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Los niños y niñas que crecen en la pobreza y carecen de elementos esenciales, como una buena nutrición, un saneamiento adecuado y un refugio, se enfrentan a consecuencias devastadoras. La pobreza perjudica su salud, desarrollo y aprendizaje, lo que se traduce en peores perspectivas laborales, una menor esperanza de vida y mayores tasas de depresión y ansiedad. Los más pequeños, niños y niñas con discapacidad y quienes viven en situaciones de crisis son especialmente vulnerables.
Sin embargo, las altas tasas de pobreza pueden revertirse con voluntad política y medidas concretas, tanto en nuestro país como en los países con ingresos bajos y medios. Porque invertir en infancia beneficia al conjunto de la sociedad e influye en su estabilidad y prosperidad.
Pobreza infantil en el mundo
Los índices más altos de pobreza multidimensional infantil se concentran en África subsahariana y Asia meridional. En Chad, por ejemplo, el 64 % de los niños y niñas afrontan dos o más privaciones graves y casi el 25 % debe hacer frente a tres o más. El saneamiento es la privación grave más extendida, lo que influye directamente en la exposición de la infancia a enfermedades.

La proporción de niños y niñas que enfrentan una o más privaciones graves en países de ingresos bajos y medios descendió del 51 % en 2013 al 41 % en 2023, en gran parte debido a la priorización de los derechos de la infancia en las políticas nacionales y la planificación económica. Sin embargo, ese proceso de disminución de la pobreza a nivel global se está estancando.
Los conflictos, el cambio climático y las crisis medioambientales, los cambios demográficos, el creciente endeudamiento nacional y la ampliación de las brechas tecnológicas están agravando la pobreza. Al mismo tiempo, los recortes sin precedentes en la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) amenazan con profundizar las privaciones infantiles en los países de ingresos bajos y medios.
Asimismo, la pobreza monetaria limita aún más el acceso a alimentos, educación y servicios de salud. Según los datos más recientes, más del 19 % de los niños y niñas en el mundo viven en pobreza monetaria extrema, sobreviviendo con menos de 3 dólares al día. Casi el 90 % de estos niños y niñas se encuentran en África subsahariana y Asia meridional.
La pobreza en los países con ingresos altos
Pero la pobreza no solo afecta a los países con ingresos más bajos. El último informe de UNICEF analiza también los 37 países más ricos del mundo, y refleja una cifra alarmante: alrededor de 50 millones de niños y niñas, es decir, el 23 % de la población infantil en estos países, vive en una situación de pobreza monetaria relativa, lo que puede limitar su capacidad para participar plenamente en la vida cotidiana.
Aunque la pobreza disminuyó en promedio un 2,5 % en los 37 países analizados entre 2013 y 2023, el progreso se ha estancado o revertido en muchos casos. En Francia, Suiza y el Reino Unido, por ejemplo, la pobreza infantil aumentó más de un 20 %. Durante el mismo periodo, Eslovenia redujo su tasa de pobreza en más de una cuarta parte, gracias en gran medida a un sólido sistema de prestaciones familiares y a la legislación sobre el salario mínimo.

En España, la tasa de pobreza monetaria ha disminuido para las personas adultas (de 18 años a 64 años) en 1,7 puntos porcentuales en los cinco últimos años (del 19,8 % al 18,1 %), mientras crecía en casi la misma cifra (1,8) para los menores de 18 años (del 27,4 % al 29,2 %). El porcentaje se eleva al 34,8 % cuando hablamos de niños y niñas en riesgo de pobreza o exclusión social, la mayor tasa de la Unión Europea.
Frente a esta situación, UNICEF España pone el foco en el potencial de las políticas concretas para revertir la pobreza infantil en nuestro país y, a través de sus últimos estudios, demuestra que esta tasa de pobreza se podría reducir si se implementara una prestación universal a la infancia progresiva de 100 euros, sacando a 270.000 niños, niñas y adolescentes de esta situación.
Es posible avanzar hacia la erradicación de la pobreza
Avanzar hacia la erradicación de la pobreza infantil es posible. Con voluntad política y el compromiso de los Gobiernos, se puede abrir un mundo de posibilidades para la infancia, tanto en España como en el resto de los países.
A pesar de la dura situación a la que se enfrentan millones de niños y niñas, no es momento de dar marcha atrás. Es el momento de consolidar los avances logrados con tanto esfuerzo a lo largo de los años.
Los gobiernos y las empresas pueden hacerlo reforzando la inversión en servicios clave para mantener a la infancia sana y protegida, y garantizando su acceso a elementos esenciales como una buena nutrición, especialmente en contextos frágiles y humanitarios. Porque invertir en la infancia contribuye a construir un mundo más saludable y pacífico para todos y todas.


