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Embarazo: Síntomas

Gastroenteritis infantil: prevención y tratamiento

La medida de prevención más importante contra la gastroenteritis vírica en el niño es tanto el pequeño como los adultos se laven las manos de manera frecuente

  • Autor: Por MONTSE ARBOIX
  • Última actualización: 18 de julio de 2012

Diarrea, dolor abdominal, fiebre y escalofríos son los síntomas más típicos de la gastroenteritis aguda en el niño. Suele estar provocada por una infección vírica y se propaga con facilidad. Por este motivo, los especialistas insisten en extremar las medidas higiénicas, tanto del pequeño como de los adultos. La gastroenteris más grave, la infección por rotavirus, produce al año en España casi 5.000 ingresos hospitalarios de niños. Para prevenirla, la mejor estrategia es la vacunación.

La gastroenteritis infantil es una inflamación del estómago y los intestinos caracterizada sobre todo por la diarrea, aunque puede ir acompañada de vómitos, fiebre, dolor abdominal (retortijones) y escalofríos. La gastroenteritis aguda empieza de forma brusca y su duración es variable: en los niños más pequeños puede durar hasta dos semanas, aunque suele curarse sin tratamiento en unos días. La consecuencia que más preocupa es la deshidratación del bebé o del niño; en especial si los pequeños no ingieren suficientes líquidos como para contrarrestar las pérdidas debidas a los vómitos y las diarreas.

Cada año se producen cerca de 5.000 ingresos hospitalarios de niños por gastroenteritis en España

A pesar de que es muy frecuente en edad infantil, sobre todo en menores de cinco años, en países desarrollados como España, por lo general, no representa una dolencia grave; aunque sí implica que el niño pierda días de colegio. También es responsable, sin embargo, de muchos ingresos hospitalarios infantiles.

Higiene para prevenir la gastroenteritis en el niño

La gran mayoría de las veces, la gastroenteritis aguda infantil está causada por una infección, que puede ser vírica (la más frecuente), bacteriana o, de forma muy excepcional, por un parásito intestinal. Otras causas son la ingesta de alimentos en mal estado u otras enfermedades, como las infecciones de orina o una otitis (inflamación del oído). Uno de los problemas de esta infección es su facilidad de propagación, ya que se trasmite de una persona a otra por contacto con las heces o con los pañales del afectado.

Por este motivo, los especialistas insisten en la importancia de extremar al máximo las medidas de higiene, entre las que es clave el lavado de manos. Está demostrado que esta es la medida más barata, eficaz y sencilla para la prevención de las infecciones, como el resfriado, la gripe, la hepatitis A y la diarrea infecciosa. Pero, para ello, hay que lavarse las manos y enseñar la manera adecuada de hacerlo a los más pequeños.

El lavado de manos del niño es la medida más barata y eficaz de prevenir la gastroenteritis

Es importante tener en cuenta que hay que lavarse las manos siempre antes de poner la mesa, comer (aunque sea un bocadillo), preparar o tocar algún alimento o utensilio de cocina. Y por supuesto, siempre después de ir al baño; limpiar a los niños o manipular pañales; estornudar, toser y sonarse; estar con un enfermo; jugar al aire libre; al volver a casa; y jugar con la mascota.

El rotavirus: el causante de las gastroenteritis infantiles más graves

A pesar de que los virus del género rotavirus no son los únicos culpables de las diarreas severas, sí son los responsables de las gastroenteritis infantiles más graves. La mayoría de los bebés vacunados, sin embargo, no contraen la enfermedad por rotavirus (sí la gastroenteritis provocada por otros gérmenes). En EE.UU. la vacuna infantil contra el rotavirus se utiliza desde 2006: en 2010 se redujo en un 85% los bebés y los niños que requirieron atención en los servicios de urgencias u hospitalización por su causa, según las autoridades estadounidenses.

La infección por rotavirus puede no producir síntomas relevantes en el bebé; pero, asimismo, es capaz de provocar un cuadro grave de gastroenteritis, con fiebre, deshidratación e incluso shock, que puede llevar al pequeño a la muerte. El tiempo de incubación fluctúa entre uno y tres días. Por norma general, se resuelve entre tres y siete días.

En España, se estima que cada año los rotavirus provocan 5.000 ingresos hospitalarios infantiles; y que, además, entre 150.000 y 200.000 niños reciben tratamiento en su domicilio. Representa, asimismo, el 10% de las consultas de urgencias pediátricas.

Según el documento aprobado de forma conjunta por la Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría y la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, en marzo de 2008, la vacunación frente a rotavirus constituye hoy día la mejor estrategia para prevenir la infección entre la población infantil. El informe aconseja administrarla antes de los seis meses de edad. Esta vacuna oral se aplica en tres tomas y no está financiada por el sistema sanitario público español.

Tratamiento de la gastroenteritis aguda infantil

Según la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, el tratamiento para la gastroenteritis infantil se basa en tres puntos:

  1. El niño tiene que estar hidratado. Para ello hay que darle agua con frecuencia y en la cantidad que él pida; aunque se recomienda que sea a menudo y en pequeñas cantidades, para prevenir el vómito. A veces, si son muy pequeños, el agua puede no ser suficiente para compensar la pérdida de sales y electrolitos, por lo que hay que darles una solución rehidratante farmacéutica.
  2. Evitar los medicamentos, excepto antitérmicos si son necesarios o aquellos fármacos que prescribiera su médico. Las medicinas para las naúseas y los vómitos solo alivian el síntoma pero no curan, además de tener efectos secundarios para la población infantil. Tomar antibióticos sin indicación facultativa puede prolongar, asimismo, el cuadro de la enfermedad.
  3. Ofrecer alimentos al niño, aunque sin forzarle. La alimentación precoz, en contra de la creencia popular, acelera la curación de la gastroenteritis, aunque, al principio, las deposiciones sean frecuentes. Los lactantes deben seguir con su dieta, al igual que los pequeños alimentados con biberón. Si toman papillas o purés, no hay que cambiar nada y pueden seguir con los cereales, verduras, carnes, pescados, lácteos (leche y yogur) y frutas habituales.
  4. No es necesario cambiar a una leche sin lactosa en los primeros momentos (práctica habitual hace unos años). Solo cuando la diarrea dure más de dos semanas, y por indicación del pediatra, podría ser necesario. Igual que sucede con la población adulta: se recomienda eliminar el azúcar, los dulces y los alimentos ricos en grasa.

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