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Albergues de animales: crónica de un albergue

Los albergues de las protectoras están al 90% de ocupación y algunos superan este porcentaje

Imagen: Bill Roehl

El día a día de un albergue de animales es duro, tanto para sus trabajadores, como para los animales que viven allí. Y es que en las instalaciones de estos centros se recogen cientos de historias de animales que han sido abandonados y que por tanto han vivido una de las experiencias más traumáticas que puede haber para un perro. Aún así, todavía les queda la esperanza de recuperar un hogar donde ser felices y sentirse queridos: la adopción.

Algunos animales se dejan morir de hambre porque pierden las ganas de vivir debido a que han sido traicionados por sus dueños, tras años de convivencia. La pena les invade e inunda hasta que dejan de respirar. Cuando los visitantes llegan a un albergue muchos perros se disputan una caricia o una mirada del extraño que quizás les lleve a casa. Otros han pasado gran parte de su vida en el albergue y lo consideran ya su casa, así que no se inmutan cuando llegan nuevos visitantes en busca de un animal que adoptar.

José Luis Torres, veterinario del albergue San francisco de Asís, de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Madrid comenta con respecto a los perros mayores de cuatro años, que han vivido siempre con la misma familia y que ingresan en el albergue que "se mueren de pena, porque se quedan en un rincón, no quieren comer y, por ejemplo si llueve, no se ponen ni siquiera a cubierto".

Perfil de los menos queridos

Los animales que menos se adoptan son los mestizos, es decir que no son de una determinada raza, de tamaño grande, mayores de cinco años y enfermos. Frente a los menos queridos, están los más buscados, que suelen ser: cachorros, con raza o que se asemejan bastante a alguna, machos y sanos.

Cuando los visitantes llegan a un albergue muchos perros se disputan una caricia o una mirada del extraño que quizás les lleve a casa

Sin embargo, en muchas ocasiones, la edad es importante para evitar problemas de convivencia. Por ejemplo, si el adoptante es una persona con poco tiempo y problemas de movilidad, un cachorro le implicará más dedicación para jugar con él, educarle, y evitar sus travesuras, algo que no tendría que hacer si adoptara un perro de más edad.

José Luis Torres, veterinario del albergue San Francisco de Asís de la Sociedad Protectora de animales y Plantas de Madrid (SPAP) explica en este sentido que "cuidar a un cachorro es más lioso porque, entre otras cosas, hay que socializarlo o educarlo, sin embargo con un perro adulto nos evitamos esta fase y conocemos ya su carácter".

Albergues saturados

Algunos centros de recogida de animales atienden a más de 400 perros y gatos. Los hay que incluso tienen corderos o caballos que estaban desvalidos o heridos y que allí, por lo menos, han encontrado un techo, alimento y tranquilidad. Están protegidos de un mundo que los ha maltratado y traumatizado.

Larga jornada

La jornada en un albergue de animales es larga y dura; comienza a las 8 de la mañana o incluso antes. Hay que limpiar los patios, dar de comer a los animales, ofrecerles cariño, aunque sea muy repartido, esterilizar, colocar microchip y atender a las personas que quieren adoptar un animal.

Los animales que menos se adoptan son los mestizos, es decir que no son de una determinada raza, de tamaño grande, mayores de cinco años y enfermos

La media de personal del albergue de una protectora de animales está en cuatro cuidadores y dos veterinarios y aunque cuentan con la inestimable ayuda de los voluntarios. Se trata de mucho trabajo y pocos medios para tan pocas manos.

La vida en el albergue también es dura para los animales, sobre todo para los que ingresan allí tras muchos años de convivencia con una familia. En los centros de recogida se les ofrece cobijo, alimento y atención sanitaria, pero pasan a ser uno más entre muchos y les falta el cariño y dedicación exclusivos que les ofrece una familia.

Según datos de la Fundación Affinity, las protectoras están al 90% de ocupación, y algunas incluso superan ese porcentaje. Este dato pone de evidencia que el problema del abandono de animales en España sigue siendo una asignatura pendiente de solución. Aún así, queda resquicio para la esperanza de un nuevo hogar para estos animales gracias a las miles de personas que cada año deciden adoptar a un animal de manera responsable.

Consejos

  • Antes de acudir a un albergue para adoptar un animal, tener las ideas claras sobre qué animal queremos y sobre las responsabilidades que vamos a asumir.

  • Pedir consejo a los cuidadores y encargados del centro, ellos son quienes mejor conocen el carácter de los animales que atienden.

  • Explicar en el albergue cómo es nuestro estilo y ritmo de vida y cuál es la composición de la familia. Por ejemplo es importante saber si hay niños o se tiene poco tiempo para estar en casa.

  • Cuando se toma la decisión de adoptar un perro en concreto, asumir que es para el resto de la vida que le quede al animal. Un perro que ha sido abandonado en un albergue, ya lo ha pasado bastante mal, como para volver a hacerles pasar por otro trauma.


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