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Lesiones del ligamento cruzado anterior

Los entrenamientos de fuerza combinados con otros ejercicios y aprendizajes mejoran el movimiento de la rodilla y reducen la probabilidad de sufrir estas roturas

Imagen: Wikipedia

La rotura del ligamento cruzado anterior es una de las lesiones más temidas por los deportistas, tanto por el dolor que provoca como por el tiempo que se requiere para su recuperación. Una lesión de este tipo provoca que el jugador se pierda prácticamente toda la temporada y, aun así, no se garantiza la recuperación total de la movilidad. Incluso en muchas ocasiones se recomienda pasar por el quirófano si se quiere volver a competir al máximo nivel.

El ligamento cruzado anterior (LCA) es un importante estabilizador de la rodilla. Su función es la de limitar el desplazamiento de la articulación por encima de los límites anatómicos. Su rotura, parcial o completa, se produce después de un cambio súbito de dirección. Además, un 80% de este tipo de lesiones se producen sin contacto físico, y la mayoría de ellas durante el aterrizaje de un salto. Sin embargo, aunque no tan frecuentemente, las lesiones del LCA pueden deberse a un golpe en un lado de la rodilla, por una parada rápida combinada con cambio de dirección o una extensión extrema de la rodilla (hiperextensión).

La práctica de deportes como el baloncesto, el fútbol, el fútbol americano y el esquí es la causa más común de ruptura total o parcial del LCA. Un sonido "crujiente" en el momento de la lesión es suficiente para sospechar a una posible rotura. Automáticamente se presenta dolor severo y, tras pocos minutos, acostumbra a inflamarse la rodilla. Los síntomas serán ya claros si, al cabo de un tiempo prudencial, se sufre inestabilidad en la articulación de la rodilla.

Fuerza para reducir lesiones

Los expertos recomiendan combinar entrenamiento de fuerza, pliométrico y de equilibrio, además de asesoramiento para aprender a saltar

A pesar del éxito de estudios recientes que podrían ayudar a la reducción del riesgo de sufrir roturas del LCA, todavía hay áreas en este campo que merecen investigación. Es lo que ha intentado hacer Daniel Herman, de la Universidad de Carolina del Norte, que ha recopilado varios programas de prevención de rotura de LCA para determinar, parámetro a parámetro, el mecanismo común que en todos ellos proporciona beneficios al ligamento. Los resultados se han presentado en el encuentro anual de la American Orthopaedic Society for Sports Medicine. Parece ser que los entrenamientos de fuerza mejoran el movimiento de la rodilla y los gestos bruscos, por lo que podrían ayudar a reducir las lesiones de este tipo.

El estudio se centró en mujeres, que tienen una mayor tasa de lesiones del LCA que los hombres. Fueron 29 las mujeres deportistas sometidas a nueve semanas de entrenamiento y formación (mediante asesoramiento con vídeos), mientras que el mismo número de deportistas pasó las mismas semanas sin ningún tratamiento específico. Se tomó como deportista a aquella mujer que practicara en ese momento deportes como baloncesto, fútbol o voleibol de una a tres veces por semana.

Durante las semanas de estudio, un vídeo enseñó a las voluntarias cómo aterrizar tras un salto. Los resultados fueron notablemente mejores en estas mujeres, que mejoraron las técnicas de salto y el ángulo de flexión de la rodilla durante la caída. La presencia del vídeo demostró, según los expertos, que un entrenamiento aislado de fuerza no sería suficiente para alterar la biomecánica de las extremidades inferiores en las mujeres.

Entrenamientos combinados

"Dado que las lesiones del LCA son mucho más comunes en mujeres, cualquier investigación que las pueda reducir debe ser bienvenida", asegura Jeffrey H. Berg, del Town Center Orthopaedic Associates, en Virginia (EE.UU.), que no ha tenido ninguna implicación en el estudio. Aun así, recuerda que pasados estudios revelaron conclusiones contradictorias que ponían en duda la validez de los ejercicios de fuerza con caída. Sin embargo, según los investigadores, este estudio muestra que la razón de este rechazo se debió al entrenamiento de fuerza como algo aislado, cuando parece claro que debe combinarse con otras prácticas de ejercicio.

De hecho, los investigadores no concluyen, ni mucho menos, que el entrenamiento de fuerza y el asesoramiento para aprender a saltar sean ni mucho menos exclusivos. Hablan de la necesidad de incluir entrenamiento pliométrico -basado en la fuerza durante espacios muy cortos de tiempo para trabajar la musculatura, como ejercicios de rebote o saltos en espacios cortos de tiempo, entre otros- y entrenamiento de equilibrio.

Tras los resultados de la investigación, el esfuerzo para futuras investigaciones, según Herman, debería centrarse en encontrar ejercicios específicos que ayuden a crear un programa determinado de tratamiento. Por otro lado, se requieren más estudios para valorar la mejor duración de este tipo de entrenamiento, ya que "aún queda mucho para saber cuánto duran los efectos beneficiosos".

UNA LESIÓN FEMENINA

Imagen: Randy

El motivo por el que las lesiones del LCA son mucho más frecuentes en las mujeres parece encontrarse en las diferencias anatómicas y neuromusculares registradas entre géneros. Para empezar, son varios los estudios que demuestran que existe mayor laxitud en las articulaciones de la mujer. Después de la pubertad, la laxitud del ligamento y la flexibilidad articular suelen aumentar en las mujeres y disminuir en los varones, algo que puede actuar como factor clave en la mayor tasa de rupturas de LCA entre las atletas femeninas.

Un estudio sobre roturas de LCA en mujeres, publicado en "Journal of Athletic Training", sospechaba ya en 1999 que podría haber otros motivos. Entre ellos, la investigación hacía referencia a la pelvis más ancha de la mujer, a la musculatura menos desarrollada y a la menor resistencia muscular. El artículo también mencionaba el hecho de que las mujeres generan la fuerza muscular más lentamente que los hombres y tienen una estabilización dinámica menos eficaz.

El mismo estudio proponía medidas de prevención de lesiones. Dichas recomendaciones incluían control dinámico de posibles lesiones, entrenamiento para aprender a usar los músculos isquiotibiales, práctica de carrera rápida en distancias cortas, aprender a controlar las caderas y tronco, ejercicios de la musculatura de la cadera para mejorar su estabilización, entrenamiento de la resistencia muscular y, finalmente, la práctica del control de la extensión de la rodilla (posición de estabilidad).




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