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5 ideas sencillas para unas vacaciones en familia

¿Llega el verano y no sabes cómo entretener a los pequeños de la casa? Existen varios planes atractivos y económicos para que en verano disfrute toda la familia, incluidos los abuelos

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: sábado 16 junio de 2018

Planificar es la clave para asegurar el éxito de unas vacaciones. Y más cuando esas vacaciones se harán en familia, porque hay que asegurar el descanso y el disfrute tanto de los adultos como de los pequeños. Los abuelos desempeñan un papel cada vez más activo en la crianza y el cuidado de los peques. También son protagonistas del ocio familiar. Improvisar un viaje a una ciudad desconocida y sin demasiada oferta de ocio infantil o para la tercera edad, más allá de las largas horas de playa, puede suponer un problema. En este artículo ofrecemos cinco ideas para que el descanso familiar sea exitoso.

Con un poco de imaginación y tolerancia con los gustos de los demás, para que cada miembro de la familia tenga asegurada su actividad favorita, aumentan las probabilidades de éxito, y sin agotar el presupuesto a los cuatro días.

1. ¿Qué hay cerca?

El calendario no da abasto con tantas
fiestas populares y cada vez más pueblos celebran el verano cultural con actividades para los menores.
Seguro que en un radio cómodo, de unos 40 kilómetros alrededor
de casa, hay mucha oferta que convierte la
excursión en un aliciente familiar: mercados medievales
con aves rapaces y tiro con arco, recreaciones
históricas que son como grandes fiestas de disfraces,
instalaciones hinchables y guerras de espuma.
Y un clásico al que es difícil que se resistan: los cines
de verano al aire libre o en ayuntamientos y asociaciones
culturales. También se puede improvisar una
sesión en casa con los amigos de los niños.

2. Si no vamos a la playa, traemos la playa a casa

El tradicional manguerazo en el
patio o el corral ha evolucionado, aunque sigue vigente
si no hay piscina cerca y los niños ruegan un
chapuzón los días más tórridos. Además de la goma
de regar y el grifo, se pueden añadir pistolas de agua,
pequeñas piscinas hinchables o gadgets para fabricar
pompas de jabón.

3. Vuelta a lo natural

Ya pasan bastantes horas
encerrados todo el año. Las ganas de campo
abierto son una buena oportunidad para educar. El tándem diversión-aprendizaje es óptimo
y existen múltiples opciones: talleres para
conocer especies animales y vegetales en su
propio hábitat; yincanas y parques de aventura
en bosques, centros de interpretación sobre
las características de cada entorno (o del
propio, a menudo poco conocido)… También
puede barajarse la observación de aves (en España
hay muchas zonas ZEPA, algunas incluso
urbanas, como Cáceres); granjas escuela para
aprender de dónde vienen la leche, los puerros
o los huevos; senderismo o ciclismo con trazados
y distancias asequibles (vías verdes, por
ejemplo); excursiones y playas fluviales entre
sotos… Si tiene un espacio natural protegido
cerca de casa, cómo no aprovecharlo.

4. Novedades sin ir muy lejos

No hay por qué hacer cientos de
kilómetros en coche para evitar
el fatídico “me aburro”, “¿cuánto falta?” o
“jo, no se me ocurre nada que
hacer”. Se trata
de ponerse en pie y explorar el
propio mundo que a menudo
damos por supuesto: un paseo
por un parque que hace tiempo
no se visita, un museo con
temática divertida tanto para
niños como abuelos (oficios
antiguos, tradiciones, naturaleza…)
o una escapada por
el monte para recoger frutos y
luego usarlos para llevar a la
práctica alguna receta (como
ensaladas o helados de fresa,
frambuesa y yogur). Si en su
municipio o en el de al lado hay
oficina de turismo, acérquese
con los niños para que descubran
otras facetas de su propia
zona, y que ellos elijan el plan
que les parezca más interesante.
Y no solo hay que ceñirse a los
monumentos; el viejo molino,
una antigua fábrica, la vivienda de un personaje popular o una casa de labor
también atesoran muchas historias.

5. Sabor de pueblo

Pueblos y paisajes. Esa oposición entre mar
y montaña a veces es bastante forzada. Este
país tiene más de 7.000 kilómetros de costa
y solo una provincia, Valladolid, carece de
cadena montañosa. Todas las demás tienen
sierra a una distancia cómoda. Incluso en la
estepa abundan pinares, encinares o dehesas. Y por supuesto, están los pueblos.
A los niños les encantan: les permiten
libertad, explorar… Existen docenas de listas,
como la de la Asociación de Los Pueblos Más
Bonitos de España
, y cientos, por no decir miles,
de localidades con arquitectura tradicional
y patrimonio artístico. A veces, encontrar
un enclave mágico es tan fácil como coger un
desvío improvisado en una autopista.

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