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Defensores y detractores del Almacén Temporal Centralizado de residuos radiactivos defienden argumentaciones contrapuestas
El emplazamiento definitivo del Almacén Temporal Centralizado (ATC) de residuos radiactivos de alta actividad podría darse a conocer a finales de junio o principios de julio. La industria de este sector y los expertos en energía nuclear explican que es una instalación necesaria, segura, que genera riqueza y que no se puede considerar un cementerio. Las organizaciones ecologistas opinan lo contrario y aseguran que al apostar por la energía nuclear se frena el desarrollo de las energías renovables. A continuación, se muestran las principales argumentaciones de unos y otros.
Cerca de la quinta parte de la energía eléctrica generada en España en 2008 provino de las centrales nucleares. Al consumir electricidad, se estima que cada ciudadano español "produce" cuatro gramos anuales de residuos atómicos. En concreto, España tiene diez reactores nucleares, de los que dos ya no funcionan. Parte del uranio utilizado de la central de Vandellós I se envío a Francia en 1989 tras su desmantelamiento. A partir de 2011, este combustible reprocesado deberá volver a España, con una penalización de unos 60.000 euros diarios en caso negativo.
Las demás centrales guardan el combustible utilizado en unas piscinas especiales de sus propias instalaciones. El problema es que están llegando a su límite de capacidad: una de las piscinas de Ascó, en Tarragona, será la primera en enfrentarse a esta situación en 2013. En 2015 le llegará el turno a la otra piscina de Ascó; en 2019 a Santa María de Garoña (aunque se supone que deberá cerrar en 2013); en 2020 a Vandellòs II; en 2021 a Cofrentes y Almaraz I y, por último, en 2022 a Almaraz II. Las plantas de Trillo y Zorita ya han llenado sus tanques y tienen en su interior un almacén similar al que se quiere construir, aunque de menor tamaño.
El futuro ATC podrá albergar 7.000 toneladas de combustible y residuos nucleares
En la actualidad, las centrales españolas acumulan más de 3.569 toneladas de residuos radiactivos de alta actividad, según el Foro Nuclear Español. Se estima en 6.700 toneladas los residuos que se alcanzarán en la fecha prevista de cierre de todas las centrales nucleares españolas. El futuro ATC podrá albergar 7.000 toneladas de combustible y residuos, y unos 1.900 metros cúbicos de restos procedentes del desmantelamiento de instalaciones nucleares.
La decisión sería la misma que la tomada con los residuos nucleares de baja y media actividad. Estos desechos, procedentes de hospitales, centros de investigación, industrias o las propias centrales nucleares, se depositan desde 1992 en una instalación ubicada en El Cabril (Córdoba). La Nuclear Regulatory Commission de EE.UU. considera este almacén como uno de los mejores del mundo.
La instalación HABOG (siglas que en holandés se corresponden a las españolas ATC) será el modelo para la construcción de este almacén atómico. El complejo holandés, ubicado en Borssele, una localidad de unos 20.000 habitantes que tiene también una central nuclear, es "el sitio más seguro de este país", según sus responsables. Funciona desde 2003 y está preparado para resistir terremotos de grado seis en la escala Richter, inundaciones, explosiones de gas licuado, huracanes y hasta el choque de aviones.
En cuanto a su efecto en la salud, la central holandesa todavía no cuenta con datos epidemiológicos suficientes. Ahora bien, estudios realizados en una central similar de Suecia, construida en 1985, no han detectado aumento de enfermedades asociadas a la radiación entre la población limítrofe.
El Ministerio de Industria prevé una inversión total de unos 700 millones de euros. El municipio que lo albergue recibiría 2,4 millones de euros anuales del Estado, mientras que los municipios que se encuentren en un área de doce kilómetros a la redonda recibirán 3,6 millones. Además, en concepto de cofinanciación, los ayuntamientos podrán contar con hasta otros 1,8 millones de euros si presentan un proyecto que implique el desarrollo local de la zona. Para la construcción de las instalaciones se estima un promedio diario de unos 300 trabajadores durante los cinco años de la primera etapa, con algún pico de hasta 500 trabajadores.
En este caso, el modelo del ATC holandés, en el que trabajan 53 personas, es diferente. El municipio no recibe compensación económica, salvo los impuestos que cobra como a cualquier otra instalación industrial. Sus responsables aseguran que ha tenido un efecto multiplicador que permite vivir de forma indirecta a muchas personas.
Por sus características no puede hablarse de un cementerio en el que se depositen para siempre los residuos. En realidad es un Almacén Temporal Centralizado (ATC), nombre técnico con el que se conoce a esta instalación. La idea es conservar en un único lugar los residuos acondicionados, sin que se produzcan reacciones en cadena, para mejorar su gestión y evitar los riesgos de tenerlos en varios lugares.
En teoría, la instalación estará diseñada para durar 100 años, pero se ha impuesto una limitación administrativa de 60 años. En este periodo se estima que la tecnología necesaria para su tratamiento definitivo ya estará desarrollada (algunos científicos creen que incluso en la mitad de tiempo). Se habla de tres posibles soluciones:
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