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Su bajo coste, las cláusulas de algunos contratos respecto a los datos del usuario y la optimización de la tecnología otorgan a esta práctica una enorme rentabilidad

El 80% del correo digital es spam. Afecta a los servidores, a los servicios, a la privacidad de los usuarios y a su salud mental. Afecta a billones de personas y colapsa las carreteras de la Información. Sólo por el spam, la Red es siete veces más lenta de lo que debería. Sus responsables son probablemente las personas más odiadas de Internet y, sin embargo, siguen enviando miles de millones de correos no solicitados cada día. ¿De dónde vienen? ¿A dónde van? Y, lo que es más importante, ¿por qué no nos dejan en paz?
Los 'spammers' ganan millones de euros al mes bombardeando a desconocidos con sus reclamos insidiosos porque el proceso apenas cuesta dinero y basta con un mínimo porcentaje de éxito para que el esfuerzo merezca la pena. Su táctica consiste en ganarse la atención del usuario, después su confianza y, finalmente (de una manera u otra) su dinero antes de desaparecer tan rápido como habían llegado.
Sin embargo, para evitar el spam basta con seguir una serie de normas que, si se aplican correctamente, reducirán sensiblemente la cantidad de correos basura recibidos:
Utilizar una cuenta de correo desechable ('pook mail') para suscripciones a listas de correo masivas y servicios en la Red. Utilizar a la vez una privada para el correo personal y no confiársela a nadie.
No abrir correos de desconocidos; siempre es mejor eliminar los correos sospechosos sin abrir.
Nunca se deben abrir archivos adjuntos, especialmente si son ejecutables: son fuentes de infección del ordenador y de programas espía.
El Spam es cualquier información que llega al correo personal sin haber sido solicidada o aceptada previamente. Es una definición problemática, porque reune en el mismo saco a los vendedores de Viagra y a los que solicitan ayuda para zonas en desgracia, pero no es el propósito sino el proceso lo que define al Spam.
Muchas empresas venden las bases de datos con las direcciones de sus clientes y usuarios a subcompañías y asociados, que las utilizan para promocionar sus propios productos. Aunque molesta, esta práctica puede ser legítima si el contrato firmado con ellos incluye una cláusula que se lo permite. Técnicamente, el usuario ha aceptado la venta de sus datos a terceros y, por tanto, lo que le manden no será Spam, aunque no sea correo deseado.
Otras veces, el origen del spam es una organización humanitaria que utiliza todos los recursos a su alcance para hacer su labor lo más eficaz posible. Su intención puede ser loable y su causa lo suficientemente importante como para que el medio justifique el fin. Pero eso no lo hace menos Spam.
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