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Tarjetas revolving

Su interés anual oscila entre el 11% y el 25%

Es probable que en poco tiempo las tarjetas revolving formen parte de nuestra cultura financiera. Se trata de un producto similar a las tarjetas de crédito tradicionales, pero se diferencian de éstas en el modo de pago: permiten el cobro aplazado mediante una cuota fija, como si de un préstamo se tratara y a diferencia de las de crédito, que cobran de una vez las cantidades adeudadas (generalmente a final de mes). Según la Adicae, asociación que agrupa a usuarios de banca y seguros, “en el fondo se trata de préstamos carísimos con intereses leoninos”. Otras asociaciones de usuarios corroborran esta opinión y sostienen que el uso de estas tarjetas puede elevar el riesgo de endeudamiento, pues en intereses este producto resulta mucho más costoso -hasta cuatro veces más, según la entidad bancaria que la emita- que un préstamo personal. A pesar de tratarse de un producto muy poco conocido, ya circulan en España más de 800.000 tarjetas revolving y las previsiones para los próximos años prevén un significativo aumento de esa cifra.

Créditos al consumo

La flexibilidad en los pagos -el usuario establece una cuota que algunas entidades permiten modificar en cualquier momento-, está haciendo más atractiva la tarjeta revolving. La mayoría se emiten de forma gratuita, en algunos casos están exentas de cuota anual y de comisión por indisponibilidad y ofrecen también una bonificación del 1% de las compras y el traspaso del saldo disponible de la tarjeta a la cuenta personal. Para conceder una revolving, las entidades exigen un contrato y las últimas nóminas. Algunas cajas y bancos tienen una tabla de puntuación en la que se determina el monto a prestar en función de si el cliente posee casa propia, tiene trabajo estable y dispone de cuenta bancaria. Aún así, suelen ser procesos muy rápidos.

“Por lo general las entidades dan facilidades enormes para la adquisición de estas tarjetas, lo cual puede agravar el riesgo de sobre endeudamiento. Por eso es importante valorar los pros y los contras porque aunque parezca que tienen ventajas, en el fondo se trata de préstamos carísimos con intereses leoninos”, señala Fernando Herrero, vicepresidente de Adicae, una asociación que agrupa a usuarios de banca y seguros. Al solicitar una tarjeta revolving esta asociación recomienda exigir el tipo de interés mensual y la TAE (Tasa Anual Equivalente, que incluye el interés que nos cobran más las comisiones y los gastos generados por el crédito) para poder calcular a qué tipo de préstamo nos estamos enfrentando. “Cuando nos ofrezcan un tipo de interés bajo no podemos fiarnos, pues el índice real es la TAE. Así podemos comparar con otras entidades”, asegura Herrero. Un crédito que supere el 12% de TAE ya se considera muy costoso, dado que en el mercado hay préstamos personales a partir de un 6,5%.

En general las tarjetas revolving facilitan la adquisición de productos y servicios para los que no se tiene dinero. Suelen utilizarse para compras extraordinarias, viajes, gastos inesperados como compras navideñas y el regreso al colegio y el ocio. Los créditos de las diferentes entidades oscilan entre 600 y 6.000 euros, aunque hay algunas que llegan a ofrecer créditos de hasta 30.000 euros. La diferencia básica con las tarjetas de crédito habituales es la forma de pago. El usuario puede volver a utilizar el crédito pero no en un plazo determinado, sino en la medida en la que se van pagando las cuotas. “Las tarjetas revolving y las tarjetas de crédito son productos similares. Lo que más las diferencia es la cuota fija que se paga por el revolving“, señala Fernando Móner, vicepresidente de la Confederación Española de Consumidores y Usuarios, Cecu.

“La diferencia básica es el nombre. A grandes rasgos se trata de productos parecidos. Una diferencia fundamental es que el revolving permite disponer de un dinero fijo. La tarjeta de crédito está más pensada para el día a día. El revolving, en cambio, suple al préstamo personal”, señala, por su parte, Fernando Herrero.

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