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Contaminación electromagnética

El cumplimiento de la legislación proporciona un alto índice de seguridad

  • Fecha de publicación: 26 de junio de 2005

Los equipos eléctricos que nos rodean, como la radio, la televisión, los hornos microondas, los tendidos eléctricos y las redes telefónicas originan campos electromagnéticos, radiación que en un nivel y en un tiempo de exposición determinados en el ambiente pueden producir daños tanto en personas como en ecosistemas, de ahí que se hable de contaminación electromagnética.

Hasta hace algunos años se creía que estas radiaciones eran inocuas, pero diversos estudios científicos han alertado de que la exposición a campos electromagnéticos emitidos por estos dispositivos podría afectar negativamente a la salud, especialmente en aquellas personas que pudieran ser más sensibles a dichos campos. Algunos expertos hablan del "síndrome de las radiofrecuencias" para referirse a toda una serie de efectos perniciosos producidos en el cerebro y en la presión sanguínea, como alteraciones del sueño, jaquecas, depresiones, cansancio, fatiga crónica, pérdidas de memoria, afectación del sistema inmunológico e incluso propensión al suicidio. Asimismo, otras investigaciones añaden otros problemas incluso más graves, como la inducción de abortos, daños en el ADN, cáncer y tumores cerebrales, especialmente leucemia. Por ello, y dado que estos componentes eléctricos se han convertido en parte necesaria de nuestra vida cotidiana, los expertos han tratado desde hace años de evaluar hasta qué punto una radiación electromagnética se puede considerar peligrosa o no.

En 1974, se creaba por primera vez un grupo de trabajo sobre este tipo de radiación dentro de la asociación internacional para la protección contra las radiaciones. Asimismo, diversos estudios biomédicos han permitido establecer los valores de absorción específica de estas ondas sin que se produzca daño para el ser humano. No obstante, la información científica existente en la actualidad también recuerda que se admite probada la existencia de efectos biológicos para niveles inferiores a los especificados, aunque no hay evidencia de que tales efectos impliquen un riesgo sanitario.

Asimismo, otro de los problemas se centra en que la evaluación de los niveles del campo electromagnético producidos por una instalación es bastante complicado. Además de requerir un especialista que pueda medirlo correctamente, se necesita disponer de mucha información que debe ser posteriormente tratada y estudiada, con un largo tiempo de dedicación que todo ello implica.

Legislación

Según los conocimientos disponibles en la actualidad, el cumplimiento riguroso de la legislación proporciona a las instalaciones un alto índice de seguridad sanitaria. En 1991 se crea la primera norma que regula los estándares para niveles de radiación electromagnética a la exposición humana. La Unión Europea, tras una recomendación del Consejo en 1999, adopta un marco de restricciones básicas y niveles de referencia que entra en vigor en 2002, aunque con limitaciones, puesto que sólo algunos países han convertido la recomendación en obligación.

En España un Real Decreto de 2001 establece medidas de protección sanitaria frente a emisiones radioeléctricas, asumiendo las restricciones básicas. Asimismo, exige el cálculo de niveles para las nuevas instalaciones y la certificación de cumplimiento de las instalaciones existentes. En 2002 se especifica mediante una orden que los niveles totales deberán estar por debajo de los permitidos y se establecen áreas de protección especial. A pesar de ello, algunas voces críticas denuncian que la realidad ha ido muy por delante de las medidas de control.

Medidas para reducir los efectos de la contaminación electromagnética

  • Alejarse lo más posible de los equipos que originan campos electromagnéticos, ya que la distancia juega un papel destacado en su exposición.
  • Tener en funcionamiento los electrodomésticos el menor tiempo posible.
  • Comprar electrodomésticos de la menor potencia posible y que las frecuencias que utilizan sean las más bajas.
  • Utilizar el teléfono móvil el menor tiempo posible, especialmente en el caso de los niños. A la hora de hablar, intentar alejarlo lo más posible de la cabeza, y no usarlo en áreas de cobertura dudosa.



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