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Síndrome de Sjögren

El verano agrava los síntomas de esta enfermedad crónica, para la que no existe tratamiento y que afecta más a mujeres mayores de 40 años

Causas y síntomas

A principios de los años treinta, el oftalmólogo sueco Henrich Sjögren describió una enfermedad que se caracterizaba por la sequedad de ojos y la artritis. Una patología cuya definición ha sido ampliada desde entonces, al descubrirse su asociación con otros síntomas, y que se conoce como Síndrome de Sjögren, en honor de su descubridor.

Afecta a nueve mujeres por cada hombre y su prevalencia en la población adulta, sobre todo entre mujeres mayores de 40 años, se calcula entre el 1% y el 3%. Además, puede aparecer entre la población infantil y juvenil y presentar las mismas complicaciones que en los adultos. Sin embargo, su origen es desconocido, aunque se cree que puede deberse a factores hormonales, genéticos o alteraciones inmunes, entre otros. Cuando aparece sin la presencia de otra enfermedad se denomina Síndrome de Sjögren Primario, mientras que si está asociado a otra enfermedad -como lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide o esclerodermia- se conoce con el nombre de Síndrome de Sjögren Secundario y su evolución es más complicada.

Debido a la sequedad ocular el paciente tiene una sensación de arenilla en los ojos, que le produce dolor o visión borrosa

Según explica la presidenta de la Asociación Española de Síndrome de Sjögren, Jenny Inga, “los desarreglos causados por la enfermedad aumentan con el tiempo de forma lenta y se hacen más severos en los ambientes secos y calurosos”, por lo que el verano es especialmente dañino para los afectados. Y es que esta enfermedad se caracteriza por la sequedad de las glándulas de secreción externa, especialmente las salivares (productoras de saliva) y lagrimales (productoras de lágrimas), aunque también puede darse sequedad de piel o vaginal, con lo que el calor agrava estos síntomas al favorecer la sequedad con las altas temperaturas y el calor, además de alteraciones digestivas o del sueño, e indicios de depresión.

En concreto, debido a la sequedad ocular, el paciente tiene una sensación de quemazón o arenilla en los ojos, que le produce dolor o visión borrosa, mientras que la sequedad oral provoca dificultad para masticar, tragar y hablar, así como un aumento de las caries e infecciones de la boca. Asimismo, la enfermedad puede estar asociada con fatiga y cansancio generalizado, y no se descarta la posibilidad de que afecte a otros órganos internos como los pulmones, riñones, hígado, sistema nervioso central, tiroides y, con menos frecuencia, los ganglios linfáticos.

Por su parte, el sistema inmunitario también tiene mucho que ver en la evolución de la enfermedad, puesto que, destinado a defender el organismo de las agresiones externas, reacciona contra sí mismo produciendo anticuerpos que destruyen los tejidos de las glándulas a las que no reconoce como propias, y que son, precisamente, las encargadas de producir los líquidos que hidratan, lubrican y suavizan.”Debido a estos síntomas, el Síndrome de Sjögren es una enfermedad que afecta de manera importante a la calidad de vida de los pacientes, ya que tiene un efecto negativo sobre el estado físico, social y psicológico, hasta el punto de ocasionar gran dificultad para llevar a cabo actividades tan cotidianas como hablar, comer, trabajar y, en el caso de las mujeres, dificultar las relaciones sexuales a causa de la sequedad vaginal”, explica la presidenta de la Asociación.

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