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Mascotas exóticas

Con la adquisición de estos animales se pone en peligro su salud y la de toda la familia

Una exposición permanente en el Aeropuerto de Barajas (Madrid), realizada por la Agencia Tributaria con la colaboración de AENA, exhibe objetos elaborados con especies protegidas e intervenidas en las Aduanas y recuerda a los ciudadanos que el tráfico de animales exóticos, plantas protegidas y derivados está absolutamente prohibido. Pueden ser confiscados, acarrear complicaciones legales y traer consigo sanciones. Multar por destruir la vida, aunque sea inconscientemente, es una medida necesaria para frenar este tipo de tráfico. Con la naturaleza no se juega.

Los animales exóticos no son mascotas

Lo primero que se consigue con este tipo de adquisición es truncar la vida del animal; lo segundo poner de los nervios al veterinario, y finalmente someter a riesgos innecesarios a la familia. Pero si, además, el ejemplar en cuestión pertenece a una especie protegida, se está cometiendo un delito grave, tal y como indica la campaña Traffic, un programa conjunto del WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) y de la UICN (Unión Mundial para la Naturaleza), que vigila y controla el comercio de especies silvestres.

La revista Integral recoge el caso de un oso perezoso amazónico abandonado en el interior de una bolsa de basura en la localidad barcelonesa de Esplugues de Llobregat. En resumen, se hace eco de una llamada telefónica a un centro de protección anunciando el hallazgo. Una vez que los efectivos del centro lo recogen, el animal está en tan malas condiciones que deciden pedir ayuda al Zoo de Barcelona donde harán lo posible por salvarle la vida, aunque resulta imposible. Finalmente y tras meses de investigación, se descubre que quien hizo la llamada fue quien abandonó al animal después de haberlo introducido en España de manera ilegal desde Cartagena de Indias (Colombia).

Lo más triste de la historia es que se repite desde hace mucho tiempo y siempre con consecuencias negativas. No es que haya muerto un osos perezoso, es que le siguen tortugas moras, caimanes, monos aulladores, camaleones, loros, etc.

Últimamente parece que tener una gato o un perro como mascota es una vulgaridad y, sin embargo, traerse de manera ilegal un éxotico o comprarlo en la tienda de al lado de casa es mucho más in. La gente se empeña en tener como animal de compañía cocodrilos, monos, serpientes, cacatúas...pero el problema radica en que no lo son, no pueden serlo. No se puede domesticar un animal silvestre, no se le puede enseñar a que haga sus necesidades en una cajita o sacarlo a pasear para que las haga en el jardín. Su condición natural les empuja a no obedecer y obviamente no agradecen los cariños de su amo porque lo único que quieren es estar lejos de él. Ser libres.

Los verdaderos problemas comienzan en este punto, cuando el propietario se da cuenta de que es simplemente eso, el propietario. No alcanza a ser amo, ni amigo. No percibe cariño por parte del animal y no es obedecido de ninguna manera. El problema es encontrarse la cama llena de heces en repetidas ocasiones, orina por toda la casa y muebles, y enseres destrozados. Este es el momento en el que deja de ser un animal "mono" para convertirse en un quebradero de cabeza. Ya no es tan gracioso, los amigos ya lo tienen muy visto y ya no sorprende a nadie. Lo único que hace es comer, ensuciar la casa y romper el equilibrio familiar.

Este es el fatídico momento en que, sin volver a pensar en las consecuencias, se decide, igual que el dueño del caso del oso perezoso, deshacerse del animal en cualquier lugar. Conocido es el caso de las tortugas de florida ,a fuerza de ser puestas en libertad en cualquier rincón de España, están acabando con las especies autóctonas. Más lejana y no menos dramática resulto la moda en Estados Unidos, allá por los 90, de hacerse con un cocodrilo joven. En cuanto empezaban a crecer causaban innumerables problemas que los dueños resolvían arrojando al animal por el inodoro. El hecho es que sobrevivían en las cloacas alimentándose de ratas y desperdicios. Sin embargo, no siempre morían y más de un operario o pocero tuvo que salir huyendo mientras trabajaba al encontrarse con un grupo de cocodrilos con no muy buenas intenciones.

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