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El riesgo de que el dolor de espalda se cronifique aumenta cuatro semanas antes de lo previsto, según un estudio

Los tratamientos deberían aplicarse a partir de los 14 días y no a las seis semanas, como hasta ahora se creía

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 2 septiembre de 2005
El riesgo de que el dolor de espalda se vuelva crónico aumenta a las dos semanas y no a las seis, como hasta ahora se creía. Así lo revela un estudio realizado por la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE), en el que han participado investigadores de Baleares.

Según este trabajo, más del 80% de los pacientes con dolor de espalda tienden a curarse espontáneamente, pero el pequeño porcentaje de enfermos en los que el dolor supera las 12 semanas de duración, convirtiéndose en crónico, causan más del 70% de los costes totales que genera esta dolencia y equivalen anualmente a entre el 1,7% y el 2,1% del Producto Interior Bruto (PIB).

Este estudio demuestra que los tratamientos eficaces para mejorar el grado de limitación y reducir el riesgo de cronificación del dolor de espalda deberían aplicarse a partir de los 14 días y no a las seis semanas, como hasta ahora se pensaba. "Esperar a las seis semanas para aplicar un tratamiento no está justificado y puede explicar que hasta ahora fracasaran con frecuencia las medidas que se aplicaban en ese momento, puesto que ya era demasiado tarde", indica.

El trabajo profundiza además en la correlación entre la duración e intensidad del dolor, las limitaciones de la actividad cotidiana que induce, y la merma de la calidad de vida que conlleva. Los hallazgos demuestran que la intensidad del dolor cuando éste aparece no predice la gravedad de las limitaciones que padecerá el paciente ni el futuro deterioro de su calidad de vida.

Sin embargo, una duración de 14 o más días sí predice esas limitaciones y éstas se correlacionan con la merma de calidad de vida. Así, en definitiva, este estudio también confirma que es la duración del dolor -y no su intensidad- la que rebaja la calidad de vida y aumenta el riesgo de que se cronifiquen las limitaciones de la vida cotidiana.

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