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Bañar al bebé, ¿qué hay que saber?

Es preciso controlar a temperatura del agua y de la habitación, los productos de higiene que se emplean, la duración del baño y el momento del día para hacerlo

  • Última actualización: 21 de octubre de 2011
Imagen: Laurie Redstone

Ideas para recordar

¿Dónde?

  • Un bebé enjabonado es muy escurridizo. Resulta difícil bañarle en el lavabo sin hacerle daño con los grifos, y hacerlo en la bañera grande es incómodo, de modo que es casi imprescindible disponer de una bañera especial para bebés.
  • Las que se eligen con más frecuencia son las plegables, ya que ocupan menos espacio. En este caso, es importante vigilar que lleven un buen sistema para evitar su cierre accidental.

¿Cuándo?

  • A pesar de lo extendida que está la siguiente precaución, no es preciso esperar a que cicatrice el ombligo para bañar al bebé. Por supuesto, la humedad mantenida es perjudicial para el ombligo, pero si después del baño se seca y cuida debidamente, no hay ningún peligro.
  • Si no se va a secar escrupulosamente el ombligo, más vale no mojarlo; pero hay que recordar que a bastantes niños tarda más de dos o tres semanas en caérsele y no hay justificación para demorar su primer baño por ese motivo.
  • También se ha convertido en costumbre el baño diario, realmente muy conveniente en los niños mayorcitos, pero que no es imprescindible en un bebé que apenas se ensucia más que en la zona del pañal o cuando devuelve un poco de leche. Además, la piel tiene sus propios mecanismos de limpieza y la excesiva frecuencia o duración de los baños pueden irritarla, especialmente en bebés que la tienen muy sensible y cuando se emplea agua demasiado caliente.
  • Un breve baño diario en agua tibia es bueno y a muchos bebés les relaja, convirtiéndose en una rutina a la que pronto les cuesta renunciar; pero, especialmente al principio, cuando no se tiene demasiado tiempo, basta con bañarles dos o tres veces por semana.
  • Por supuesto, hay que lavarles tantas veces como sea necesario la zona del pañal, la cara, las manos, las axilas y los pliegues de la piel, o cualquier zona que se haya ensuciado.
  • Los bebés agradecen la seguridad de lo rutinario; lo más habitual es bañarlos antes de la última toma del día, pero se puede hacer a cualquier otra hora si a los padres les va mejor o al bebé no le gusta el agua y, en vez de relajarle, le desvela.
  • Desde luego, no es nada recomendable intentar bañar a un bebé que está llorando de hambre, pero en general, es mejor que el baño no sea después de las tomas, no por el riesgo de un corte de digestión (que sólo podría producirse si pasasen frío), sino porque suelen preferir dormir y también es fácil que los movimientos provoquen alguna regurgitación.

¿Cómo?

  • Caldear el cuarto de baño por encima de 20ºC.
  • Preparar y tener a mano todo lo que se necesita para bañarle y cambiarle, pues no se le podrá dejar solo ni un momento.
  • Llenar la bañera hasta unos 5 o 10 centímetros de profundidad con agua tibia.
  • Comprobar la temperatura del agua con la piel del dorso de la mano o el codo, más sensible y parecida a la del bebé, cuidando de que sólo este tibia. Si se usa termómetro, debe estar entre 32ºC y 38ºC. En todo caso, es muy fácil (y conveniente) acostumbrarse a volver a comprobarla con el codo, justo antes de meter al bebé en el agua, aprovechando lo apropiado de su situación.
  • Coger al bebé pasando un brazo por detrás de su cabeza y espalda, sujetándole por la axila y usando la mano libre para enjabonarle y aclararle, con una esponja suave o con la mano.
  • Nunca dejarle solo. Un bebé puede ahogarse en dos dedos de agua mientras se ha ido a abrir la puerta o a coger el teléfono.
  • No entretenerse demasiado, pues los baños largos maceran la piel y el agua puede enfriarse demasiado. Desde luego, el baño debe ser agradable, pero no es el momento más adecuado para jugar, porque no conviene que dure más de 5 minutos.
  • Secarle enseguida y bien, en una superficie amplia y estable, poniendo especial cuidado en los pliegues (axilas, ingles, cuello) y más aún en el ombligo si aún no ha cicatrizado.

¿Con qué?

  • Los jabones y champús para bebés deben ser suaves, neutros o muy poco ácidos, para no modificar la acidez natural de su piel. Cuanto más sencilla sea su composición y menos fragancias incorporen, mejor.
  • Las cremas o leches hidratantes aplicadas después del baño son muy útiles para mantener la humedad de la piel, pero un bebé con una piel sana no las necesita.
  • Aunque los polvos de talco evitan escoceduras en las axilas y el cuello de los bebés más gorditos y sudorosos, es mejor prescindir de ellos porque pueden complicar la cicatrización de cualquier pequeña herida o erosión que haya en la piel. Si se usan, deben verterse en la mano y aplicarse con ella y no espolvorearlos directamente, pues el bebé podría inhalarlos.
  • Desde luego, los polvos de talco nunca se deben emplear para curar el ombligo.
  • Las colonias ocasionan problemas con cierta frecuencia; si se desea utilizar alguna, es mejor aplicarla sobre la ropa del bebé que sobre su piel.

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