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El fin de las bombillas incandescentes

El calendario progresivo de retirada del mercado de las bombillas incandescentes continuará hasta 2016

  • Última actualización: 16 de septiembre de 2011

  
- Imagen: TC -
Las bombillas incandescentes de 60 W, uno de los modelos más usados en España, ya no se podrán distribuir en el mercado. Y no serán las únicas: hasta septiembre de 2016 se continuará un calendario para retirar los principales modelos de mayor consumo. Su objetivo: sustituirlas por las bombillas más eficientes. Las instituciones pretenden ahorrar así energía y dinero, y reducir el impacto ambiental. Los consumidores son esenciales para ello.

Retirada de las bombillas incandescentes

Desde el 1 de septiembre ya no se pueden distribuir en el mercado lámparas incandescentes de 60W, uno de los modelos más usados en España, según Philips. La medida es consecuencia de la normativa de eficiencia energética de la Unión Europea (UE). Sus responsables han marcado un calendario progresivo de eliminación de los principales modelos de mayor consumo, que empezaba en septiembre de 2009 y culminará en septiembre de 2016.

El objetivo de la UE es lograr en 2020 un ahorro de electricidad equivalente al consumo anual de once millones de hogares y una reducción media del recibo de la luz de 25 euros al año con la aplicación de las nuevas normas de eficiencia energética.

Por qué se las retira del mercado

Sustituir una bombilla tradicional de 60W por otra de 13 W de bajo consumo ahorra unos 22 euros de electricidad

Las bombillas incandescentes malgastan mucha energía y duran poco. Se estima que solo el 5% de la energía que consume una bombilla incandescente de 100W se traduce en luz (el 95% en calor que se desperdicia). Además, su vida útil se estima en mil horas, o dicho de otro modo, supone un mayor consumo de recursos naturales y de generación de residuos que tienen que reciclarse de forma adecuada para evitar que contaminen el medio ambiente.

Por ello, el objetivo de las instituciones europeas es su progresiva sustitución por las denominadas bombillas de bajo consumo, que incluye varios modelos, como las halógenas ahorradoras, las fluorescentes de bajo consumo y las LED.

Este tipo de iluminación eficiente utiliza entre un 50% y un 90% menos de energía que una bombilla incandescente para producir la misma cantidad de luz. Otra de sus ventajas es su mayor duración. Las bombillas LED tienen una vida útil de hasta 25.000 horas y las fluorescentes de entre 7.000 y 12.000 horas.

A pesar de ser más caras que las convencionales, se amortizan de forma amplia gracias a su larga duración y su aprovechamiento energético. Algunos estudios indican que cambiar una bombilla tradicional de 60W por otra de 13W del tipo halógena ahorradora, ofrece una luminosidad similar y puede ahorrar unos 22 euros de electricidad a lo largo de su vida útil.

Además del considerable ahorro energético y para el bolsillo, suponen una importante reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), implicados en el cambio climático, y de la generación de residuos.

El importante papel de los consumidores

 El cambio de una bombilla puede parecer una medida insignificante, pero si todos los consumidores lo hicieran, no se pensaría así. Según el Instituto norteamericano de Políticas de la Tierra, dedicado a promover el desarrollo sostenible, si todos los países sustituyesen las incandescentes por bombillas de bajo consumo, la caída del uso mundial de electricidad permitiría el cierre de más de 270 centrales eléctricas de carbón de 500 megavatios (MW).

Según dicha organización, el principal reto reside en que los consumidores sean conscientes de que cambiarse a bombillas de bajo consumo reduce de manera importante las facturas mensuales de la electricidad y recorta las emisiones de GEI. Por otra parte, los consumidores también pueden reclamar a los responsables institucionales que actúen con medidas para apoyar este cambio.

La responsabilidad de los consumidores no solo acaba con la adquisición de bombillas de bajo consumo. Aunque duran más, cuando se funden también hay que reciclarlas. De esta manera, se recuperan sus materiales (vidrio, metal, plástico y mercurio) y se evita que contaminen, en especial los más peligrosos, como el mercurio. La Asociación para el Reciclaje de Lámparas (Ambilamp) ha puesto en marcha una activa campaña para animar a los consumidores a que depositen sus bombillas usadas en alguno de los más de 9.000 puntos de recogida de estos residuos en toda España.



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