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El fin de las bombillas incandescentes

Las lámparas más derrochadoras y contaminantes se retiran de forma progresiva hasta 2016

Imagen: Blas Lamagni

A partir del 1 de septiembre, las clásicas bombillas incandescentes ya no se podrán fabricar ni importar en la Unión Europea (UE). Y no serán las únicas. Hasta septiembre de 2016 se continuará con la retirada progresiva de los demás modelos de mayor derroche energético, para sustituirlos por otros más eficientes. Las instituciones comunitarias, responsables de la medida, pretenden así reducir el elevado consumo energético en iluminación y su impacto ambiental, y de paso ahorrar hasta 10.000 millones de euros al año, hasta 50 euros por hogar. Este artículo señala los modelos de bombillas que ya no se podrán fabricar, explica por qué se retiran del mercado y los modelos más eficientes que las sustituyen. También se recuerda el importante papel de los consumidores en este proceso.

Modelos de bombillas que ya no se podrán fabricar

Desde el 1 de septiembre ya no se podrán fabricar ni importar bombillas incandescentes en ningún país de la UE. La medida es consecuencia de la directiva de eficiencia energética Ecodesign 2009/125/CE del Parlamento Europeo.

Sustituir las bombillas incandescentes ahorrará en la UE hasta 10.000 millones de euros al año

La normativa empezó a aplicarse en 2009 de forma progresiva. Cada 1 de septiembre, desaparece un tipo distinto. Las primeras bombillas en retirarse fueron los modelos de 100 vatios (W); en 2010 las de 75 W; el año pasado las de 60 W (uno de los modelos más usados en España según la empresa Philips); y finalmente le ha llegado el turno este año a las de 40 W y 25 W.

La normativa europea obliga desde septiembre de 2009 a que todas las lámparas no transparentes (mate) sean de clase A según los requisitos de la etiqueta energética europea. Las incandescentes han sido las primeras en desaparecer por ser las más derrochadoras, pero no las únicas. Las lámparas halógenas claras de 950 lúmenes (lm) y las halógenas mates (salvo las de eficacia A) quedaban fuera del mercado también desde el 1 de septiembre de 2009. En la misma línea de retirar de más a menos consumidoras, al año siguiente caían las halógenas claras de 725 lm, en 2011 las de 450 lm y este próximo 1 de septiembre las de 60 lm.

El calendario de retirada de los modelos que no logran la clase A continuará hasta el 1 de septiembre de 2016. En 2013 ya no se podrán fabricar ni importar halógenas de clase energética D ni E y, finalmente en 2016, le llegará el turno a las halógenas de clase C. Por su parte, las lámparas de incandescencia que no se eliminan son las reflectoras y las de aplicaciones especiales.

Esta normativa no significa que los consumidores que tengan en su casa estos modelos están obligados a retirarlas, pero cuando tengan que sustituir o comprar nuevas bombillas ya no tendrán a su disposición estos modelos.

Por qué se retiran del mercado

Las bombillas incandescentes malgastan mucha energía y duran poco. Se estima que solo el 5% de la energía que consume una bombilla incandescente de 100 W se traduce en luz (el 95%, en calor que se desperdicia). Además, su vida útil se estima en mil horas, o dicho de otro modo, supone un mayor consumo de recursos naturales y de generación de residuos que tienen que reciclarse de forma adecuada para evitar que contaminen el medio ambiente. La normativa europea pone así fin a 133 años de historia: Thomas Alva Edison inventaba la bombilla incandescente el 21 de octubre de 1879.

Por ello, el objetivo de las instituciones europeas es su progresiva sustitución por las denominadas bombillas de bajo consumo, que incluyen varios modelos, como las halógenas ahorradoras, las fluorescentes de bajo consumo y las LED. Este tipo de iluminación eficiente utiliza entre un 50% y un 90% menos de energía que una bombilla incandescente para producir la misma cantidad de luz. Otra de sus ventajas es su mayor duración. Las bombillas LED tienen una vida útil de hasta 25.000 horas y las fluorescentes de entre 7.000 y 12.000 horas.

Estas bombillas de bajo consumo pueden conseguir, según las estimaciones de la Unión Europea, que un hogar medio ahorre hasta un 15% en el recibo de la luz, un ahorro neto de 25 a 50 euros al año (gasto de su compra incluido), dependiendo del tamaño de la familia y del tipo y número de bombillas que utilice.

Gracias a los nuevos requisitos de eficiencia energética, los responsables comunitarios calculan que a partir de 2020 estas bombillas ahorrarán a la UE más de 40.000 millones de kilovatios hora al año, equivalentes al consumo de electricidad de 11 millones de hogares europeos durante el mismo periodo. En cifras monetarias, se estima que la Unión Europea ahorrará entre 5.000 y 10.000 millones de euros al año.

Además del considerable ahorro energético y económico, suponen una importante reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), implicados en el cambio climático. La UE dejará de emitir hasta 15 de millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) al año, sin olvidar la considerable disminución de generación de residuos.

El importante papel de los consumidores

El cambio de una bombilla puede parecer una medida insignificante, pero si todos los ciudadanos lo hicieran, no se pensaría así. Según el Instituto norteamericano de Políticas de la Tierra, dedicado a promover el desarrollo sostenible, si todos los países sustituyesen las incandescentes por bombillas de bajo consumo, la caída del uso mundial de electricidad permitiría el cierre de más de 270 centrales eléctricas de carbón de 500 megavatios (MW).

Según dicha organización, el principal reto reside en que los consumidores sean conscientes de que cambiarse a bombillas de bajo consumo reduce de manera importante las facturas mensuales de la electricidad y recorta las emisiones de GEI. Por otra parte, los ciudadanos también pueden reclamar a los responsables institucionales que actúen con medidas para apoyar este cambio.

La responsabilidad de los consumidores no solo acaba con la adquisición de bombillas de bajo consumo. Aunque duran más, cuando se funden hay que reciclarlas. De esta manera, se recuperan sus materiales (vidrio, metal, plástico y mercurio) y se evita que contaminen, en especial los más peligrosos, como el mercurio. La Asociación para el Reciclaje de Lámparas (Ambilamp) anima a que los ciudadanos depositen sus bombillas usadas en alguno de sus más de 9.000 puntos de recogida de estos residuos en toda España.


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