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La facilidad al dar a luz, ¿se hereda?

La facilidad o la dificultad de un parto no dependen de la herencia genética, sino de otros condicionantes

«Los partos de mi madre fueron muy rápidos y fáciles, ¿me ocurrirá a mí lo mismo?». Muchas madres primerizas, ante el desconcierto, e incluso «miedo», a una experiencia desconocida, intentan descubrir por medio de cualquier pista cómo se desarrollará su alumbramiento. Sin embargo, la mayoría de los factores que pueden determinar el modo, la dificultad o la facilidad para parir no están asociados a la herencia, sino a otros condicionantes independientes, como el entorno, la posición y el tamaño del bebé, la dilatación o, incluso, la preparación psicológica.

Imagen: Eric Lewis

No hay dos partos iguales

Los segundos y siguientes partos son más fáciles y cortos que los primeros

Predecir cómo se desarrollará el momento del alumbramiento no es una tarea fácil, ya que son numerosos los factores del bebé, la madre o del proceso de parto que influyen en el modo, la rapidez o la dificultad con que este transcurre. Esta premisa es aplicable tanto para mujeres distintas como para sucesivos partos de una misma gestante. En este caso, siempre que concurran circunstancias similares, los segundos y siguientes partos son más fáciles y cortos que los primeros, puesto que el canal de expulsión del bebé es más espacioso y ofrece menos resistencia, al tener la musculatura más laxa que en la primera ocasión.

En algunos casos se puede pensar que la herencia genética (es decir, cómo fueron los partos de la familia más cercana) es un factor predictor. Sin embargo, el único posible condicionante del parto que puede asociarse a la herencia está relacionado con la complexión de la madre y, en concreto, con las características de la pelvis heredadas (que sea más estrecha o más ancha).

El momento del parto, factores que pueden condicionarlo

Rafael Comino, catedrático de obstetricia y ginecología, señala en su manual 'Obstetricia y Ginecología', que en el mecanismo del parto hay que considerar tres elementos fundamentales de los cuales depende la evolución del mismo: motor del parto, objeto del parto y canal del parto.

1. Factores asociados al bebé

Las dos principales características del objeto del parto (el bebé) que pueden afectar al desarrollo del alumbramiento son su tamaño y su presentación en el momento del inicio del trabajo de parto:

  • La posición en la que se encuentra el bebé puede influir de forma significativa en su desarrollo. Una situación fetal longitudinal con presentación cefálica es la más idónea para el trabajo de parto, mientras que otras situaciones fetales, como la transversal o una presentación podálica (las extremidades inferiores en la parte más baja del canal del parto), pueden ralentizar el periodo expulsivo y provocar ciertas complicaciones.
  • El tamaño fetal es otro de los condicionantes que pueden incidir en el tipo de parto. Este factor está a su vez íntimamente relacionado con las dimensiones de la pelvis materna, de modo que cuando el bebé es más pequeño y la pelvis amplia, existen más posibilidades de un parto rápido, mientras que un bebé grande unido a una pelvis más estrecha puede hacer que el parto sea más laborioso.

2. Factores asociados al motor del parto

Las anomalías en las contracciones uterinas se relacionan con casi una cuarta parte de los partos y pueden afectar a su dinámica, aunque, al igual que en los casos anteriores, están asociadas a otros factores, como partos previos o el tamaño del bebé. Por otra parte, la duración de la dilatación puede estar condicionada por estas mismas circunstancias y por la edad de la madre.

3. Factores asociados al canal del parto

El pronóstico del parto puede estar asociado a las características del canal de parto materno. No obstante, una pelvis estrecha no implica de forma obligatoria un parto difícil o más lento; depende también de la resistencia del cuello del útero a la dilatación y de la eficacia de las contracciones uterinas, entre otros aspectos.

Influencia en el parto del estado físico y psicológico

Enfrentarse al momento del parto en un buen estado físico puede facilitarlo, siempre que el resto de condicionantes jueguen también a favor. Las futuras madres que realicen ejercicio moderado durante el embarazo -que incluya la tonificación del suelo pélvico- tendrán esta zona más fortalecida en el momento del parto, de modo que se favorecerá la expulsión del bebé.

Por otra parte, numerosos especialistas destacan que el estado anímico de la madre en el momento del parto puede influir en su desarrollo. Estar descansada y relajada, sin signos de ansiedad, hace más fácil y llevadero el alumbramiento, mientras que la tensión o el miedo influyen tanto en el dolor durante el parto, como en su duración.

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