Alertan de que el Delta del Ebro podría desaparecer dentro de 200 años si no se frena su regresión

La deposición de sedimentos en el segundo humedal más importante de España se ha reducido en un 99%
Por EROSKI Consumer 20 de mayo de 2004

«El Delta del Ebro podría desaparecer dentro de 200 años si no frenamos su regresión», afirma el geólogo Antonio Canicio, miembro de la Fundación por una Nueva Cultura del Agua, con sede en Tortosa (Tarragona). El segundo humedal más importante de España después de Doñana ha sufrido una importante pérdida de sedimentos que amenaza a una de las zonas más ricas del litoral mediterráneo, donde agricultura, pesca, acuicultura y turismo generan unos cien millones de euros al año.

El cambio climático, las previsiones de la subida del nivel del mar y la subsidencia -tendencia natural de los deltas a hundirse- hacen prever un aumento de la regresión del humedal, donde la deposición de sedimentos se ha reducido en un 99%. «La solución es permeabilizar los embalses. La instalación de diques, además de suponer un gasto insoportable, puede ser viable en Holanda, pero no en mar abierto», explica Canicio.

El Delta del Ebro ocupa una superficie de 330 kilómetros cuadrados, de los que un 20% pertenecen a espacios naturales y el 80%, a zona agrícola y urbana. El aumento progresivo del nivel del mar ha provocado la salinización de los arrozales, lo que obliga a los agricultores a aumentar el gasto en irrigación para «lavar» de sal los campos. Frente al perjuicio económico que provoca al sector agrario, el riego palia la subsidencia.

Este incremento del coste, unido a la voluble política agrícola comunitaria, ha llevado al sector a plantearse la posibilidad de diversificar el cultivo, «lo cual cambiaría la fisonomía del Delta», advierte Lluís Toldrà, abogado y miembro de la asociación ecologista Depana, quien sugiere «la búsqueda de ayudas europeas, no meramente agrícolas, mediante la explotación del arroz ecológico o de denominación de origen».

La disminución del aporte de sedimentos también supone una merma para la pesca, pues la fauna acuática se alimenta de los nutrientes procedentes de los ríos. El 90% de la arena de las playas procede de los sedimentos que arrastran los ríos. Por eso se reclama a la Administración que las cuencas hidrográficas y las costas se gestionen conjuntamente. La presión urbanística y la lucha del sector agrícola por su supervivencia suponen un doble obstáculo para la conservación del medio ambiente.

Pesticidas

El uso de pesticidas y de herbicidas representa una de las principales amenazas para los espacios naturales del Delta, que pese a su reconocimiento legal -anidan 330 especies de aves- no cuentan con una protección real. El mes pasado, el Tribunal Supremo declaró como zona protegida tres parajes naturales del Delta que el Gobierno catalán había catalogado como urbanizables.

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