realización de los citados estudios, en Estados Unidos y en la UE las autoridades sanitarias han recomendado no utilizar dicha sustancia en adolescentes.

En este punto, el doctor Quintero matiza los referidos análisis al señalar que “todo aquel que ha trabajado en salud mental sabe que la depresión lleva inherentemente un aumento en el riesgo de conductas suicidas. A esto debemos añadir que uno de los rasgos que definen la adolescencia es la impulsividad, que junto con las ideas de muerte, pueden facilitar la comisión de gestos contra uno mismo”. Además, añade que la muerte por suicidio “es la tercera causa de muerte en la adolescencia en los países desarrollados. Y que según un reciente informe de la OMS, en 2003 en más de 15 países se encontró una reducción significativa de las tasas de suicidios en adolescentes (en un 33% de media), coincidente con la introducción de los ISRS”.