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Las plantas mejoran su crecimiento y resistencia a la sequía y a las enfermedades gracias a su relación simbiótica con un hongo
La palabra micorriza se refiere a la simbiosis entre un hongo (mycos) y las raíces (rhizos) de una planta. Como en toda relación simbiótica, ambas partes se benefician mutuamente, aunque actualmente también se considera como un parasitismo limitado en algunos casos.
A pesar de que la micorrización pueda sonar extraña, lo cierto es que se estima que un 95% de las plantas superiores presentan esta simbiosis de forma habitual, y lo más probable es que las restantes desciendan de plantas micorrizadas que han perdido secundariamente esta característica.
La micorrización posibilita que el hongo reciba carbohidratos y vitaminas de las plantas, esenciales para su desarrollo, mientras que las plantas se benefician de diversas maneras:
En especies como las orquídeas la micorrización resulta indispensable puesto que sin ella la planta no puede subsistir
Algunos árboles, como los pinos, son incapaces de vivir más de dos años cuando están sin micorrizar. En otras especies, como las orquídeas, resulta incluso indispensable, puesto que sin ella la planta no puede subsistir. La micorrización es también la responsable del crecimiento de los conocidos hongos de sombrero, como las "amanitas" o los "boletos", o de uno de los productos gastronómicos más selectos: la trufa negra, que vive asociada a distintas especies forestales y de arbustos en los países mediterráneos.
Por ello, la siembra de la mayoría de plantas, tanto comestibles como decorativas, y las repoblaciones forestales que se llevan a cabo en la actualidad, van acompañadas de los fragmentos del hongo más adecuados para establecer micorrizas.
El botánico alemán Albert Berhhard Frank fue el primero en observar y bautizar este fenómeno, en 1885. A principios del siglo XX, empezó a estudiarse por su importancia para las plantas utilizadas en agricultura y jardinería, pero no fue hasta mediados de dicho siglo cuando comenzó a aceptarse su importancia y generalidad dentro de la Naturaleza. La antigüedad del origen y presencia de las micorrizas se remonta a hace 460 millones de años, gracias a la cantidad de registros fósiles encontrados.
Según su morfología, las micorrizas se dividen en distintos grupos, aunque se pueden destacar dos principales:
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