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Baldas con estilo para los libros en el salón

Por funcionalidad, bajos costes y la posibilidad de personalizar el diseño, las baldas empotradas en la pared son una excelente opción para instalar la librería en el salón

Montar baldas para colocar libros exige tener en cuenta distintas variables. Las más importantes son calcular las dimensiones adecuadas a los libros que se desee colocar allí y elegir los soportes idóneos. También es importante que respeten el estilo de la decoración de la estancia. Este artículo detalla recomendaciones para elegir las baldas, sus medidas, los beneficios de montar un juego de baldas en el salón y los materiales más apropiados.

Recomendaciones para elegir las baldas

Cuando hace falta albergar una buena cantidad de libros en casa, comprar una estantería no es la única posibilidad que existe. También se puede optar por diseñar la librería uno mismo y, en lugar de armarla como un mueble de una pieza, instalar baldas empotradas en la pared y sostenidas por escuadras. No es difícil hacerlo y permite obtener algunas ventajas: por un lado, ahorrar dinero y, por el otro, dar al conjunto la forma y el tamaño que más se adecuen a la necesidad y el gusto de quien lo realiza.

Conviene diseñar el juego de baldas con una capacidad algo superior a la necesaria, para poder poner nuevos libros en el futuro

Para ello, hay que tener en cuenta una serie de cuestiones. La primera, calcular cuántas baldas y de qué tamaño serán necesarias. Para ello, se deberá sumar el grosor de todos los libros que se desee colocar allí (o, lo que es lo mismo: cuánto mediría una hipótetica fila construida con todos esos libros). Luego habrá que dividir esa longitud por el número de baldas y el resultado será la longitud de cada balda. Es decir, si la suma del grosor de los libros es de cuatro metros, se puede optar por cuatro baldas de un metro cada una, o bien por cinco baldas de 80 centímetros cada una.

De todos modos, conviene diseñar el juego de baldas con una capacidad algo superior a la necesaria en el momento de montarlas, para poder poner nuevos libros en el futuro. Se aconseja añadir al menos una balda más. Mientras ese espacio no sea ocupado por libros, se puede usar para colocar adornos o fotos, o bien se pueden distribuir los ejemplares en todos los estantes; así quedarán pequeños huecos, fáciles de disimular, y no grandes superficies vacías.

Las medidas de las baldas

La profundidad de las baldas de la biblioteca debe adecuarse al tamaño de los libros que vaya a albergar. Por lo general, se usan estantes de 25 centímetros de profundidad, por lo tanto, ese será el ancho de la balda. Esa medida puede ser inferior, pero se recomienda que no tenga menos de 20 centímetros, con el fin de asegurar un buen apoyo. Además, cuanto mayor sea la profundidad de los estantes, más grandes deberán ser las escuadras que soportarán el peso.

La distancia aconsejable entre uno y otro estante es de unos 30 centímetros, aunque se puede adecuar al tamaño de los libros

Lo aconsejable es distanciar entre sí las baldas según la altura media de los libros. Los volúmenes normales tienen unos 20 centímetros de alto, por lo que se considera adecuado dejar unos 30 centímetros entre uno y otro estante. Sin embargo, se puede determinar una mayor diferencia para volúmenes de gran formato, como enciclopedias o libros de arte y fotografía, y menor para ediciones más pequeñas, de bolsillo, CDs, etc.

También se puede diseñar una biblioteca con una profundidad mayor de la requerida por los libros. Eso permitirá ubicar, delante de los volúmenes, pequeños adornos o fotos que den un toque más personal al conjunto. En este caso, habrá que tener en cuenta las dificultades que podrían surgir al querer retirar un libro. Si es un ejemplar de consulta habitual, no conviene poner nada delante y dejar los adornos o fotos para obras que por lo general se mantienen en su sitio. Hasta se pueden buscar combinaciones entre las figuras y colores de los lomos de estos libros y los ornamentos que se sitúen cerca.

Beneficios de montar una estantería en el salón

Al montar una estantería para los libros de esta manera, el efecto visual que se consigue es el de una pared mucho menos recargada que si se ocupase con un único mueble. Al quedar libre el suelo, además, el espacio parecerá más amplio.

Por otra parte, se puede jugar con la posición de las baldas para dar un diseño especial al conjunto:

  • Apaisado: se disponen menos estantes pero que abarquen gran parte del ancho o todo el ancho de una pared, a la altura de los ojos de un adulto. En el ejemplo de antes, con una extensión total de cuatro metros de libros, se podría pensar en dos baldas de dos metros cada una. Esto permite revisar el contenido de la biblioteca con comodidad, además de poder utilizar el espacio de debajo para cualquier otro mueble.

  • Escalera: las baldas son de la misma longitud pero no se colocan en línea recta vertical, justo unas encima de otras, sino de modo que sigan una línea inclinada. En este caso, también se puede completar el conjunto con un cuadro en el espacio libre de arriba o ubicar debajo un mueble con el televisor o el equipo de audio.

  • Pirámide: con este sistema, la extensión de los estantes varía y se ubican de manera que los más largos queden en la parte inferior y los más cortos en la superior. Eso confiere al conjunto una forma que recuerda a una pirámide.

  • Asimétrico: se combinan baldas de diferente longitud y en las posiciones que el diseñador elija. Las posibilidades serán tan variadas como lo permita su imaginación.

Medidas y materiales

Las escuadras que funcionan como soportes deben estar separadas entre sí por unos 80 centímetros de distancia. Su tamaño y el de los tornillos con que se fijen a la pared dependerán de la dimensión de las baldas y del peso de los libros que se vayan a situar sobre ella. En general, se debe tener en cuenta que la longitud de cada brazo del soporte sea de al menos tres cuartas partes de la profundidad de la balda, mientras que la medida de los tornillos de al menos cuatro o cinco centímetros.

En las ferreterías se consiguen tanto escuadras sueltas para instalar en la pared (de diferentes tamaño, diseños y colores) como sistemas de guías o rieles para empotrar sobre los que luego se encastran unas escuadras especiales. Estos rieles pueden verse menos atractivos a la vista, pero son más resistentes y seguros, y tienen la ventaja adicional de que permiten hacer modificaciones posteriores en la posición de las escuadras. Además, requieren taladrar menos orificios en la pared que los soportes sueltos. Como contrapartida, al contrario de las escuadras sueltas, limitan la libertad al momento de elegir la longitud de los estantes y de colocarlos en la posición que se desee.

Y también se puede optar por un diseño con herrajes ocultos. En las tiendas especializadas se consiguen las baldas con el juego de instalación completo: soporte metálico, tornillos y tacos. Los herrajes ocultos ganan en diseño, pero el lado negativo es que su capacidad y su resistencia son mucho más limitadas que las de las escuadras. Por tal motivo, si se elige esta opción hay que tener especial cuidado de elegir estantes con la capacidad de carga adecuada a lo que se quiera poner sobre ellos.


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