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Las pseudoterapias sí tienen efecto en la salud

Las terapias alternativas sin base científica pueden mermar la salud gravemente por sus efectos directos o porque el paciente retrasa o rechaza un tratamiento médico adecuado

Imagen: Amaviael

Las pseudoterapias como alternativa a la ciencia médica a menudo son un remedio peor que la enfermedad. Las autoridades sanitarias recuerdan que cada año le cuestan la vida a cientos de personas y reivindican el pensamiento crítico para no dejarse embaucar. En este artículo explicamos cuáles son estas prácticas ‘alternativas’, desgranamos sus riesgos e indagamos en el Primer informe sobre fallecidos a causa de las pseudoterapias en España, un documento que registra casos concretos y cuantifica en más de 1.200 las muertes anuales atribuibles a prácticas que carecen de aval científico.

En la serie Cazadores de Mitos, un par de presentadores con formación científica desmienten creencias populares de lo más diversas; por ejemplo, que un teléfono móvil puede causar una explosión en una gasolinera. Estos profesionales podrían cuestionar también una de las leyendas más arraigadas: que el ser humano es un animal racional, cuando su comportamiento cotidiano demuestra que es más emocional que otra cosa. Es decir, muy a menudo actuamos por impulsos emocionales (amor, miedo, placer…) que después disfrazamos de decisiones analíticas.

Por eso, al mismo tiempo que aumentan la información veraz al alcance de todos, la eficacia de la ciencia médica y el nivel educativo de la población, también crece el negocio de las pseudociencias. Parece un contrasentido, pero no deja de ser un reflejo de la contradictoria naturaleza humana. Creemos en lo que vemos, pero también en lo que necesitamos creer a despecho de las evidencias.

Pseudociencias: los riesgos cuentan

Señalar los riesgos de la pseudociencia. Con este objetivo, los ministerios de Sanidad y de Ciencia difunden el Primer informe sobre fallecidos a causa de las pseudoterapias en España. Lo ha elaborado la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP), integrada por afectados, médicos e investigadores que luchan contra la desinformación y las estafas sanitarias. Sus conclusiones no son solo preocupantes, sino irreversibles en demasiados casos: cada año se registran entre 1.210 y 1.460 muertes atribuibles a prácticas que carecen de aval científico y aprovechan “la inacción de las instituciones y la ausencia de control de la normativa”. La cifra podría ser mucho mayor, advierte el estudio, pues se trata de una primera recopilación de casos particulares ante la ausencia de una estadística oficial.

El documento se remonta a ejemplos como “el fraude del Bio-Bac para enfermos terminales, que [más de 15 años después] sigue vendiéndose bajo el nombre de Renoven”, pero también registra casos difundidos recientemente por los medios de comunicación. Casos como el niño de cinco años que murió por una dermatitis alérgica causada por un producto homeopático con mercurio entre sus ingredientes, el jugador de balonmano que rechazó la quimioterapia para confiar en medicinas naturales, una mujer con cáncer de mama que prefirió la medicina naturópata, la paciente fallecida durante una sesión de crioterapia o el jubilado que no sobrevivió a los efectos de consumir dos productos de homeopatía que prometen desintoxicar y reducir el dolor y la inflamación: Rhus toxicodendron y Nux vomica.

Desesperación, esperanza y confianza ciega

¿Por qué tantas personas confían en las “terapias alternativas”? La APETP e instituciones como el Consejo General de Colegios de Médicos de España apuntan varias causas. Esa ventana al conocimiento universal que es Internet también es un tablón de anuncios para cualquier vendedor de crecepelos. Influye un factor tan comprensible como la desesperación ante una enfermedad que nos empuja a creer en cualquiera que nos venda una falsa esperanza con las palabras adecuadas.

El factor humano, determinante, actúa en varios frentes para aumentar la clientela de los pseudoterapeutas: el poderoso y engañoso efecto placebo que nos hace sentir los efectos benéficos de un producto por pura sugestión, la creencia de que todo lo natural es bueno y todo “lo químico” es veneno o la tendencia a creer en teorías de la conspiración que atribuyen planes maléficos a toda la industria farmacéutica. Como decía el científico y divulgador Carl Sagan, “afirmaciones extraordinarias [que esa luz es un ovni, que las Torres Gemelas fueron dinamitadas desde dentro o que ese curandero sana la artritis] requieren pruebas extraordinarias”.

También influyen los personajes famosos que apoyan públicamente estas prácticas, y más aún el altavoz que muchos medios de comunicación supuestamente serios prestan a algunas prácticas como la homeopatía. Ese lavado de cara es especialmente grave, según el Observatorio de la Comunicación Científica (OCC).

Más de un centenar de pseudoterapias

¿De qué pseudoterapias hablamos? El estudio identifica 73 que carecen de ensayos clínicos, revisiones sistemáticas o metaanálisis sobre su seguridad o eficacia (la ataraxia, la cromoterapia o la terapia bioenergética, entre otras muchas) y aborda otras 66 de las que existen publicaciones pero no un aval científico suficiente sobre sus efectos (crudivorismo, acupuntura, medicina naturista, medicina tradicional china, quiromasaje, etc).

El informe llama a la precaución y a la reacción. El hecho de que sea el primero de este tipo ya sugiere la carencia de estudios en España para valorar un problema de salud pública que implica miles de muertos y afectados. Puede que algunas de esas pseudoterapias resulten inocuas y no pasen de enfermar a nuestro bolsillo, pero otras merman la salud gravemente por sus efectos directos o porque el paciente retrasa o rechaza un tratamiento médico adecuado. En ese caso, la información contrastada y una sana actitud escéptica pueden ser un salvavidas.

Pensamiento crítico: terapia contra la pseudoterapia

Según la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), al menos un 5 % de la población reconoce haber sustituido alguna vez un tratamiento médico por una de esas técnicas alternativas. Es razonable pensar que el porcentaje sea mayor por la vergüenza que supone a veces confesarse víctima de un fraude.

En España existen unos 18.000 negocios que practican estas técnicas; algunos aseguran eficacia incluso contra el cáncer y otras enfermedades graves. Para la APETP, estas cifras reflejan décadas de permisividad por parte de las autoridades sanitarias (o los colegios médicos cuando no sancionan las faltas contra el código deontológico).

Algo se mueve: en noviembre pasado el Gobierno presentó un plan legislativo para prohibir las terapias que carezcan de avales científicos y perseguir la publicidad engañosa. También ha lanzado la campaña #coNprueba que apela al pensamiento crítico (la búsqueda de la verdad objetiva con pruebas en la mano) contra las técnicas de seducción que tan hábilmente usan los pseudoterapeutas.

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