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¿Existe de verdad el síndrome postvacacional?

Con la vuelta de septiembre, son recurrentes los dolores de cabeza o estomacales, la pereza y la apatía, pero ¿responden a una patología reconocida?

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 30 agosto de 2019

Cefaleas de intensidad variable, ardores de estómago, sensación de cansancio o una mayor lentitud en la atención y comprensión son algunos síntomas que muchos percibirán a la vuelta de vacaciones. A su conjunto hay quienes lo llaman síndrome postvacacional, pero ¿existe de verdad? ¿Es correcto referirse a este malestar de esta manera? Hablamos con José Luis Pedreira, psiquiatra del Hospital La Luz en Madrid, quien nos resuelve esta cuestión y pone sobre la mesa otros interrogantes en este mismo ámbito.

Agosto llega a su fin y el comienzo de septiembre, mes de la vuelta al cole y a los trabajos tras un periodo de descanso, puede suponer, en mayor o menor medida, un trauma para muchos. Ese estrés puede ir acompañado de otros síntomas como dolores de cabeza, problemas estomacales, sudoración, irritabilidad o más cansancio y pereza, entre otros. Pero, en rigor, el síndrome postvacacional no existe, y así lo han asegurado los comités internacionales de psicología y psiquiatría. Más bien, es el resultado de medicalizar cualquier malestar que tenemos.

Un problema de adaptación

“El síndrome postvacacional solo es una manera de justificar que la gente después de un mes de vacaciones, en las que no ha tenido horarios, se vea obligada a volver a la rutina de golpe en uno o dos días, con lo que ello conlleva”, reconoce el doctor en psiquiatría José Luis Pedreira. Pero esto no quiere decir que los síntomas no existan. “Al igual que uno cuando no quiere ir a un lugar se pone enfermo, y se siente enfermo de verdad, aunque tras haberse librado de la cita comience a mejorar, hay personas que cuando vuelven al trabajo sufren, por ejemplo, cefaleas por somatización y les duele la cabeza a morir”, afirma el experto. Y añade que “por mucho que queramos ponerle nombres raros, no es otra cosa que un problema general de adaptación”.

Imagen: TheVisualsYouNeed

Como dice el doctor, aunque no sea un trastorno tipificado, hay personas que lo sufren, sobre todo aquellas que soportan un mal ambiente laboral, con jefes problemáticos, o a las que no les complace su trabajo. Los síntomas son diversos e inespecíficos, y aparecen en situaciones de adaptación al estrés o ante situaciones nuevas. Por ejemplo, es común al hacerse con los horarios del sueño, con sus posibles alteraciones en cuanto a la facilidad o no para recuperar los hábitos de horarios.

En ocasiones, aparece cierta irritabilidad y humor oscilante, propio del "desencanto" de tener que recuperar las rutinas del trabajo y de la vida familiar o por la pérdida de hábitos más "cómodos" que se han practicado durante las vacaciones donde se relajan horarios, exigencias y actividades. En las personas con dificultad para reconocer sus propias emociones, no es extraño que aparezcan cefaleas de intensidad variable, ardores de estómago, sensación de cansancio y síntomas cognitivos como mayor lentitud en atención y comprensión. Es decir, síntomas de bajo perfil y totalmente inespecíficos.

No hay tratamiento (pero sí consejos útiles)

Como no es una enfermedad, no tiene tratamiento. Pero esto no quiere decir que no se puedan emplear mecanismos para intentar prevenir estos síntomas. Se recomienda que desde la última semana de vacaciones vayamos recuperando, de forma paulatina y progresiva, el horario y hábitos cercanos a los de la vida cotidiana no vacacional.

Planificar nuestras tareas en los primeros días o revisar el correo electrónico empezando por el más reciente funciona como una forma de aliviar el estrés del inicio. También contar con una dieta equilibrada y hacer algo de deporte nos servirá para tener una mente más despejada y un espíritu más optimista. Una buena medida es iniciar alguna actividad creativa en nuestro tiempo libre, como también pensar que la mayoría de los profesionales están pasando por la misma situación.

De todos modos, el doctor avisa que son solo recomendaciones que no tienen por qué impedir que tengamos estas reacciones, aunque sí podremos esperar una respuesta más pausada y de menor intensidad.

Banalización del término síndrome

Los médicos y profesionales de la salud son muy restrictivos al utilizar la palabra síndrome. Sin embargo, socialmente se usa de forma muy recurrente. “No se trata solo de una palabra, sino de un término que sustenta un concepto fisiopatológico y un sustrato funcional. Poner a todo la palabra síndrome lo desnaturaliza”, asegura el experto. Por ello, ahora, y para evitar caer en el “sindromismo”, emplean la palabra trastorno, la traducción inglesa de disorder.

En definitiva, lo que ocurre con la palabra síndrome, como con otros términos médicos, es una banalización y simplificación de conceptos que se vacían de contenido, con lo que ya no significan nada y “ocultan lo que cada uno quiere rellenar”. Como apunta el doctor Pedreira, gran responsabilidad de ello la tienen el “doctor Dicen” (“dicen que”, que tanto emplean los mayores) y, sobre todo, el “doctor Internet o doctor Google”, ya que “uno mira y cree que lo entiende, aunque no siempre es así, dado que la terminología se sustenta en una práctica profesional y una formación específica”, señala el médico.

Para intentar parar esta corriente, el profesional apela a la sensatez. “Yo diría aquello tan manido de ‘zapatero a tus zapatos’. La terminología médica la deben utilizar los profesionales sanitarios para limitar su aplicación a lo correcto y no a popularizar banalidades”, afirma. Consultar al doctor Internet o Google distorsiona lo que nos pasa y lo que sentimos, pues tendemos a adaptarlo a lo que leemos. De hecho, tal y como apunta Pedreira, tanto en medicina como en psicología, cuando se inicia el estudio de los procesos, los alumnos sienten muchos de los síntomas, hasta que se dan cuenta de que es fruto de su mente.

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