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Sexualidad y problemas cardiovasculares

Los pacientes con antecedentes de infarto o angina de pecho se sienten limitados en sus actividades sexuales, aún cuando la tasa de fallecimientos no aumenta significativamente

Imagen: amnesia kid/Flickr

Una de cada tres muertes que se registra en España está directamente relacionada con las enfermedades cardiovasculares. Unas dolencias ligadas estrechamente a los modos de vida modernos y que tienen en su paciente tipo a un hombre de 40 a 60 años. Quienes las padecen sufren limitaciones físicas para realizar algunas actividades. Esta cuestión, unida a la extensión de falsos mitos y a la influencia de algunos fármacos, conlleva a que se tengan ciertos miedos a la hora de mantener relaciones sexuales. Sin embargo, el miedo que sienten muchos pacientes a los encuentros íntimos no siempre está justificado.

Miedo al sexo

Las enfermedades cardiovasculares son uno de los principales problemas sanitarios en las sociedades modernas. Algunos aspectos ligados al modo de vida de los países más desarrollados, como determinadas dietas, jornadas laborales estresantes, el consumo de alcohol o tabaco y la escasa práctica deportiva son factores que influyen decisivamente en la expansión de este tipo de dolencias. Tanto es así, que la American Heart Association estima que el 41% de todas las muertes contabilizadas en los llamados países ricos está relacionada con esta problemática.

España no es ajena a esta tendencia. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, los problemas cardiovasculares son la principal causa de muerte en nuestro país, ya que suponen un tercio de las defunciones registradas. Además, conllevan un gasto sanitario de 7.000 millones de euros al año. Las enfermedades isquémicas del corazón (infartos de miocardio, anginas de pecho) son la primera causa de defunción entre los varones, con 21.898 muertes en 2004, el último año con datos actualizados. Entre las mujeres, son los problemas cerebrovasculares los que provocan un mayor número de fallecimientos, con 20.049 casos en 2004.

Por todo ello, no resulta extraño que quienes padecen estas dolencias, especialmente aquellos pacientes que han sufrido ya un aviso en forma de angina de pecho o infarto, vean mermada su capacidad física y se sientan limitados en algunas de sus actividades vitales, como las correspondientes a las relaciones sexuales. A los problemas de disfunción eréctil o falta de deseo y lubricación que, en ocasiones, provocan algunos medicamentos empleados en los tratamientos de estas enfermedades, con frecuencia se suma el propio miedo que sienten a la hora de mantener estas relaciones. Según un estudio de la American Heart Association, la mitad de los pacientes con enfermedades cardiovasculares, espacialmente si han sufrido un infarto, «presenta algún trastorno reversible de la función sexual».

«El esfuerzo físico que entraña una relación sexual es equivalente a subir tres pisos por las escaleras»

«El miedo a realizar cualquier ejercicio es lo que más les paraliza y empiezan a hacer evitación de los encuentros íntimos, lo que puede acabar provocando problemas de pareja, porque la otra persona deja de sentirse deseada», explica Rosa Abenoza Guardiola, sexóloga y miembro de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología. Ese miedo, sin embargo, no siempre está del todo justificado. De hecho, «el esfuerzo físico que entraña una relación sexual», detalla Abenoza, «es equivalente al que se necesita para subir tres pisos por las escaleras o dar un paseo ligero y notablemente inferior al que supone jugar al tenis, esquiar o cortar el césped con una máquina móvil», por ejemplo.

Sin embargo, tal y como recuerda esta profesional, «hasta hace 20 años cuando alguien sufría un infarto o tenía problemas de corazón se daba por hecho que tenía que dejar el sexo». Por ello, todavía hoy son muchos los pacientes que temen las consecuencias que les pueden deparar esas prácticas, a pesar de que, según señala la propia Fundación Española del Corazón, «los casos de fallecimiento durante el acto sexual se producen en un porcentaje muy bajo». En este sentido, un estudio realizado sobre 5.559 casos de muerte repentina por causas no traumáticas, desveló que sólo 34 fueron por motivos cardiológicos y se produjeron durante el coito. Además, en 27 de esas 34 relaciones, la persona fallecida estaba realizando el acto sexual con una pareja distinta a la habitual.

Veinte por millón

La Escuela de Medicina de Harvard (EEUU) llevó a cabo una investigación sobre 1.774 pacientes coronarios para conocer el verdadero alcance de los riesgos que entraña tener relaciones sexuales. Los resultados, publicados en la revista Journal of the American Medical Association, revelan que el riesgo en un varón sano de 50 años de sufrir un ataque de corazón en las dos horas posteriores a practicar sexo era de dos entre un millón.

La cifra aumentaba a 20 por millón si la persona en cuestión había sufrido un infarto, mientras que el riesgo de sufrir un nuevo ataque entre los pacientes que optaban por el celibato se quedaba en la mitad (10 por millón). En cualquier caso, en opinión de Pedro Antonio Otero, sexólogo y miembro de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología, «el riesgo no aumenta significativamente en un infartado».

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